La croqueta insolente
Anoche cené por ahí, unas tapitas; y como la mayoría eran frituras desde entonces arrastro un hermoso dolor de estómago. No he desayunado, aunque el ritmo de comidas en mi casa ha seguido igual que todos los días. Estaba yo quejándome a mi madre de lo malita que estaba (sufrir en silencio es absurdo) cuando ella, impasible a mis quejas, saca la masa de las croquetas que había puesto a enfriar en el frigorífico. - Argh, comida- Musité yo, y me fui compungida. Pero la masa de las croquetas me oyó y las croquetitas estuvieron el resto del tiempo riéndose de mi. Cada vez que mi madre hacía una croquetita ésta se partía de risa gritando que por fin habían vencido al Monstruo de las croquetas. Así que, dos pastillas de primperán y media botella de powerade más tarde, cuando bajé a intentar comerme la sopa con fideítos, ví a esas tres croquetas. Una de ellas, panza arriba, dorada y redondita, se secaba las lágrimas de la risa: ¡No me comes! ¡No me puedes comer!¡Pringadaaaa! Oye, y me sentó ta...