jueves, 27 de agosto de 2015

El clavo que sobresale siempre es amartillado

Se llamaba como una virgen mexicana porque su madre, angustiada durante el parto, se encomendó a esa figura que ni siquiera había tenido tradición familiar. Un vez acabado el parto, que parece que no fue sino un parto normal vivido por una primeriza, le puso a la niña el nombre de la virgen nunca antes nombrada dejando a toda la familia con la boca abierta.

Cuando yo la conocí tenía quince años, un pelo castaño que le llegaba por la cintura, el mejor conjunto de la colección de Mango de aquel año, y una personalidad arrolladora.

¿Cómo olvidar esta colección de ropa?
 
Recuerdo que me compré la misma falda que ella en cuanto pude pero que al enseñarla en casa mi padre me mandó directa a la tienda con la falda y cinco mil pesetas más en forma de soborno "para que te compres algo con más tela".

Mi amiga esta del insti, aunque no llegamos a ser íntimas, era guay. Lo guay que se puede ser a los quince, ya me entendéis, pero al menos destacaba por encima de esa masa de borreguitas que eran las niñas de segundo de BUP de mi insti. Mismo pelo, misma cara de boba, mismo pantalón vaquero.

Ella no vestía igual, no pensaba igual, y no actuaba igual. Era refrescante. Y no sacaba muy buenas notas. Así que sus padres la amenazaban constantemente con eso del internado.

Hasta se enamoró. Y fíjate que hasta en eso fue especial, porque no se enamoró del más guapo, ni del más listo, ni del más guay. Se enamoró y punto.

Así que un día a la enamorada se le echó la noche encima hablando en un banco en la calle.

- Te lo juro, tía, que solamente estuvimos ahí, hablando- Me decía, entre lágrimas, justo después de decirme que pensó que era tardísimo cuando el sol comenzó a salir de nuevo.

Ella no volvió de las vacaciones de semana santa, porque lo del internado fue verdad.

Así que no la volví a ver.

Bueno, quince años después, vi a una chica con su cara, y su pelo pero cortado, y empujando un carrito de bebé de esos clásicos. Esa chica iba vestida como todas las demás pijas, con esa horrible ropa beig, con esas estúpidas bailarinas que se ponen las pijas del mundo para justificar que corren detrás de unos hijos de los que en realidad pasan olímpicamente.

De vez en cuando me acuerdo de ella. De la chica que conocí con quince años y a la que no reconocí en su gemela de la media melena.

Y entonces pienso en mi, y en si alguien reconocería ahora a la que conoció, cuando la que tenía quince años era yo.

lunes, 24 de agosto de 2015

Grandes ventajas e inconvenientes de ser la última mujer del mundo en tener un hijo

Cuando mis hermanos decidieron tener hijos fue todo bastante guay. Mi primera sobrina me pilló con 16 años, y me parecía lo más parecido a un juguete cuquísimo pero vivo.

Cuando se me meaba encima también me parecía cuqui. A mi los críos me encantan.

Cuando se me agarró llorando histérica la primera vez que la llevé a la guardería y la maestra, monitora o lo que fuera me la arrancó de los brazos empecé a intuir que lo de los niños tiene un reverso oscuro horrible.

La última de mis amigas íntimas ha tenido un bebé, le ha puesto mi nombre y me tira pullitas cargadas de envidia de color verde haciendo referencia a mi verano loco de mujer sin hijos, esto es, playa sin horarios, cenas sin horarios, salidas sin horarios...

Cuando quedar con las amigas de siempre o la familia implica llevar a un menor de edad (mi sobrina mayor ya estudia en la universidad...) ves, desde esa sapiencia salomónica que da ver las cosas desde fuera, que tú lo tienes todo más que controlado.

Desventajas de ser la última de todo tu entorno en tener hijos

- Quedar con amigas se limita al horario infantil. Normalmente no me supone problema. A veces no me apetece adaptarme. Y a veces hay gente que no entiende que tú vayas por libre porque no tienes sus complicaciones.

- Ya te sabes todas esas cosas que pueden salir mal: Una cesárea con complicaciones, un parto vaginal horroroso (de verdad, ni necesito ni quiero tener todos los detalles), un hijo que no nace todo lo sano que esperas.

- Te cuentan todos los detalles. TODOS. Si su retoño ha cagado o no, el color, olor y aspecto de las deposiciones, y el tremendo tamaño de las almorranas que tienes en el último trimestre del embarazo. Voy a vomitar, gracias.

- Aterran los estragos físicos: Las cicatrices, las estrías, las mastitis, las grietas en el pezón... Y te lo enseñan, mira mira. O aún peor, te enseñan el vientre plano que se les ha quedado a los quince días de parir cuando tú aún luces el flotador que te dejaron los polvorones. Ojalátemueras.

- Aterran los estragos de personalidad. No, en serio. Mi amiga ya no se llama fulanita en el guasap, ahora se define como "madre de tal" ¿Dónde ha ido a parar mi amiga la que tenía esa personalidad tan guay? La anulación personal de alguna gente me deja pasmada.

- Si ya era chungo ver a esa pareja de amigos llamarse "cari" y "cuchi", verlos llamarse entre ellos "mamá" y "papá" deprime tanto que te entran ganas de llorar. En serio.

Aquí Lileth, alimentando a bebé prestado



Ventajas increíbles de ser la última en el mundo mundial en tener hijos

- La mejor, y por eso lo pongo en primer lugar, decirle a la cara a la que te mira con pena porque ella lleva tres y tú llevas cero eso de "ME HE LEVANTADO A LAS DOCE". Impagable. De los mejores momentos de mi vida ever.

- Me siento libre para disponer de mi tiempo. Y eso, señores, veo que es mucha libertad. A ver, que no se me entienda mal, tener hijos debe ser guay, pero por ahora disfruto mucho de esto. Y de dormir hasta las doce o la una también.

- Domino la cara de "ok" cuando alguien me habla durante un par de horas del proceso de comparación y selección del carrito del bebé. Y del método de esterilización de biberones (¿Pretendían tener un hijo-burbuja?), de las marcas de pañales... Y como aunque mucha cuenta no he echado pero algo siempre queda ya me lo sé todo todo y todo por si alguna vez me pongo manos a la obra.

- Cuento con algunas ventajas estupendas (achucho a bebés frecuentemente) sin contar con sus desventajas.

- Ya me sé todos los sitios chulos para vestir premamá.

- Si dejan un bebé a mi cargo lo disfruto mil (gracias, gracias, tú sabes quién eres), y no me importa que me poten, me den mala noche o me poposeen la bañera. No es mío, es una novedad y me parece adorable.

- Mis amigas me aconsejan acerca de todo eso que deberé saber llegado el momento.

- Ya sé que no iré a las clases de preparación al parto. Todo lo que tenga que saber, se lo preguntaré a mi equipo personal de expertos: mi madre y mi suegra.



Eso sí, gentes con hijos, vuestro estilo de vida no es el único feliz, ni el único válido. Así que no me miréis con pena.

Besis.

miércoles, 19 de agosto de 2015

El curioso mundo de las Youtubers (I): Las mujeres que odiaban el agua

Yo delante de una cámara hablándole al vacío me sentiría ridícula. Partamos de ahí. Diferente es tener en cuenta eso de hablar sola, esas medio broncas que me echo a las ocho en el ascensor cuando compruebo que he combinado la ropa como el culo.

Yo, hablando sola, me veo ridícula. Así que vaya por delante mi admiración a las chicas (como mis compañeras de ItHuelva) que son capaces de soltarle el rollo a la cámara, pasarse horas editando y luego subirlo a internet para que después todos nos creamos con el derecho de dar una opinión más o menos bienintencionada.

PERO.

Hace ya como ocho años (pasa el tiempo que da miedo), estuve trabajando en un pueblo que se me antojaba aislado, pequeño y retrógrado. Luego trabajé en otros sitios y puedo comparar, así que ahora solamente lo considero aislado y retrógrado. Como decía, en ese pueblo, me comentaban mis alumnas de secundaria que jamás de los jamases habían visto un pelo tan bonito y cuidado como el mío(nunca destaqué por mi melenaza), así que me pidieron el secreto.

- Pero algo tienes que hacer para tener así el pelo.
- Nada en especial, de verdad, lo lavo con el champú y luego me echo la mascarilla.
- ¿¿¡¡Mascarilla!!??
- Eeemm, sí. Mascarilla. De la barata. (Creo que la que encontré en la única tienda de aquel pueblo era de Fructis).
- Pero... ¿Cada cuánto?.
- Pues... Cada vez que me lavo el pelo, casi todos los días.
- ¿Qué casi todos los días te lavas el pelo?- Ojos súperabiertos- ¿Y te echas mascarilla todas las veces?- Ojos saliendo de sus órbitas.
- Sí.

Y sí. Salvo en esas épocas extrañas en las que mi pelo se vuelve raruno, necesita mascarilla diaria. O a mi me gusta. Oye, tan suave.

Hablábamos de Youtubers. Esa era mi intención.

Es que hasta hace poco parece que todos los vídeos acerca de productos de belleza iban de lo mismo, de esos champús en seco (marca Batiste) que mágicamente te evitan meterte debajo del purificador chorro de agua de la ducha.


http://www.bellezapura.com/2012/11/09/batiste-el-champu-seco-no-1-en-uk-conquista-mexico/


Así que las youtubers nos decían cosas como esta, enarbolando un bote de champú en seco:

- ¿Qué hacer cuando se te engrasan las raíces?

- ¡Lavarte!- Respondía yo, como cuando mi abuela le contestaba a la de las noticias de Canal Sur.


-¿Qué hago cuando el flequillo se me pone muy sucio?

- ¿Lavarte?- Respondía yo, esperanzada.


- ¿Qué hago para conseguir espaciar los lavados de pelo y lavarlo cada cinco o seis días?

- ¡Pero lávate!- gritaba yo, recostada en mi cama.


Así que me he pasado un tiempecito horrorizada por toda esa gente que hace norma de vida pasar por la ducha lo menos posible. Decidme que no soy la única

Y no, no me vengáis con eso de yo me ducho, pero no me mojo el pelo... El pelo coge olor. Y mucho. Y sí, si las raíces se engrasan el agua y el champú vienen genial. Probadlo, porque parece que para algunas es todo un descubrimiento.

Será una manía que tengo, que lavo las cosas cada vez que las noto sucias. Ni antes, ni después.



miércoles, 29 de julio de 2015

Agujeros de un jersey azul, que protege de la lluvia

Me enseñaste a conducir. Sentada en un cojín, asomando apenas la nariz por encima del volante. Pero metiendo marchas. Levantando el pie antes de entrar en las curvas y acelerando al salir de ellas.

Me apuntaste a una carrera ciclista, me pusiste el dorsal y me animaste a participar, aunque yo aún iba en triciclo.

Me enseñaste que en la vida hay buenos. Y malos. Y ni buenos ni malos. Y que en las guerras no gana nunca nadie. Y me terminabas perdonando cuando me portaba mal.

A que vivir en paz con uno mismo era lo mejor del mundo, independientemente de lo que pensase el resto.

Me enseñaste a adorar los sábados, los domingos. El jabón.

Los disfraces de carnaval.

Me animaste a tomar decisiones, incluso antes que hablar. A respetarme como persona. A que si algo me gusta pues me gusta y punto, y que le den a los demás.

A disfrutar de Sinatra. A que me pueden gustar cosas que a los demás no.

Me enseñaste que llevar sombrero es guay.

Me enseñaste que un esfuerzo detrás de otro consigue cosas. Y que quejarse un ratito está bien, si se queda en un ratito.

Que la gente tóxica existe y que si eso ocurre lo mejor es pasar del tema y no tragar veneno. Porque no sé lo que fuiste para otros, solamente me importaba el tú y el yo.

Me obligaste a montar en bici sin los ruedines, pese a que lloré a gritos del miedo.

Me montaste una cabaña en el campo, con ramas. Y otra en el salón, con mantas.

Me enseñaste que no hay que ser madre o padre para querer sin condiciones. A necesitar poco. A dar mucho.

Me decías que soñar era posible, y divertido. Vivir en un ático con piscina (sigo soñando con eso), cambiarme de vestido mil veces el día de la comunión o de la boda. Reir imaginando.

Y que yo sabía que las multitudes nos sobraban. A los dos. Porque ya no había nada más en los sábados y domingos de tú y yo.


Me comprabas cajas de colores, y me mirabas cuando la abría enseguida para oler la madera. Aún lo hago.

Y mi primer walkman. Sony. Porque Sony molaba.

Aprendí que si llueve y te coge sin paraguas siempre puedes comprar otro.

Me animaste a hacer mi vida. Y te gustó que volase. Y te gustaba saber que volaba.

Y empezaste a advertirme que ya eras viejo. Y aunque lo veía no me lo creí.

Te pasaste 37 años a mi lado y me decías que no eras eterno. Nunca me hablaste con dobleces. Pero no te creí.

Y ahora, a la fuerza y por sorpresa, me estás enseñando a vivir sin ti.

Y no me sale.  No aprendo y no,quiero aprender.

Y no quiero que me salga. No te imaginas lo que te estoy echando de menos.
Ni mijita que te imaginas.

Mes y medio sin ti. Porque me has dejado huèrfana de modo que nadie comprende.

Pero tu teléfono en mi agenda, sigue estando.  A ver si un día haces magia y consigues llamarme, desde el otro lado.




Haz magia. Y vuelve. Por favor. Te quiero.


miércoles, 4 de marzo de 2015

Marica

No recuerdo el momento en el que supe que me gustaban los chicos. Qué gran revelación. Desde entonces lo he tenido clarísimo. Me gustan los hombres aunque oye, no todos.

Con el tiempo supe que eso se llamaba ser heterosexual y que, en mi sociedad, eso era lo mismo que nacer con una flor en el culo. Correcto, deseable, esperable. Una bicoca.

Y, a veces, además de gustarme los chicos también hablo por los codos. Con esa verborrea que luego me hace pensar eso de "oye, me he pasado, soy una plasta". Pero mira, qué cosas. Que no se elige cómo se nace.


Este año, mi clase de angelitos traviesos tiene un par de elementos de esos que metía en el maletero del coche para llevármelos a casa. Uno de ellos, mi pequeño P, habla por los codos. Y sí, tengo a compañeros que eso les molesta, pero yo voy a P, le digo que es un bicho, que deje descanso a la lengua, que le voy a pegar un bocao que lo dejo sin nariz y a ver cómo le explicamos eso a la madre, y que porfi, que intente estar callado, que voy a explicar las divisiones. Y él se echa una cremallerita imaginaria en su boca y dura un ratito en plan bueno.


Mi P, además de ser una radio andante, es un buen amigo. Siempre tiene consuelo para el compañero que llora, la que pierde la goma, el que no trae el lápiz y el que mete la pata. Y cuando es la maestra la que le presta un boli, P me lo agradece con una sonrisa de viejo desdentado, y un abrazo gratis. Sin aspavientos.

El otro día, con un compañero maestro, o una compañera (¿Qué más da eso?) hablo acerca de P. Que no se calla, lo sé, que no para quieto, lo sé. Y mi colega me coge de sorpresa.

- P, ese niño... Es marica, ¿no?
- ¿Eh?- Respondo, noqueada.
- Que digo que el niño es marica, ¿o tú cómo lo ves que es?
- Ah, pues... Simpático. Yo lo veo simpático.



Por ahora, como maestra, voy a cuidar de que P siga dando cariño igual de bien que hasta ahora. En quién deposite sus afectos cuando sea adulto... Pues me da tres leches. Seguro que a vosotros también.

Yo

Yo...
Lloro con el final de Pocahontas. Mucho. Desconsoladamente.
Tengo una memoria terriblemente buena para el dolor; no es que no perdone, es que lo que me hiciste sigue ahí.
Me enamoré hace diecisiete años, y ahí sigo.
Necesito estar sola, con demasiada frecuencia.
Disfruto de estar sola.
Amo a mis sobrinos. No todos carnales, todos under my skin.
Siento que en la vida hago las cosas a destiempo.
Suelo tener pesadillas. Casi todos los días. La última fue de fantasmas.
Disfruto con una tormenta. Disfruto con la lluvia.
Intentó respetar, cada día más, cada día mejor. Y llevo fatal que no me respeten.
Me planteo qué hubiera sido de mi vida si hubiese seguido mi verdadera vocación.
Difícilmente te voy a contar lo que me preocupa.
Soy querida.
Odió el flamenqueo, la Semana Santa, las romerías, ir al Rocío a hacer el parípé. Soy una Andaluza de libro.
Florezco en primavera.
Canto en la ducha.
Odio los días de invierno soleados.
Soy tenaz. Mucho. Demasiado.
Me como la nocilla a cucharadas.
Todos los días recuerdo lo que sueño.
Soy feliz ayudando.
No suelo pedir ayuda.
Pienso que Peppa Pig es la mejor serie de dibus. Todo es tan cuqui, en Peppa pig...
Nunca quise ser maestra.
Necesito dormir muchas horas.
Me río a carcajadas.
Tengo una vena gamberra.


He vuelto. Y quiero quedarme.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Mierda de lunes, lunes de mierda


Lo peor que llevo este curso son las tutorías con los padres. Palabrita. Algo que siempre me ha emocionado este año me estresa, me agobia y me da una sensación de pérdida de tiempo que se me traduce en una mala ostia los lunes de antología.

Y es que no puede ser que, por norma, eche tres cuartos de hora fuera de mi horario para atender tonterías. Sí, señores, tonterías.

Que quien me conoce como profesional sabe que computo horas a la semana en atención a los padres, fuera de mi horario. Vaya, que si un niño ha tosido más de la cuenta me paro a la salida y el padre va a casa sabiendo que el niño ha pasado mal la semana. Que si he detectado el martes que el niño lleva fatal la resta y hay que reforzar en casa lo digo a las dos, sobre la marcha, en vez de citar a tutoría para el lunes siguiente (cuando el nene, a lo peor, ya se me ha descolgado irremediablemente del tema resta).

Pero lo que vivo los lunes es surrealista.

A principios de curso detecto que mis alumnos eso de controlar el trazo con el lápiz… De pena, vaya. Sí, con ocho años. Sí, el trazo con el lápiz, y la fuerza con lo que aprietan. Entonces se me presentan dos opciones: o los pongo a hacer caligrafía de la antigua o me busco algún método más molongui, así que mis nenes terminan coloreando unas láminas estupendas.
Y me viene una madre, un lunes, y me pregunta:
- Mira, y lo de colorear... ¿Es necesario?
- Pues mire, sí que es necesario, porque no controlan los trazos que dan con el lápiz, si lo hacen fuerte, flojo...
- Ah, y... ¿eso es importante?
- Pues controlar las manos... usted verá.
- Ya y mi nena va mal en lectura.
- Sí, lee fatal la niña, sí.
- ¿Y cómo puedo reforzarla en casa?
- Pues leyendo con ella, dándole revistas, tebeos... ¿lee la niña en casa?
- No, no lee, ¿Le vendría bien?
- Lo más seguro, sí.
 
Y aún así, ni idea tenía yo de la que se me venía encima.
Otro lunes, cuando llego a mi clase de la reunión que he tenido, me encuentro con una ristra de padres que me espera. Quizá que en el otro curso, donde doy una asignatura, haya repartido suspensos es la razón de este interés por mi persona.
- Eh... Hola, ¿Os he citado?
- No, pero hemos venido a ver si nos puedes atender. Soy la madre de fulanito, que tú le das tal cosa.
- Ah, ok, pues... - Miro a esos padres que me esperan, diciendo adiós a llegar a casa a una hora medianamente decente.
Los siguientes tres cuartos de hora los empleo en explicar a esos padres preocupados de que lo mismo, a lo mejor, ¿eh?, que yo también tengo unas cosas... De que lo mismo, decía, la solución a los suspensos es estudiar más.
Pues los últimos padres en turno de entrada me responden al "Buenas tardes, ¿Qué tal están?" hechos unos fieras porque los he tenido esperando y no sólo eso, sino que además han esperado de pie. Gran delito.
Reconozco que soy una gran amante del humor absurdo siempre y cuando no sea en la vida real, porque me desconcierta.
 
Una de mis tutorías, solicitada por los progenitores con semanas de antelación comienza con estos comentarios:
- Estamos muy preocupados por los resultados... No estamos acostumbrados a estas notas... Nos preocupa el fracaso escolar... El niño está muy deprimido...
Como no me cuadra con lo que creo saber del niño, miro disimuladamente las notas del crío: 8.5, 9, 9,5, 10, 10, 7, 9,5...
- A ver, perdonad... ¿Estamos hablando de fulanito?
- Sí.
- ¿Fulanito de tal, cuyas notas son 8.5, 9, 10, 9,5, 10, 10, 7, 9,5?
- Sí.
 
Os juro, sobre la biografía de Ives Saint Laurent, que contemplo la idea de echar a patadas a esos dos de mi clase.
- ¿Me estáis diciendo que os preocupan esas notas? Pues yo quiero tener vuestra vida regalada, para tener esas mismas preocupaciones.
 
A veces, sobre todo los lunes, odio mi trabajo.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿A que te meto?

Reconozco que lo mío no es normal. A que no creo que sea normal pirarse tanto con un libro que te seques en el pelo con los ojos pegados a él. A las siete y media de la mañana. ¿Ah, ¿Que sí que os parece normal? Entonces vale, porque me vais a comprender.

En clase de inglés hemos estado hablando de libros. No de literatura. De libros.

El profe, enrolladete, nos pone a hablar por grupos siguiendo un guión preestablecido.

- ¿Cuál es tu género literario favorito?
- La novela romántica- Me responde mi compañera. Pienso que mal vamos.
- ¿Cuál es tu libro favorito?
- Cincuenta sombras de Grey.- Zas. Toma.

Me preguntan mis compañeras de grupo que si lo conozco, que es muy bueno, me dicen, porque lo ha leído mucha gente. Intento ser condescendiente y digo que el género de los spicy books no es lo mío (si me sacan de Navokob, o de Henry Miller...) y que sí que leí el primero porque me gusta opinar de forma fundamentada, que me pareció una novela pueril, mal escrita y con un vocabulario escaso y repetitivo.

Cuando hacemos la puesta en común, mi marido y yo (vamos juntos a clase) intercambiamos miradas significativas. Él no es un gran lector (pero aprecia la calidad) y sabe que no soy capaz de vivir sin un libro entre manos.

Después de que alguien se defina como amante de la lectura leyendo cuatro libros al año, el profe sigue intentando que trabajemos la expresión oral.

- ¿Cuál es tu autor preferido?- Inmediatamente me pongo a pensar si yo respondería que Delibes, o García Márquez o...
- Tolkien- responde un treintañero con camiseta negra.
- Ah, ¿Sí? ¿Qué libros te has leído de él?- pregunta el teacher esperanzado.
- Ninguno.

- Pero me he visto las pelis.


Os juro, OS JURO, que le hubiese abofeteado allí mismo

jueves, 11 de septiembre de 2014

Hoy es once de septiembre

En mi clase de este año hay veintinueve niños de entre siete años y medio y ocho. Veintinueve. Gracias, Wert, me cago en tu madre.

Tener a una clase con tanto niño tiene muchas ventajas:

- Paseo tanto atendiendo a niños que voy a bajar un par de kilos sin darme cuenta.

- Mi alumna especial, esa que necesitaría mucha atención, se va a adaptar pronto al mundo real, donde somos ignorados, en el mejor de los casos, tanto por la autoridad como por los dirigentes. Gracias, Wert, me cago en tu madre.

- Voy a aumentar mis defensas mucho. Los peques son besucones. Y la maestra también.

- A un ritmo de tropecientas anécdotas al día, el material para el blog va a ser abundante y de calidad.


Hoy he puesto en la pizarra la fecha.

Jueves, 11 de septiembre de 2014

- Hoy es un día "histórico" importante, once de septiembre... ¿A alguien le suena la fecha?

Miro a veintinueve caritas, algunas mofletudas, que se encogen de hombros, me sacan el labio inferior o pasan de mi mientras juegan con su goma voladora.

- Es el cumple de mami- responde una con unas sandalias de leopardo divinas.
- Sí, pero no... Once de septiembre... A ver, dime- Le pregunto a uno rubito que ha atinado a levantar la mano.
- A mi me suena a que es una fecha en que se murió alguien importante, no sé quién.
- Pues casi aciertas. Hace unos años, dos países estaban enfadados porque unos rezaban a una cosa, otros a otra... Y uno de los enfadados robó unos aviones y los estrelló contra unos edificios muy altos de la ciudad de Nueva York.- Ahí, Lileth, simplista y apolítica.

Varias boquitas se abren.

Y salta el hijo de la lógica.

- Pero... Teledirigidos, ¿no?
- No, eran aviones de verdad, de los de viajar la gente dentro. Los enfadados estaban de pilotos.
- Pero... Saltaron en paracaídas antes, ¿No?
- No, se estrellaron con el avión.
- ¿Y se murieron?
- Pues sí.
- Pero sin querer, ¿no?
- No, no, ellos querían estrellarse, lo hicieron "aposta".

Silencio. Unos siguen jugando con la goma voladora. Los demás se miran. Mi pensador rubio saca sus conclusiones.

- Pues a mi me parece... A mi me parece que más que enfadados estaban locos.
- ¡Yo también creo que estaban locos!
- ¡Y yo!
- ¡Y yo!
- ¡Yo también!


Y yo.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Haciendo amigos: Primer día de cole

Tengo la lengua larga como la suela de un zapato, como un matasuegras findeañero, como un lunes de septiembre. A ver quién me mandaría a mi dejar de lado mi naturaleza antisocial y hacerme la agradable con una nueva compañera. Espero que se le olvide el incidente. O que me perdone.

Este año somos muchos maestros en mi cole. Más que el año pasado, que ya es decir.

Un compañero, que estaba conmigo en la Universidad, me presenta a una de las nuevas chicas. Mona, agradable, simpática... Me cuenta que ha dejado a su nene con la suegra.

- Ah, ¿Qué tiempo tiene?
- Casi tres años. ¿Tienes hijos?
- Mmm no, no... Aún no me he puesto a ello.
- Bueno, mujer, tienes tiempo.
- Bueno, no tanto, con la edad no me puedo columpiar, ya sabes...
- Sí, perfectamente, yo me quiero poner a por otro ya, que el tiempo se me pasa...
- ¿Ves? Claro, si ya me entiendes... Como somos más o menos de la misma quinta...
- Claro, tenemos más o menos la misma edad. ¿Qué edad tienes tú? Yo 29, hago 30 en unos meses.
-...
- ¿No?
- Ehhh, jeje, no, jeje... Yo acabo de cumplir 37. -Zas, acabo de confesarle a mi nueva compañera que le acabo de echar casi diez años más.
- ...
- Sí, jeje, buena genética ya sabes.
-...
- Esto... Voy a saludar a O, ¿Vale? Ahora te veo.

Creo que me he ganado una enemiga.

Moraleja: Más protección solar, gente, más protección solar. Las manchas en la piel avejentan cosa mala. Y el moreno marrón acartonao más.

viernes, 1 de agosto de 2014

De lo que me vine a enterar

Érase una vez un niño que quería ser camarero. Quería atender a la gente en las mesas, cuando se toma uno algo al caer la tarde en verano. Poner una Fanta, una caña, y a lo mejor unas bravas. Llevar un pantalón negro y una camisa blanca.

Eso es lo que pedía el niño a la vida.

Los padres del niño querían que estudiase.

Para tener un futuro, decían.

Así que estaban muy contentos cada vez que la maestra le daba sus notas, esas de todo notable, y algún sobresaliente. Esas notas que prometían un camarero, ingeniero, maestro o astronauta.

Con las calores de junio me entero que el aprendiz de camarero se va a pasar el verano en pueblitobueno, y su madre me dice que sí... Mirando por la ventana me dicen que van a cerrar la casa. El futuro camarero me ha hablado del cachito de tierra de sus padres, herencia de un tío abuelo humilde, con una chabolita y un huertito donde nacen unas berenjenas que quitan el sentido.


Los fríos de este julio atípico me arropan de noche mientras cotilleo por twitter, y me llega de rebote una noticia con foto. Los padres de mi camarero, por lo que les adeuda su empresa, se van a la calle. Sin casa, debajo de un puente. Y supongo que el camarero con ellos.

Y a ver cómo duermo yo ahora. Y ellos. A ver cómo duermen, para soñar que se es camarero.

miércoles, 25 de junio de 2014

¿Qué inútil hace las entrevistas de personal?

Érase una vez una tienda famosa en Huelva por la mala atención al cliente de sus dueños. Suerte que los productos se vendían solos.

Esa cadena de comercios decidió montar una sucursal, no una franquicia, que se fue a pique por varias razones, entre ellas el caos que llegó a suponer entrar en esa tienda desordenada (Demasiado grande, poco personal, personal muy vago) y siempre caótica. El producto, sin embargo, se vendía solo.

Hace unos días fui con una amiga a conocer la nueva tienda de esta cadena en Huelva. Pequeña, angosta, con poco producto expuesto (y mira que si lo ves se vende solo).

Esperando en la caja para pagar, la clienta que va delante nuestra pregunta:

- ¿Qué día comienzan las rebajas?

A lo que una empleada mal arreglada, de mediana edad y con expresión de chupar limones responde:

- Eso si hay, ¿no?


Con la de gente capacitada que hay en las listas del paro. Con la de gente que hay.

martes, 24 de junio de 2014

Mirando atrás

Ahora que voy llegando al final y echo la vista atrás me doy cuenta de que he tenido uno de los cursos académicos más intensos de mi vida. Tanto como alumna como en mi papel de docente. Hoy es mi primer día de trabajo sin chicos y al ver la clase tan vacía he recordado las risas que me he echado con ellos, los momentos de duro trabajo (que aseguro que han sido muchos) y esas veces en las que he tenido que sacar el látigo para domarlos.

Pero mi misión esta conseguida. La totalidad de mis chicos se va al instituto, inicia una etapa nueva y deja atrás una parte importante de la infancia. Ellos han llorado muchísimo, pero a mi me gusta pensar que es bueno seguir el curso natural de la vida. Es lo deseable.

Ha sido un curso especial. Yo, que nunca quise hablar de la crisis al comienzo, veo cómo me limita mi vida personal y profesional. La mía y la de mis alumnos. Y eso se ha ido agudizando con el paso de los meses. Se ha agudizado el hambre, el ingenio, la miseria que no se ve a simple vista.

He agudizado la creatividad (a veces he pensado que hasta la cutrez) para no tener que pedir casi ningún dinero a las familias. -Por favor- me rogaba una madre- no pidas ni para un libro, que no nos da para comer-. ¿La plástica? Con lo que hemos ido encontrando por casa, y dando gracias. La fiesta de graduación con disfraces improvisados buscando entre las prendas horrendas que todos guardamos por casa. Para esto no preparaban en la carrera, qué genios los que te dicen que se pueden hacer maravillosos experimentos de ciencias. ¿Y con qué?

Tampoco programes una excursión, porque a partir de un coste de cuatro o cinco euros se te empiezan a descolgar niños... Y tampoco es plan. ¿Dónde llevas a los niños a aprender algo que esté tremendamente cerca y además sea gratis?

He visto chavalillos que no han traído nada durante meses para comer a media mañana. He visto niños con mangas a cuatro dedos de la muñeca en pleno invierno... Y he visto madres hacer cola durante doce horas para coger un cheque regalo en la apertura del Primark. Casi todo el calzado que han estrenado mis alumnos desde diciembre ha sido de ahí.

El colegio ha tenido unos recursos irrisorios. Mi aula, de esas modernas con ordenador y pizarra digital, tiene todo estropeado desde mediados de enero. Que avisados están los técnicos, dicen. Los libros "gratuitos" del alumnado, seis años de uso a sus espaldas, más lo que tardasen en editar el libro... Que España es una de las mayores potencias de Europa, ponía. Que teníamos un alto nivel de desarrollo, ponía... Y nos dio la risa.

No hemos tenido ningún tipo de material fungible. Ni celo, ni cuadernos, ni gomas, ni bolis, ni tipex, ni... Ni. Lo que sí hemos tenido es un equipo directivo muy preocupado rogándonos que hiciésemos el menor gasto posible de todo.

Ah, y no trabajo en un barrio marginal, sino en una ciudad-dormitorio. Ahí es nada.

Y cuando termino de echar la vista atrás y echo la vista al frente... ¿Y ahora qué?

miércoles, 21 de mayo de 2014

El concepto de vejez

Mis alumnos, de once años, tienen un concepto peculiar de la vejez. Vieja es aquella persona que parece vieja. Punto.

Pese a que ya estoy teniendo esos momentos mentales de despiste tremendo que me llamaban tanto la atención en mis profesoras, mis alumnos aún no me consideran vieja. Lo suficiente para tenerme algo de respeto y punto. Me reconforta pensar en eso cada vez que mi madre me recuerda, al mandarle un artístico selfie vía guasap, que se me está arrugando el cuello. Ni con los filtros de la Isasaweis se le escapa a la tía, menudo ojo.

Este curso, antes de que la pizarra digital de miles de euros se me fuera al peo, estuve trabajando con los chavales a Goya. Sin censuras; incluso la serie negra.

Como el cotilleo mola mucho a la sección de alumnado que se traga todas las tardes el Sálvame, comenté el supuesto affaire de Goya y la Duquesa de Alba, hasta que me veo a una que me está poniendo una tremenda cara de susto.

- Dime- le digo a la chiquilla espantada.
-  ¿La Duquesa de Alba?, ¿Nuestra Duquesa de Alba?
- ¡No, mujer! ¿Cómo va a ser la Duquesa de ahora? ¡Era por lo menos la tatarabuela de la de ahora! ¿Cómo se te ocurre eso?
- Es que... la veo tan vieja...

lunes, 16 de diciembre de 2013

Cualquier día me parten la cara

Tengo una amiga a la que veo muy poco. Pero es amiga de esa que te llama y lloráis juntas contando las penas. Ese es el nivel.

Comparto con mi amiga la desgracia de contar con una lengua viperina que, en ocasiones, va por otro lado aparte de lo que el sentido común dicta.

Tal es así que una de sus frases es:

- Lileth, cualquier día voy a soltar una que me van a partir la cara.

Pues hoy, entegando las notas en el cole la he tenido todo el rato en mente porque, además de que mi amiga también estaba hoy repartiendo notas a un colegio a muchos kilómetros de distancia, he pensado que un día de estos alguien va a tomarse a mal lo que le suelte y me va a partir la cara.

En mi cole se intentan hacer las cosas bien. Y mandamos nota a papi y mami para que sepan todo lo concerniente a lo que les interesa del cole. Por ejemplo, hace una semana justa se repartió un papelito donde se decía que hoy, de tal a tal hora, vamos a repartir suspensos como panes (las notas).

Además de eso, teniendo en cuenta que sé que algunos de mis papis y mamis trabajan a turnos, hace dos semana los nenes apuntaron en su agenda que hoy, de tal a tal hora, se reparten suspensos como panes.

Pues bien. Hoy, repito, HOY, me vienen como cuatro niños diciéndome que dice su madre que de tal hora a tal hora que no pueden. Que si puede ser antes (manda cojones).

- Que dice mi madre que a ella le viene bien a las tres y cuarto.
- Ya, cuando te recoge a ti del comedor.
- Claro.
- Pues dile que sí, que se venga a las tres y cuarto y me traiga un tupper con la comida... ¡Porque las maestras comemos! ¿Sabes? ¿O es que se cree tu madre que las maestras nacemos por las mañanas del parterre de la puerta?

Los niños, que ya me conocen, se parten.

Ante tantas peticiones digo que empiezo a repartir notas veinte minutos antes de la hora prevista. Y comienzo la mañana.

A las dos menos cinco, antes de tocar el timbre, se abre una de las puertas de la clase y me entra una madre. Tal cual. Con dos cojones.

Y con dos cojones la corto, la hago salir y le digo que se espere. Luego me quejo del hijo, que bastante debe tener.

- Que mira, que a las cuatro no puedo, que entro a trabajar.
- Ah, ¿estás trabajando? No lo sabía (mentira que es, os lo digo yo).
- Sí, y lo de las notas... Que es que el niño me lo dijo anoche.
- Ya, pues avisamos hace una semana por papel y hace dos por agenda.
- Uish, es que yo no le miro estas cosas.
- Ya me he dado cuenta.
- Ya, y las notas...
- Toma que te las de y santas pascuas.

(Se las doy en mano y le digo que la única queja es que el niño no trae jamás de los jamases los deberes hechos)

- ¿Cóoooooomo? Pues yo no me he enterado.
- Ya, si no miras la agenda, ni me coges el teléfono... Porque desde septiembre te he citado a tutoría cuatro veces. Y el niño ha llevado al menos una notita a la semana por la falta continuada de deberes.
- Vaya, es que por las tardes está con su padre y si él no mira la agenda...
- Pues mírasela tú, que el niño es de los dos.

Al final, ¿quién se llevó la bronca? El niño, claro.


Vuelvo al colegio a las tres y media de la tarde. Comenzábamos a las cuatro y me encuentro con que eso parece un servicio de urgencias en Nochebuena.

Me entra un padre, que tiene a su hijo igual que si lo hubiese abandonado. El chaval tiene una mente privilegiada y saca notazas.

- Ah, mira qué bien- Me dice la alegría de la huerta.- Porque la verdad es que no estoy mucho encima.
- No, si eso ya se nota.

Cualquier día me parten la cara.

Me entra una señora famosa por su morro torero, por su caradura, por lo pesada que es...El año pasado se hizo la tonta y cuando la mami responsable hizo recuento resultó que esta chica no había pagado veinte eurillos que habíamos puesto de cooperativa para los materiales de plástica y demás. Conseguimos que los pagase en este curso. En octubre.

- Mira, yo antes que nada te quería comentar una cosa.
- Dime.
- Que es que mi niña se ha quedado muy parada cuando no le habéis dado X cosa de lo de la cooperativa. Y mi niña se ha sentido súper mal, ¿sabes? y yo quería saber qué ha pasado porque no me ha parecido bien.
- Ains, es que eso lo repartió fulanita, espera que mire el listado... Uish, es que no me consta aquí que le hayáis pagado a la mami responsable.
- Lo hice.
- Pues se le habrá pasado apuntarte, ¿Cuándo fue?
- Hija, de lo que me llamaste, los veinte euros.
- Emmm, es que eso era de lo del año pasado, lo de este año no.
- Pero como lo he pagado este año...
- Con tu pago y el remanente del año pasado se ha comprado TODO el material para comenzar este año. Que si no nos plantábamos en noviembre sin materiales de plástica.
- Pues eso, que ya pagué este año.
- No, tú has pagado lo del año pasado este año, ¿o tu niña no tuvo materiales el año pasado? Claaaaro, porque los demás sí que lo habían pagado.
- Ya, es que ¿sabes? que ahora me quedo en paro...
- Mujer, eso es otra cosa, pero no me digas que has pagado una cosa que no, que me parece muy fuerte que me vengas pidiendo explicaciones de que a tu hija no se le ha dado el material X...  El material X vale 23 euros, así que negocio redondo que hubiera sido.

Cualquier día me parten la cara.

Y luego me vino la madre que parece que te quiere contar algo... Pero da rodeos, da rodeos, da rodeos... Hasta que le tengo que soltar:

- Bueno, que ya se lo he dicho, que todo sobres y notables, que la niña muy buena, que me deje pasar al siguiente que yo a las seis me marcho y como no tenga repartido todo voy a tener que dar las notas tirándolas al aire, como los Reyes Magos con los caramelos en la cabalgata, haga el favor...

A esto me entra un señor, sonriente, se viene directo hacia mi, me agarra por los brazos y me planta dos besos.

- Emmm, ¿Le conozco?
- No, no... Soy el padre de fulanito.
- Ah, qué susto, creí que era un acosador.

Cualquier día me parten la cara.

La última mami (inserten aquí veintitantas familias agradables y amables que son la verdadera tónica de mi clase) me deja patidifusa con su petición:

- ¿Le puedo dejar a mi hijo en la pizarra un mensaje escrito para que lo vea mañana?
- Emmm... ¿Vale?

Y va y lo escribe. Yo le corrijo una falta de ortografía.

Cualquier día, van y me parten la cara.