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Mostrando entradas de junio, 2012

Y metió la pata

Una de mis alumnas es una de esas niñas que todo el mundo querría adoptar. Yo la quiero adoptar. Y si su madre no me deja raptaré a la niña y me la llevaré a casa.

Y es que la niña además de ser linda, regordeta, lista y tener los ojillos más dulces de todo el cole resulta que está muy bien educada. Ojalá mis vástagos, si es que algún día tengo descendencia, estén tan bien educados como mi pequeña J.

Mi pequeña J es tolerante, cariñosa, sensible con el débil, fuerte de carácter, reflexiona antes de hablar... Yo quiero ser como ella.


Así que cuando su mami vino a recogerme las notas y empezamos a hablar de la niña salió pronto el tema de las lorcitas de X. Lorcitas que preocupan a X, y un poco menos a su mamá.

- Yo a tu hija la veo preciosa, pero a ella le está preocupando que no se puede poner cualquier ropita... Y que a veces se meten un poco con ella...

- Sí, yo hablo con ella y le digo que cada uno tiene un cuerpo diferente, que lo fundamental es estar sano, contento, ser feliz.…

Y ahora, ¿qué hago con mis hijos?

Tener un hijo no es algo que te haga la vida del revés. Te hace volverte malabarista.

Y es que eso antes no pasaba. En la generación de mis padres, lo habitual es que en casa estuviese mamá y ella se dedicase a hacer de todo, menos a trabajar fuera de casa a cambio de un salario.

Pero ahora, seamos brutalmente sinceros, hacen falta dos sueldos para vivir. O con un sueldo de esos que dice alguna gente que cobra... Pero eso es otra historia. Ahora las mamás deben, y quieren, trabajar fuera de casa, tener una carrera profesional (más o menos gratificante) y ganar sus pelillas. Pero, ¿Y el niño qué?

Conciliar. Esa gran palabra.

Para la mayoría de los papás y mamás con hijos en edad escolar las opciones son tres:

- Compatibilizar horarios papi y mami (uno trabaja de mañana, el otro de tarde, reducciones de jornada...).

- Recurrir a los abuelitos y las abuelitas.

- Hacer uso de los recursos que ofrecen los colegios de servicio de aula matinal, comedor y actividades extraescolares.

Y ahora…

Y entramos en la recta final

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La última semana del cole pasó. Y gracias a que el último día de clase coincidió con la tarde de la verbena tuve una excursa para disimular ante los nenes que, quizá, sea la última vez que estábamos juntos en clase.

Yo lloré de nuevo, de todas formas. Pero los niños no, que es lo que cuenta, porque lo último que me apetecía era repetir el drama del año pasado.


La verbena y los bailes que llevaba adelante mejor que bien, requetebien. Estoy muy muy orgullosa de mis niños y de esas veinte horas que hemos ensayado (las he contado) con un calor infernal. Que sí, que no es lo más importante del mundo, pero teniendo en cuenta lo mal que lo hacían en los primeros ensayos, que la coreografía no era precisamente sencilla y de cómo lo dieron todo
en la actuación ¡esto debería poder reflejarse en las notas!

Mención especial a las familias de mis alumnos, en especial a madres y hermanas que ejercieron de estilistas y contribuyeron a que los niños y las niñas estuvieran realmente espectaculares y …

De cómo para tirarte un farol tienes que tener la sartén por el mango

En todos los artículos que puedas leer en prensa especializada acerca de cómo afrontar los primeros días en un trabajo se encuentra la misma recomendación acerca de tener claras cuáles son las funciones.

Y para un maestro, dejando al margen ciertas tareas administrativas de cara al Centro educativo y a la administración, nuestro trabajo se centra en llevar para adelante una clase dignamente y enseñar lo que toque. A grandes rasgos, eso.

Pero, como en todos los trabajos, se termina haciendo una serie de extras que pueden ser más o menos agradables. En mi caso, uno de esos extras es el bailecito de la verbena de fin de curso. En ningún sitio pone que los maestros debamos ser coreógrafos expertos, ni que debamos tornar las horas de docencia pura y dura por esos bailes en el gimnasio u otro espacio dirigiendo a nuestra clase para una actuación digna de UPA Dance.

Pero, como en todos los trabajos, si hay que hacerse se hace. Y lo mejor posible.

Como a mi, en el fondo, me gusta más un bailo…

Recargando

El ritmo de trabajo en este último mes ha pasado a ser tal que apenas tengo tiempo de mucho ocio y, cuando lo tengo, la verdad es que lo que me apetece es simplemente dormir.

Mi clase de tiernos infantes de siete años se ha convertido gracias a la llegada del fin de curso y el calor en una horda de niños salvajes que tengo que mantener a raya, y con los que me ha resultado muy difícil trabajar algún contenido serio.

Danielito es más Danielito que nunca.

Me gano el pan con el sudor de mi frente ensayando los bailes de la verbena todos los días. Cuando superamos los treinta grados termino que da asco verme, porque soy una maestra que lo da todo, ¡Oh yeah!


Ya hemos comenzado además con las despedidas, y hemos hecho fiestecitas con fanta y chuches donde los alumnos más mayores me han regalado unas cartas preciosas que animan una barbaridad.


Ah, y la madre de una alumna me ha intentado hacer chantaje con una cosa y le he tenido que parar los pies porque me parece que la gente a veces se p…