Alguien vendrá, que bueno te hará
Tengo una compañera en el trabajo, M, que dió a luz hace menos de un año. Una niña. Una monada, por las fotos. Esta chica, por lo que ella nos cuenta, tuvo un embarazo de esos de "para olvidar". Nueve meses tumbada sin moverse y comiendo sin parar para luchar contra las náuseas imposibles que venían cuando tenía el estómago vacío. ¿Resultado? Veinte kilos de más. Y todos en la tripa y las cartucheras. El otro día una compañera, I, aparece con una bolsa de la que saca un mono de punto de algodón. En un color topo y con una bonita caída. I- Esto, que se lo traigo a M, que me lo encargó. Yo, de espectadora. Pero L se va a por el mono. L- ¿Esto es para M? - Arquea una ceja- ¿Y qué talla es? - Sonríe al ver la M- Pues se va a poner uno de estos en cada pata, ¿no? Porque bien alimentada que está la señora. Desde el otro día, cuando pienso que soy cruel, me acuerdo del tono de voz de L y me reconcilio conmigo misma.