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Bienvenidos a mi guagua

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Os voy a contar una historia.

Hace tres años y casi dos meses, dos maestras repartían, en algún colegio rural del que no habréis oído hablar, un grupo de niños en tres clases.

A la clase A, se destinaron los niños con futuro prometedor, con padres con dinero y cierta posición. Ah, y un par de inmigrantes listos, por disimular.

En la clase B se reunieron niños con menos recursos, pero aun así brillantes, aseados y prometedores. Ah, y un par de inmigrantes listos, por disimular.

Quedaba la clase C, la de los despojos, los sobreros, los que no encajaban. La clase de la maestra que se dio de baja pronto. La de la maestra sustituta que se dio de baja, y vinieron varias más. Como habían sobrado muchos inmigrantes de la "operación disimulo", se formó un grupo que ni la ONU, ¡diversidad al poder!, ¿Qué más da? Ah, y un par de españoles buenos, por disimular.

Hace tres años y casi dos meses estaba yo empezando sexto acompañando en tutoría a uno de los mejores grupos de alumnos que he…

Mis alumnos me lo pegan todo

Mis alumnos me lo pegan todo. Y desgraciadamente no es una licencia literaria, ni tampoco una exageración propia de haber nacido andaluza. Es que mis alumnos me lo pegan todo y tanto es así que cuando algún virus entra en clase yo ya empiezo a, por si acaso, dejar trabajo adelantado sobre mi mesa por si tengo que ausentarme algún día. Lejos de acostumbrarme, mis defensas no se enteran de qué va el tema y cada vez lo llevo peor.

La semana pasada (la pasada a esta que termina), mi pequeña V, con su pelito de miel, me dice justo antes de salir al recreo:

- Me duele mucho la barriga, maestra.

- Pero, ¿dolor de hambre o dolor de estar malita?- Inquiero.

- De estar malita.

- Bueno, intenta no correr mucho y no comas. Si te vas encontrando peor me lo dices y llamamos a casa, que hoy vigilo recreo.

- Vale.


Veinte minutos más tarde la niña me dice que se encuentra fatal y desde mi móvil llamo a su madre. Le digo a la niña que vaya recogiendo sus cosas. Y tal como la pierdo de vista me viene ot…

Mis pantalones gamberros

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Después de este annus horribilis, este diciembre estoy volviendo a entrar en pantalones muy pequeñitos. De los que tienen lycra y cuando los ves en la tienda, mides la cintura, y compruebas que mide poco más de un palmo te haces un meme de esos contra la anorexia para rularlo por twitter y lo triunfas. Pero no, es la lycra. Pero íbamos a hablar de que vuelvo a tener el culete pequeño.

Por eso de mi tamaño menguante estoy renovando vaqueros. Porque algunos se me caen y me quedan ridículos de grandes y otros van por el mismo camino como pierda medio kilo más. Así que entré en el Lefties, porque he visto por Instagram que tienen diseños chulos. Como digo, entré en la tienda y me puse a mirar los vaqueros. En seguida dos modelos de ripped jeans me llamaron, unos en gris y unos en negro.

Los negros me han enamorado, oye. Con esos rotos grandes en la rodilla (con los 20 grados de máxima que estamos teniendo en pleno diciembre me han parecido una excelente opción), con esos botones de la ent…

El dolor miserere y otros apuntes de sabiduría

Desde el domingo 25 de octubre hasta el día de hoy he aprendido mucho; de verdad. Por eso me parece que debo compartirlo y hacer llegar esa sabiduría, en una lista de descubrimientos ordenados de forma cronológica, lo más lejos que pueda. Comencemos.


Del domingo 25 de octubre al lunes 26 de octubre.


- El cuerpo es tan sabio que resulta lógico pensar que si normalmente se tiene hambre, y esa sensación desaparece durante una semana, algo va mal.

- Hay domingos que empieza muy bien, pero pueden terminar fatal. Por ejemplo, puedes empezar comprando alguna revista de moda y acabar, esa misma noche, retorciéndote de dolor.

- Puede resultar que nos sintamos tan enfermos que no atinemos a avisar por teléfono a nadie.

- El tiempo se dilata o se contrae en función de lo que te duela algo. Si tienes fiebre y caes inconsciente la noche puede resultarte a la vez eterna y corta.

- Es posible avisar a tu jefe de que no vas a trabajar espetándole "No sé qué tengo, pero estoy muy mala, me voy al h…

El increíble caso del cerebro creciente

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¿De verdad te crees eso de "Quod natura non dat, Salamanca non presta"?

Pues es mentira.

Al menos, cuando contamos con un cerebro sano. Os voy a contar un secreto que sabemos los maestros: A veces se confunde un niño con altas capacidades intelectuales, con un niño bien estimulado. Y voy más allá, sabemos que un niño bien estimulado probablemente tendrá altas capacidades. ¿Qué por qué no os lo decimos? Porque la mayoría de las veces que decimos que debe usted estimular mejor a su hijo estamos comprando papeletas para, como mínimo, meternos en bronca (¿ME VAS A VENIR A DECIR CÓMO TENGO QUE TRATAR A MI HIJO?). Pero os prometo que se puede mejorar mucho el rendimiento intelectual solamente siguiendo unas pautas en la forma de relacionaros con él.

Hay mil y una publicaciones (que os recomiendo) acerca de la estimulación temprana. Sí, hay pautas para que desde el primer minuto de la vida de vuestro hijo veléis por su desarrollo físico e intelectual, pero a veces los libros se o…

Las cabritas valientes no temen a la lluvia

Yo me equivoqué de profesión. De pleno. Porque siempre tuve muy claro que lo mío era el periodismo. Me acuerdo, de pequeña, que escribía periódicos en casa con una Olivetti color celeste que pesaba un quintal, dando a las noticias de los acontecimientos familiares ese toque que aún hoy tengo. Y cuando llegó el momento de elegir profesión pues no luché por lo que de verdad me gustaba y pienso que se me hubiese dado bien. Pero seguí la corriente.

Sí. Me hubiese gustado contar cómo se desborda un río metida hasta las rodillas en agua, micrófono en mano. Sí, me hubiese gustado ser la que haga la pregunta incómoda en una rueda de prensa. La que escribe la columna de opinión del dominical. Esa me hubiera gustado ser.

Y soy maestra.

En mi clase hay una cabrita loca. Yo la llamo así y cuando se lo digo viene con un:

- Ven p'acá, cabrita loca, que me tienes harta- Y le doy un beso, y le digo que se siente y se porte bien. Y me hace caso una media hora.

El sobrenombre se lo puse una mañana …

Mi alumno, el raro

Todos conocemos a alguien que es muy raro.

- Ains, oye, Fulanito, qué raro es.- Decimos.

Pues bien, quizá os suene raro pero ese adulto raro que conocéis, de niño, era también un raro. Quiero decir, uno no es un niño normal, feliz de mancharse los pantalones tirándose al suelo en la plaza y sufre una metamorfosis durante la adolescencia que los convierte en el adulto raro que tenéis en la familia, o como compañero de trabajo. El raro nace, no se hace.

Y yo, señores, tengo un niño raro en mi clase.

Reflexionaba yo, idealizando, acerca de esto durante el verano pasado (verano que me he tirado poniéndome morena en la playa, bañándome en el mar y lamiendo mis heridas como he podido, mal que le pese a algunos), e intentaba autoconvencerme de que no hay niños raros, y tal.

Pues el diez de septiembre, cinco minutos antes de las nueve de la mañana, mi alumno vino a dejarme claro que el sobrenombre que le tengo puesto no es nada despectivo, sino justo y acertado. Para mi alivio, todo sea dich…