sábado, 30 de abril de 2016

Mis alumnos me lo pegan todo

Mis alumnos me lo pegan todo. Y desgraciadamente no es una licencia literaria, ni tampoco una exageración propia de haber nacido andaluza. Es que mis alumnos me lo pegan todo y tanto es así que cuando algún virus entra en clase yo ya empiezo a, por si acaso, dejar trabajo adelantado sobre mi mesa por si tengo que ausentarme algún día. Lejos de acostumbrarme, mis defensas no se enteran de qué va el tema y cada vez lo llevo peor.

La semana pasada (la pasada a esta que termina), mi pequeña V, con su pelito de miel, me dice justo antes de salir al recreo:

- Me duele mucho la barriga, maestra.

- Pero, ¿dolor de hambre o dolor de estar malita?- Inquiero.

- De estar malita.

- Bueno, intenta no correr mucho y no comas. Si te vas encontrando peor me lo dices y llamamos a casa, que hoy vigilo recreo.

- Vale.


Veinte minutos más tarde la niña me dice que se encuentra fatal y desde mi móvil llamo a su madre. Le digo a la niña que vaya recogiendo sus cosas. Y tal como la pierdo de vista me viene otro alumno a decirme que V ha vomitado en la clase, así que corro descompuesta y preparándome para lo peor escaleras arriba.

Mi pequeña V llora asustada y desconsolada. Una plasta rosa me dice el aspecto que tienen un perrito con ketchup y un zumito de naranja, cuando se han masticado y tragado, pero no se han digerido. Afortunadamente no hay olor, aunque yo abro todas las ventanas, por si acaso.

Me bajo a la niña y espero con ella hasta que vienen a buscarla, justo cuando suena el timbre.

Ese fin de semana, pierdo un kilo cien gramos si apenas esfuerzo.


La faringitis vírica de este fin de semana me la pegó el miércoles M, una de mis bellezas, cuando en mitad de examen se puso a toser y a llorar, yo la cogí en brazos porque pensé que era otro de sus ataques de ansiedad y no, es que me estaba pegando uno de los dolores de garganta más chungos de los últimos tiempos.

Ayer viernes eché la mañana en clase como pude, con esos caramelos con anestesia que te duermen toda la boca, echando mano de forma compulsiva del microondas de la sala de profesores para que me cayese líquido caliente por la garganta. Eso sí, de hablar ni el intento.

A la salida, después de que el timbre me sonase a melodía celestial, noto a N muy preocupada. Como sé que en casa pasan un poco de ella, la cojo de la mano, me la acerco y le susurro como puedo que si está mala, que si está bien.

-Preocupada- Me dice, mirando al suelo.

-Cuéntame qué te pasa, cielo.- La traigo hacia mi dándole un besito en la cabeza, buscando no pegarle el resfriado que me ha llevado a urgencias a las siete de la mañana.

Levanta su cara delgada hacia mi y me suelta, mientras le acaricio su largo pelito:

- Que tengo piojos. Y mi madre no me deja decirlo - Interrumpo mis caricias mientras noto un horror paralizante- Y este fin de semana tengo una boda y voy a la peluquería y todo.

- Ya. ¿Y por qué no te deja decirlo mami?

- Porque dice que la gente no se va a querer acercar a mi, y eso que le he dicho que tú eres diferente.

La pequeña N, con su mata de pelo, se me acerca y me abraza fuerte. Yo intento que no se sienta rechazada mientras valoro seriamente comprar algo en la farmacia de camino a casa.

Sin embargo el dolor paralizante de garganta me borra la memoria hasta hace un rato, cuando me he puesto a recordar el episodio. Y no, no me pica nada pero, como los alumnos me lo pegan todo...

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Mis pantalones gamberros

Después de este annus horribilis, este diciembre estoy volviendo a entrar en pantalones muy pequeñitos. De los que tienen lycra y cuando los ves en la tienda, mides la cintura, y compruebas que mide poco más de un palmo te haces un meme de esos contra la anorexia para rularlo por twitter y lo triunfas. Pero no, es la lycra. Pero íbamos a hablar de que vuelvo a tener el culete pequeño.

Por eso de mi tamaño menguante estoy renovando vaqueros. Porque algunos se me caen y me quedan ridículos de grandes y otros van por el mismo camino como pierda medio kilo más. Así que entré en el Lefties, porque he visto por Instagram que tienen diseños chulos. Como digo, entré en la tienda y me puse a mirar los vaqueros. En seguida dos modelos de ripped jeans me llamaron, unos en gris y unos en negro.

Los negros me han enamorado, oye. Con esos rotos grandes en la rodilla (con los 20 grados de máxima que estamos teniendo en pleno diciembre me han parecido una excelente opción), con esos botones de la entrepierna a la vista... Con ese bajo a tijeretazos... Son chulos. Son bonitos. Son muy yo, muy pijos y muy gamberros. Amo mis pantalones gamberros.

Hoy los he estrenado. Con la chupa de cuero. Diría que es una biker, pero es una chupa. Negra, de cuero de verdad, de esas que ya están vividas y no son rígidas y... Es estupenda.

Foto enviada a las ocho y veinte a mis amigas por guasap.


Al llegar al paso de peatones que está a 30 metros de la puerta de mi casa el conductor, al que mando al peo cada mañana cuando pasa de mi cara, pega frenazo y me deja pasar. Chungo. El mundo ha cambiado, lo siento en el agua, lo siento en el aire.

Al llegar al garaje, mientras se abre la puerta el barrendero me mira y me da un "buenos días, so guapa". Le miro de reojo. Con ese barrendero coincido varias veces a la semana y no me ha mirado nunca a la cara.

Vuelta del trabajo, paso de peatones, frenazo del conductor. Insólito.

Esta tarde he vuelto a salir. He parado en un kiosko a comprarme chicles después de cotillear unas revistas. El kioskero, que no es donde suelo parar, me ha regalado unos caramelos por guapa, y por simpática (eso ha dicho).

Mientras iba pensando en si es casualidad o no, casi me como a un chico con un forro polar de cruz roja que se incorporaba por mi derecha. Musito un "perdón" y sigo adelante. Él se pone a mi lado apretando el paso y me dice que tenga cuidado, que llevo el bolso abierto, que hay mucho mangante al descuido y que a una mujer tan guapa como yo no debiera pasarle nada malo. Cuando le he dicho que no se preocupe que pego unas ostias como soles ha captado mi deseo de seguir la marcha por mi cuenta.

Vuelta a casa... Pasos de peatones con frenazo.

Mi marido me ve normal, con los pantalones apretados como el pellejo de los chorizos pero yo siempre los he llevado así, desde los 14 años (es una de las cosas con las que se suele meter mi hermana conmigo), a ver... Pero había subido a la 40 y parece que me había vuelto de nuevo invisible al mundo, a los hombres... ¿Es esto machismo? ¿Tenemos que tener una determinada talla para que nos traten con amabilidad? ¿Para que nos den los buenos días?

¿"Trata a los demás como si siempre tuvieran una 36"?

P.D. Mi culo de la 36 se debe a la mi reciente recuperación de la buena salud, hacer alimentación sana y llevar una vida relativamente activa.

P.D. bis. Mi alimentación sana incluye Nocilla y castañas asadas. Cinco comidas al día. Seis o siete comidas si cuento el picoteo del chocolate. No es coña. Tampoco voy al baño a vomitar.

martes, 10 de noviembre de 2015

Otoño con calidad: Esos gastos que merecen la pena

Mis niñas de ItHuelva me proponen hablar de esos productos de belleza que más uso cuando llega el otoño, así que ahí van con mi toque.

https://ithuelva.wordpress.com/


A mi el otoño me deprime cosa mala. La falta de luz, los colores cada vez más apagados en la ropa... Un horror, nada que ver con el verano. Todos los años me propongo llevar una vida más activa, igual que cuando hace calor, pero los propósitos me duran lo que tardo en pillar el primer resfriado, y eso es mucho menos tiempo de lo que me gustaría.

Hay cosas del otoño que me encantan. La ropa es chula, todavía no hace demasiado frío... A veces llueve... Lo que retomo con ganas cuando llega el otoño es el maquillaje. Ojo, no es que no vaya como una puerta en verano, pero como la temperatura hace que todo se churretee y además es absurdo maquillarse para ir a la playa o hacer deporte y tal... Pues eso, que llega este tiempo y lo retomo con ilusión, eso de levantarme y pasar por chapa y pintura antes de irme a trabajar.

Iba a decir que no soy estacional, que siempre uso lo mismo, pero es una mentira cochina. En verano todo es fucsia y coral... Incluso cuando me hago un maquillaje así potente lleva un punto de color. Pero es llegar el otoño y zas, al gris, al negro... Y a una serie de productos que uso casi a diario y que sé que no me fallan.

¿Que qué es lo que no falla? No hay trucos, oye, normalmente si inviertes en algo bueno tienes un buen resultado, que nadie da duros a pesetas y que sí, que una base de Catrice de seis euros puede hacer buena función, pero no la vamos a comparar con otras... Yo al menos no, porque no me dan el mismo resultado.

Imprescindibles de otoño (inversiones necesarias)

1- Para los labios.

En otoño pega verte así la cara favorecida, con vida y donde esté una barra de labios bien bonita, que se quite lo demás. Las barras de labios de MAC son estupendas, y además tienen una variedad de colores que da gusto ir y elegir. En otoño tiro mucho de burdeos, así que la recomendación de otoño por mi parte va para Musky Ametist, un burdeos intenso con un punto morado que favorece mucho a todo tipo de pieles y que se sale de lo corriente en ese colorido de MAC que recomiendan toooodas las blogers y youtubers del mundo.
Amarás a MAC sobre todas las cosas


2- Para las uñas.

En las manos el Malaga Wine de Opi. Si ha causado furor en un hospital, imagina. Como me gusta tener mil millones de tonos de esmalte compro de todos los precios, pero cuando se que un color va a tener mucho uso no me lo pienso y me lo compro de una buena marca. Este tono es de esos que no fallan. Más que un burdeos, es un rojo oscuro; elegante, atemporal. Ya que te vas a gastar un buen dinero en un esmalte de uñas...

Es más bonito visto en directo, de verdad.


¿Quieres dar un golpe de efecto? Usa una prebase de la misma marca, da dos pasadas del Malaga Wine y termina con el top coat de efecto gel de Kiko. Impresionante. Y este producto sí que genial de precio.




3- Pestañazas

No hay maquillaje bien hecho si no termina con unas buenas pestañas. Si no es como ir vestida de firma pero mal peinada (cierta región española me da esa sensación cuando recorro sus calles, con esas señoras elegantemente vestidas y con pelos de loca). Curiosamente, las máscaras de MAC tienen mala prensa; al menos siempre he leído críticas malas. Pero la verdad es que yo voy or libre y, desde que las probé, me parecen fantásticas.
La que yo uso es la efecto pestañas postizas, y me parece estupenda, sin tener que gastarme los 30 euros de la Diorshow.



4- Mejillas

No sé si os pasa, pero en otoño la piel está apagada todavía por los excesos del verano, no me resplandece como en enero y febrero. Por eso en esta época huyo de las texturas en mate para darme color. Y porque me gusta el brilli, por eso también.

Hay dos productos que uso casi a diario, bien juntos o por separado: El Rockateur de Benefit (el dolor que da pagarlo se va rápidamente cuando lo usas) y un shimmer brick de Bobbi Brown. Y sí, este último lo uso mucho como colorete, no solamente como iluminador. Además, suele ser uno de los productos que sacan en edición limitada en cada colección, así que...

Este es uno de los que tengo. ¿A que mola?


Vale todos y cada uno de los 34 euros que cuesta.



5- Piel

No sé si será mi piel seca, la edad que ya me pesa o las dos cosas, pero a mi una base de dos duros se me queda corta. Una base va directamente en la piel, así que soy exigente y le pido que me la cuide, que la proteja... Y que de un aspecto estupendo y eso por seis euros es difícil de encontrar. Hace relativamente poco que he descubierto el Pure hidratant tinted moisturized de NARS, y es oro puro. Queda totalmente transparente, disimula lo que hace falta, pero trata la piel. Una joya (a precio de joya).

https://es.narscosmetics.eu/en/pure-radiant-tinted-moisturizer-spf30-pa%252B%252B%252B/999NAC0000004.html?dwvar_999NAC0000004_color=7845023333#start=1
Oro en bote




A veces preferimos calidad a cantidad, pero qué miedo da jugársela con un producto; soy de las que intentan ir sobre seguro así que os he querido dejar mi granito de arena en este mar de recomendaciones de belleza que se puede encontrar en internet.



Y estas son mis cositas, puestas bien bonitas, sobre una mantita :P
 
Mis compañeras de itHuelva están contando hoy qué imprescindibles tienen para este otoño, así que si os da curiosidad... ¡Buen martes!

lunes, 9 de noviembre de 2015

El dolor miserere y otros apuntes de sabiduría

Desde el domingo 25 de octubre hasta el día de hoy he aprendido mucho; de verdad. Por eso me parece que debo compartirlo y hacer llegar esa sabiduría, en una lista de descubrimientos ordenados de forma cronológica, lo más lejos que pueda. Comencemos.


Del domingo 25 de octubre al lunes 26 de octubre.


- El cuerpo es tan sabio que resulta lógico pensar que si normalmente se tiene hambre, y esa sensación desaparece durante una semana, algo va mal.

- Hay domingos que empieza muy bien, pero pueden terminar fatal. Por ejemplo, puedes empezar comprando alguna revista de moda y acabar, esa misma noche, retorciéndote de dolor.

- Puede resultar que nos sintamos tan enfermos que no atinemos a avisar por teléfono a nadie.

- El tiempo se dilata o se contrae en función de lo que te duela algo. Si tienes fiebre y caes inconsciente la noche puede resultarte a la vez eterna y corta.

- Es posible avisar a tu jefe de que no vas a trabajar espetándole "No sé qué tengo, pero estoy muy mala, me voy al hospital" en tono lastimero, mientras te abrazas a ti mismo.

- Cuando le dices a un médico "me duele TODO" y es verdad, lo despistas mucho. Pero a los médicos hay que decirles la verdad, porque es mejor no tener diagnóstico que uno erróneo.

- A veces se da el caso de que duele mucho que te cojan una vía.

- Una subida grande y repentina de fiebre puede hacerte delirar, incluso te sentirás muy creativo, haciendo chistes acerca de Rajoy (¿Y la europea?). A lo mejor te haces tanta gracia que te ríes y te retuerces de dolor a la vez, mientras tu madre y tu marido ponen una cara muy rara.

- A veces despistas tanto al médico que no puede darte un diagnóstico, y entonces te manda a casa, "a ver cómo evolucionas". Y al principio te fastidia, pero luego lo ves normal.

- Puede pasar que te encuentres tan mal que quieras quedarte en casa de tus padres, porque sabes que los maridos aguantan despiertos un número limitado de horas.


Martes 26 de octubre.

- Si te encuentras mal, y has quedado, siempre habrá algún optimista que te diga eso de "anímate y vente, que ya verás cómo te pones mejor".

- Eso te hará pensar en dos cosas. La primera que cuánta gente faltará al trabajo por algo que se cure tan fácilmente como animándose y largándose de merienda. La segunda, que a ver cómo le haces entender a la gente que te encuentras a morir.

- Si viene tu marido y le dices que te duele la tripa va a hacer una cosa muy curiosa consistente en apretarte un lado del abdomen y soltar la presión de golpe. No digas que te duele eso porque te pierdes.

- Mi amiga S es bruja: "Mañana a estas horas estás "operá", acuérdate de lo que te digo" Aunque termina su profecía con un "te voy llamando" y dando muchos ánimos.

- Que te cojan una vía puede doler muchísimo.

- He dicho antes que si dices que te duele te pierdes porque lo de apretar y soltar lo repetirán el médico de cabecera, la médico de urgencias, el señor que te hace la eco y que tiene raíces del tinte... Hasta que harta de ese sufrimiento, que consideras, gratuito grites: "¿Esto qué es? ¿La moda del día?".

- Puede que lo de soltar y apretar te haya dejado tan tocada que tiembles al ver llegar al cirujano.

- No todos los cirujanos jóvenes y guapos están en Anatomía de Grey, y por eso maldecirás la ducha del domingo donde dijiste "Bah, ya me depilo mañana". Si además no te hace lo que duele y te trata con mimo cuando te explora la tripa morirás de amor; incluso delante de tu madre y de tu marido (Ese ciru cómo mola se merece una ola)

- Puede pasar que la primera reacción que tengas cuando te dicen que te van a operar sea comprobar que llevas unas bragas monas. Toda una vida pensando en el miedo que te daría estar en esa situación en cambio te preocupas por llevar las bragas adecuadas.

- La señora que te viene a explicar que para operarte te pongas una batita abierta por delante puede que también se fije en lo monas que tienes las uñas. Das gracias de llevar cubiertos los pelos de las piernas y empiezas a hacer mentalmente una hucha para la depilación láser. Luego termina diciendo que solamente la bata, nada de ropa interior. Así que tu preocupación por las bragas pasa a un segundísimo plano.

- Lo que mi abuela llamaba "el dolor miserere" no es otra cosa que apendicitis.

- Existen anestesistas que son unos bromistas y que, cuando le sigues el juego, te cuentan algo que hagan que te partas de risa estando ya sobre la mesa de operaciones.

- Piensa en algo agradable- Me dijo el señor anestesista.
- Zapatos- dije, como respuesta.

#famosasúltimaspalabras


Cosas aprendidas post-cirugía

- Duele menos lo del apéndice que lo de meterte un tubo en la boca durante la operación.

- La anestesia puede dar alucinaciones.

- Es posible que, por la operación, el control del pis sea una nueva cosa a aprender.

- Que me cojan una vía es el nuevo terror de mi vida.

- El cachondeo de mi familia puede que no tenga límites.

- Una magdalena metida en Nesquick tras cuatro días sin comer sabe A GLORIA.

- Lo de tener grapas en el cuerpo es algo chungo de pensar, pero poco doloroso y molesto en la práctica. Incluso cuando te las quitan.

- La amistad no se demuestra con grandes aspavientos, ni frases en Facebook de "mi amiga es mi hermana". Se demuestra con una visita con cara preocupada, con callarte antes de la operación que sabes de alguien que murió de eso, con unos calcetines que te pongan de buen humor. Gracias.


Cosas que son un hecho

- Las duchas están infravaloradas. Duchaos. Duchaos mucho, duchaos bien.

- Los cupcakes nunca, nunca, nunca podrán igualarse a una magdalena, con su costra de azúcar por encima.

- Nunca olvidéis que cambiar de postura es un placer solamente igualado con poder dormir de ladito.

- No hay nada más perenne que el pegamento de los esparadrapos. Ni los diamantes.

lunes, 26 de octubre de 2015

El increíble caso del cerebro creciente

¿De verdad te crees eso de "Quod natura non dat, Salamanca non presta"?

Pues es mentira.

Al menos, cuando contamos con un cerebro sano. Os voy a contar un secreto que sabemos los maestros: A veces se confunde un niño con altas capacidades intelectuales, con un niño bien estimulado. Y voy más allá, sabemos que un niño bien estimulado probablemente tendrá altas capacidades. ¿Qué por qué no os lo decimos? Porque la mayoría de las veces que decimos que debe usted estimular mejor a su hijo estamos comprando papeletas para, como mínimo, meternos en bronca (¿ME VAS A VENIR A DECIR CÓMO TENGO QUE TRATAR A MI HIJO?). Pero os prometo que se puede mejorar mucho el rendimiento intelectual solamente siguiendo unas pautas en la forma de relacionaros con él.

Hay mil y una publicaciones (que os recomiendo) acerca de la estimulación temprana. Sí, hay pautas para que desde el primer minuto de la vida de vuestro hijo veléis por su desarrollo físico e intelectual, pero a veces los libros se olvidan de esas cosas que parecen obvias y que, cuando observo a mis alumnos, no lo son para nada.

¿Quieres estimular el intelecto de tu hijo? Venga, te doy las claves que no vienen en los libros.



Primero dejemos claro qué entendemos por eso de ser inteligente; no es retener muchos datos, ni manejar muy bien la tablet o el móvil. Una persona inteligente es aquella que es capaz de razonar y poner en juego los conocimientos que tiene para resolver problemas, situaciones...

En la escuela clasificamos a los niños por encima de la media (con respecto a su edad) cuando, básicamente:

- Tiene y usa un amplio vocabulario, y tiene referentes de la vida real.
- Resuelve actividades complejas (sobre el papel o sobre la práctica), donde se requiera de un razonamiento lógico.
- Se expresa correctamente tanto de forma oral como escrita.
- Se desenvuelve socialmente de forma adecuada, y manifiesta madurez e inteligencia emocional.

Imagina que tienes un cuerpo sano, pero quieres echar músculo. A lo concurso de culturismo. ¿Se te ocurre qué hacer? Seguro que estás pensando en mejorar la alimentación, en ir a un gimnasio y echar horas y horas ejercitándote. Vas bien. Seguro que ganas masa muscular, ¿verdad? Pues el cerebro es igual.

Tips para tener un hijo inteligente

- Lo primero de todo, hazte a la idea de que tu hijo debe pasar tiempo contigo. No a tu lado. No en el mismo espacio vital que tú. Contigo.

- Llévate a tu hijo a todos lados. Te prometo que un niño bien educado se puede llevar a todos lados. Así que imagina que es tu siamés y te lo enganchas. A la compra. A la ferretería. A dar un paseo. Al restaurante. A todos lados. El niño, el nuevo complemento de moda. ¿Captado?

- Te vas a llevar al niño para INTERACTUAR con él, no para dejarlo correr y decir en voz alta "qué harta me tiene este niño, no sé qué hacer con él". Tarde, ya tienes un hijo, así que ocúpate de él.

- Habla con tu hijo. Y no me refiero a que le des órdenes. Interésate realmente por lo que dice. Nada de imitar su forma de hablar, porque así no se avanza. A hablar se aprende por imitación, así que usa un vocabulario rico, amplio y anímale a que pregunte cada cosa que no sepa. Incluye refranes, frases hechas, comparaciones... ¡Humor!

- Cuando habléis usa ironías, sarcasmos, dobles sentidos... Y si no los pilla a la primera es normal, se los explicas; seguro que de pequeño tampoco captabas esos matices del lenguaje. Enriquece al máximo su lengua materna.

- En el súper vas a hacerle leer las etiquetas. Le vas a pedir que te cuente qué comidas le gustan y por qué. Le vas a contar tú lo mismo. Vas a hacerle leer los precios, sumar de cabeza, redondear precios y saber si con el dinero que le enseñas va a tener bastante. Las matemáticas son tu objetivo en cada visita al Mercadona. Y que no se te note.

- Le harás tomar decisiones. Razonadas, y que te las explique. ¿Qué paquete de azúcar sale más a cuenta, el de un kilo o el de dos? ¿Cuál de estas dos opciones trae más champiñones, la lata de 250gr o la lata de 350gr?.

- Cuanto menos televisión y videojuegos, mejor. Cuanto más juego con juguetes, juegos de mesa o en la calle con amigos, mejor. La vida real, la interacción humana siempre siempre va a ser mejor.

- Ofrece diferentes entornos sociales; que se relacione con personas de diferentes orígenes y edades, y enséñale respeto; enséñale a ajustar su forma de hablar en función de si estamos con un extraño, con familia, con amigos... A usar los diferentes registros formales o informales. Amplía todo lo que puedas el círculo de personas con las que se relaciona.

- Fomenta la libre expresión y la creatividad. Y para esto no necesitas un dineral o tiempo de extraescolares de música o pintura. Se puede hacer percusión con cucharas de madera, seguir un ritmo con las palmas, bailar vídeos musicales en YouTube. Pon a su alcance diferentes materiales para manualidades y anímale a experimentar con ellos. Lo peor que puede pasar es que se ensucie.

- No se lo des todo hecho. Plantéale problemas cotidianos (si hace falta te los inventas) y anímale a resolverlos. ¿Vas a servir la leche? Anímale a averiguar cuántos vasos se llenan con un brick... Me refiero a este tipo de cosas.

- Haz de la lectura el mejor pasatiempo. Lee en voz alta, sé su modelo, poned voces a los personajes.

- Apuntaos a los juegos de mesa en familia. Contando dinero en el Monopoly, creando alianzas y estrategias, negociando con los demás jugadores un cambio de propiedades. Esas habilidades para la vida no la enseñan los videojuegos.

- No descuides su desarrollo emocional. No le edulcores la vida. Evita decirle que no llore. Ayúdale a identificar las emociones, cómo se llaman y qué es lo que le hace sentirse así. Enséñale a sentir frustración, enséñale que no hay emociones prohibidas, las emociones son humanas (prohibidas pueden ser las acciones por las cuales manifestamos una emoción, por ejemplo una agresión ante la ira o la tristeza). No hay emociones incorrectas, sino reacciones incorrectas. Enseña resiliencia y asertividad.

- Proporciona buen ocio y sé su ejemplo. Lectura, televisión responsable, deporte, paseos en familia. Talleres, museos, turismo rural... Enséñale a amar y a respetar el entorno. Descubre con él las cosas que tampoco sepas de la naturaleza.

- Atiende a sus preguntas. No hay temas prohibidos. Es tu hijo.

- Enséñale, con tu ejemplo, a demostrar afecto.


No hay más trucos.

Quiero una piel como la tuya: Esfuerzos matutinos

A veces me pasa que llego al trabajo, o a donde sea, y alguien me suelta de sopetón que quiere tener la piel como yo, que qué base de maquillaje llevo que se la va a comprar.

Yo siempre digo la base de maquillaje que lleve ese día, pero la gente no comprende que si la buena piel se vendiese en bote no hacían falta los filtros para selfies. Y cierto es que, en parte, una buena piel se la debemos a la genética, pero no todas las mujeres de mi familia compartimos de las mismas ventajas a partir de un ADN similar, así que me gusta creer que los esfuerzos que hago por cuidarme verdaderamente tienen sus efectos.



Rutina matutina para una piel pristina

(Sí, sé que es prístina, esdrújula, pero si no ¡no rimaba!)

En mi opinión, y supongo que en la de cualquiera, la piel de un bebé es el ideal de belleza. Lisa, sin poros, sin imperfecciones...Acercándome poco a poco a esa franja de edad que comienza por cuatro comienzo la noche anterior los esfuerzos por levantarme rejuvenecida, así que al levantarme lo primero que hago es limpiar a fondo la cara, y elijo productos en función de si voy a meterme de cabeza en la ducha o no, o de si me eché una crema ligera o un emplasto tipo "mascarilla que no se retira". Quiero decir, que me limpio la cara. Porque sí. Además, por la noche la piel se renueva, se le queda todo lo de las sábanas ahí, y si la piel no está impoluta todo lo que venga detrás no va a servir de nada.

Para limpieza ligera

Hay veces que una simple agua micelar me resulta suficiente. Opto por la que más a mano tengo en ese momento (la maldita costumbre de tener varios productos al uso, abiertos, no se me quita) pero mis favoritas son la de Garnier y la de Bioderma. Por ese orden de calidad descendente y precio ascendente.

Si necesito algo más fuerte que el agua micelar pero no mucho más, opto por un tónico, como el de la línea de Siempreviva de L'Occitane o el del sistema tres pasos de Clinique. Mi piel aguanta genial el alcohol, así que... ¿Quién dijo miedo?


Esta línea de L'Occitane es mi favorita. He probado todos sus productos y a mi piel seca le van genial. Aprovecharé los cofres de navidad para reponer lo que tengo.

Para ir de cabeza a la ducha

Casi todos los días me gusta empezar metiéndome debajo del chorro de la ducha. Me anima, me despeja, me espabila y además me hace sentirme mucho mejor físicamente. Esos días me resulta muy cómodo elegir algún gel limpiador (específico para piel seca, por favor) que pueda aplicarlo tal como entro en la ducha y retirarlo con agua.

Me gustan mucho el limpiador exfoliante de Clarins, cualquiera suave de Rituals... Elijo entre limpiador a secas o exfoliante dependiendo de cómo note la piel. Sí, a veces exfoliante a diario, me va genial y mi piel lo tolera.

Cuando termino de secarme el pelo, antes de ir a desayunar, me echo alguna crema de día. Así, cuando vaya a maquillarme unos minutos después ya tendré la piel lista.

Hay veces que mi piel me da los buenos días troleándome, así que excepcionalmente, mientras desayuno y me visto, me pongo una mascarilla (generalmente hidratante) que aplaque la sequedad. Últimamente estoy con la gama Skin Perfection de L'Oreal, porque me sirve de prebase de maquillaje (cuando voy a usar una con FPS alto) y así me ahorro un poco de tiempo, hasta que no empiece a hacer frío de verdad por aquí no me hará falta nada más.

Y el Nesquick, que no me falte


Esto es lo que hago yo por las mañanas, además de cambiarme dos o tres veces de ropa porque lo que dejé preparado por la noche resulta que no me apetece. Si os da curiosidad por ver qué rutinas tienen mis compañeras de ItHuelva, no dudéis en cotillearlas.

martes, 13 de octubre de 2015

Camel, ¿color socorrido o tremendamente aburrido?


Que llega el otoño, dicen. En el sur esperamos estas cosas con cierto escepticismo.

Todavía ando con camiseta de manga corta y la ilusión de ir a trabajar por la mañana con una rebequita que me sobra nada más entrar en clase. Como tengo fama de friolera, mis compañeros de trabajo no se meten conmigo. No mucho. Así, inspirarse delante del armario es difícil, sobre todo cuando te empiezas a notar ridícula poniéndote el mismo calzado que llevabas a 42 grados en julio, porque sabes que se te va a cocer el pie si te pones algo más tapado.


Cuando hago cambio de armario, del verano al invierno, paso del arcoíris a una monocronía basada en el negro. Negro con unas pocas pinceladas de "color". Léase gris, azul marino, algo de blanco y camel... A mi, amante del rojo, del fucsia y de todo lo que llame la atención, este cambio me deprime tanto como me cuesta en marzo lanzarme al color después de unos meses vestida de luto. Problemas del primer mundo.

Yo el beig siempre lo he visto de pija. A ver, de pija Burberry chunga y rancia de los '90, de la que usa mocasines y usa carritos estilo antiguo cuando tiene un churumbel. Pero ese beig ahora mola, le hemos hecho un lavado de imagen y ahora el camel (ya no queda tan mainstream como antes) mola mucho. Ojito, nada de ser transgresor, pero ya no es lo mismo... ¿O sí?
Soy pija, voy de camel

Yo uso poco camel. Poquito. Y con negro casi siempre, que es mi uniforme. Que sí, que no te falte una prenda tipo trench en ese tono porque NO TE LA VAS A QUITAR. Porque después del negro, es el color más socorrido que existe. Y sufridito, como se suele decir.

El otro día le comentaba al jabalí, reconozco que con algo de fastidio, que lo innovador que vi en mi vestido de novia ahora lo veo en muchos trajes de novia... E incluso de comunión. Él respondió que suelo ser innovadora y arriesgada, porque cuando algo se pone de moda yo, directamente, paso a otra cosa. Y sí. A ver, no es que vaya vestida por la calle como la loca de los gatos, pero siempre he ido a mi aire.

Así que señoras y señores, después de años de críticas sibilinas de moda, más o menos encubiertas, ahí van mis consejos de estilo de iluminada de la moda con respecto al camel:
 
Decálogo del uso del color camel:
Triunfa con el beig de toda la vida, hija mía, en cinco sencillos pasos

1.- Combinar el camel es difícil aunque parezca que no. Que sí, que va con todo, pero si es con negro, mejor. El negro con blanco tiene legión de fans y a mi no me llena, lo siento. Bueno, miento, me llena cuando lo veo en cuerpo ajeno, pero me lo pongo y me digo que así no salgo a la calle.





2.- Cuando ya domines el tema camel-negro, ve un pasito más allá en la armonía de colores. No encuentro mejor ejemplo que el de Olivita con una de sus lecciones de estilo.


El perrito es opcional
3.- Cuidado que es un color engañoso. No me preguntéis por qué, pero las prendas en camel me parecen de peor calidad cuando las veo en ese color. Es un color sufrido pero la mierda se va a ver, así que lavadora al canto y una buena plancha.



4.- No caigáis en la tentación de combinarlo con dorado o ir monocromática o con marrones (el símil con la caca es seguro). Ir de camel no es sinónimo de ir bien vestida.

Consuela ver que Olivia también tiene su puntito hortera

5.- Una vez que dominamos las combinaciones básicas, subimos la apuesta con el rojo; y con el camuflaje. Veréis cómo mola. O no, lo mismo es un desastre, que esto de las fotos de Pinterest es un engañabobos.

Mola, mola, mola. Pero la pintura de uñas no pega ni con cola.

http://lovely-pepa.com/
Pepa, así sí. ¿Os acordáis cuando esta chica sonreía en las fotos?

Y, sobre todo: El camel también es un color para epatar con un buen complemento, para comprarte una pieza de ropa muy especial y dejar a todo el mundo anonadado. Y, lo que es más importante, disfrutar al vestirte, que es de lo que se trata, amigas.



P.D.: Este post es una colaboración que hago con mucha ilusión con mis compañeras de ItHuelva, así que animaos a echar un vistazo de cómo mis niñas con estilo interpretan este color tan otoñal, y tan engañosito.



P.D. 2: Todas y cada una de las fotos de este post están sacadas de Pinterest.

domingo, 11 de octubre de 2015

Las cabritas valientes no temen a la lluvia

Yo me equivoqué de profesión. De pleno. Porque siempre tuve muy claro que lo mío era el periodismo. Me acuerdo, de pequeña, que escribía periódicos en casa con una Olivetti color celeste que pesaba un quintal, dando a las noticias de los acontecimientos familiares ese toque que aún hoy tengo. Y cuando llegó el momento de elegir profesión pues no luché por lo que de verdad me gustaba y pienso que se me hubiese dado bien. Pero seguí la corriente.

Sí. Me hubiese gustado contar cómo se desborda un río metida hasta las rodillas en agua, micrófono en mano. Sí, me hubiese gustado ser la que haga la pregunta incómoda en una rueda de prensa. La que escribe la columna de opinión del dominical. Esa me hubiera gustado ser.

Y soy maestra.

En mi clase hay una cabrita loca. Yo la llamo así y cuando se lo digo viene con un:

- Ven p'acá, cabrita loca, que me tienes harta- Y le doy un beso, y le digo que se siente y se porte bien. Y me hace caso una media hora.

El sobrenombre se lo puse una mañana en el colegio, en el que empezó a llover; yo iba corriendo hacia mi clase porque había ido a un recado y tenía el fuerte sin vigilar, y de reojo vi un arcoíris. Un arcoíris doble. Así que saqué corriendo a los niños al patio, a una parte cubierta para que lo pudieran ver. De pronto me vi una cosa chica vestida de lila que se escapaba del grupo.

La niña corría bajo la lluvia, haciendo círculos cada vez más grandes, las manos abiertas y la lengua fuera, plena de felicidad, bebiendo agua de lluvia.

- ¡Pero...! ¡Ven p'acá, so loca! ¡Ven p'acáaaaaa!- Le decía yo, intentando atraparla mientras también me empapaba.

Desde entonces, y pese a su precioso nombre de señora de la alta sociedad andaluza del s. XIX, es mi cabrita loca.

Yo conocía a la cabrita de vista, de verla en el patio con su pelito castaño, con la misma coleta que me hacía mi madre a su edad, con un flequillo que se le metía en los ojos. Y me enamoraba. Así que cuando me dieron la noticia de que iba a ser mi alumna me impacienté por el encuentro del primer día.

Ella entró en clase y se escondió, en un rincón, junto a una columna.

- Hola, soy la maestra Lileth- le dije.- ¿No te quieres sentar?

Me respondió negando con la cabeza. Me agaché hasta ponerme a su altura.

- ¿Y eso? ¿Estás nerviosa?

- Un poco- musitó.

- No serás que tienes miedo- La reté.

Asintió, bajando los ojos.

- Y... ¿De qué tienes miedo?

Entonces levantó la vista y me hizo un gesto elocuente que venía a decir "¡Pues de ti, pedazo de tonta!".

Año y pico después de eso, recordamos el momento entre risas cada vez que me la siento en las rodillas para consolarla por algo.

La última vez que he tenido que hacerlo es porque mi cabrita loca piensa que es la tonta de la clase. Me he acordado leyendo el post de Perri M, y me ha hecho pensar.

Mi cabrita no es tonta, si bien tampoco destacaría la brillantez de su razonamiento mental por encima del de la mayoría de sus compañeros, de tonta nada. Una cosa es no ser brillante, y otra muy distinta ser tonta.

- Tonta tu maestra- le dije- ¿No has visto la cantidad de tonterías que hago a lo largo de la mañana?- Es la pura verdad, os lo juro. Pura verdad que se lo dije y pura verdad que hago el tonto por encima de mis posibilidades.

Yo a mi cabrita le aconsejo que estudie. Y que se esfuerce. Y, sobre todo, que sea sincera y valiente.


Si yo hubiese sido sincera y valiente...

Si tú, que me lees, hubieses sido valiente ¿Dónde estarías?

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mi alumno, el raro

Todos conocemos a alguien que es muy raro.

- Ains, oye, Fulanito, qué raro es.- Decimos.

Pues bien, quizá os suene raro pero ese adulto raro que conocéis, de niño, era también un raro. Quiero decir, uno no es un niño normal, feliz de mancharse los pantalones tirándose al suelo en la plaza y sufre una metamorfosis durante la adolescencia que los convierte en el adulto raro que tenéis en la familia, o como compañero de trabajo. El raro nace, no se hace.

Y yo, señores, tengo un niño raro en mi clase.

Reflexionaba yo, idealizando, acerca de esto durante el verano pasado (verano que me he tirado poniéndome morena en la playa, bañándome en el mar y lamiendo mis heridas como he podido, mal que le pese a algunos), e intentaba autoconvencerme de que no hay niños raros, y tal.

Pues el diez de septiembre, cinco minutos antes de las nueve de la mañana, mi alumno vino a dejarme claro que el sobrenombre que le tengo puesto no es nada despectivo, sino justo y acertado. Para mi alivio, todo sea dicho.

Porque a ver, hago un inciso, yo siempre he sido muy de plantar etiquetas: Tú, la fea, tú, el que se muerde las uñas, tú la inútil social... Pero eso de trabajar con niños parece que te abre la mente y te ablanda el corazoncito y hace que cada día te plantees de una forma diferente las cosas; y las etiquetas es algo que estoy intentando evitar a toda costa. Y si las pongo, las pongo de puertas para adentro porque luego, sin querer, hago de modelo de mis alumnos y no es plan de que me imiten los malos hábitos.

Inciso número 2, que oye, las maestras SOMOS PERSONAS. Con defectos. Insultamos cuando se nos saltan un ceda el paso, olemos mal al hacer popó y tenemos vida privada. Pero eso, vida privada, opiniones privadas.

Decía que, el diez de septiembre, cuando se abrieron las puertas del colegio, me vi de pronto rodeada de mis alumnos. Que me abrazaban, me daban besitos. Las niñas me decían que qué pelo más largo (en verano me crece el pelo como mala hierba) y allí que me vi venir al niño al que, durante el verano, había decidido quitarle la etiqueta. Y la jodimos.

- Hola fulanito,- le dije, manteniendo la distancia física como a él le gusta- qué guapo te veo, ¿qué tal el verano?

- Matamos a mi perro. Con una inyección.- Me contesta con voz monocorde.

- Ehhh, vale... Ponte en la fila, anda.

Pues eso, feliz comienzo de curso, Niño Raro.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Es de bien nacidos ser agradecidos

Hoy una compañera de trabajo me ha preguntado si tengo hijos.

Luego, la edad.

Luego me ha puesto cara de pena.

Yo he levantado una ceja.

Acto seguido me ha dicho con la mano en el pecho que no me agobie, porque alguien que conoce tuvo hijos a los cuarenta.

Hijos sanos, me aclaró.



Gracias por tu apoyo.

De verdad.


ZORRA.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Mamá gallina no te quiso (desde el principio)

Vamos a partir de que mi cole (este en el que es el cuarto año en que trabajo) es guay.

Guay de los que molan.

Guay de los que te dejan organizar todo tipo de cosas pedagógicas y lúdicas y en vez de problemas te dan facilidades. Y no hacen preguntas cuando te ven saliendo con 28 chavales a ver un eclipse de sol.

Y guay de los que te sueltan una clase complicada a voz de "hemos pensado en ti, sabemos que eres la ideal para esto" y te hacen un encarguito.

Así que cuando me soltaron la clase de Doña Pellizquitos puse todo de mi parte.

Doña Pellizquitos tiene ocho años, una piel que enamora y fascinación por las princesas Disney. Su favorita es La bella durmiente, por estética, pero las canciones de La bella y la bestia le gustan mucho, mucho, mucho. Tampoco le hace ascos a Frozen, pero la sacas del "Libre soy" y pasa un poco.

Doña Pellizquitos tiene la piel delicada (y es tremendamente presumida), así que cuando yo me echo crema de manos le tengo que echar a ella. Y si cae un masaje pues mejor. Y si la crema huele a rosas, pues mejor. Y si cae un besote, pues mejor.

Doña pellizquitos a veces me busca los límites y se las ingenia para hacer lo que le da la gana. Y entonces le tengo que explicar que no, que no es momento de ordenador ni de estar dándose una vuelta por la clase.

La señora tiene un carácter que no veas, así que a veces solamente se enfurruña, pero a veces se pega a sí misma y a veces me suelta un pellizco.

Ah, que no lo he dicho, que Doña Pellizquitos es autista. No sabe hablar. Y lo de comunicarse pues lo hace de una forma muy así.

Pero no os equivoquéis y no os creáis lo que dicen los expertos por ahí acerca del autismo.

Doña pellizquitos tiene sentimientos. Tiene gustos, tiene preferencias entre las personas. Doña pellizquitos a veces se enfada conmigo, pero como no me lo puede decir, me suelta un pellizquito (cuando no he sido rápida en agarrarle la mano) para que me de por enterada. Y tiene compañeros que le caen muy bien, y otros de los que pasa. Y hay cosas que le dan mucho miedo, como los animales, y otras que le dan mucha risa, como cuando se tira un pedo y le digo que es una guarra y que me va a matar del asco.

Cuando Doña pellizquitos está feliz, se ríe. Y da gloria oírla. A veces estamos haciendo un examen, ella está en su mesita con sus cosas de princesa Disney y mira al infinito y sonríe, suelta una carcajada y los compañeros la imitan. Entonces ella se da cuenta de que los demás estamos igual de contentos y su sonrisa se amplía todavía más. Y ya, con eso, tenemos hecho el día.

Doña Pellizquitos no es una más, porque nos da mejores momentos que cualquier otro alumno. Por eso sus compañeros la quieren, mucho más de lo que os imagináis. Incluso cuando se enfada mucho, y la tengo que agarrar, con las manos y las piernas, mientras le digo en voz baja que hay que calmarse, que no pasa nada, que puede ponerse tranquila... La queremos.


La señora Cacahuete nunca me gustó. Parece que yo tampoco a ella, desde que el primer día le dije en su cara, sin querer, que estaba hecha una vieja, pero igualmente la mandaron a cubrir una hora en mi clase mientras yo atendía a otro grupo al que le daba una asignatura.

Yo esperaba a la cacahuete (su piel nunca perdió el marrón feo y amarillento de los cacahuetes) en la puerta de mi clase para decirle que se lo había dejado todo planteado, que solamente tenía que sentarse y dejar que todo fluyera. Porque Pellizquitos estaba con sus princesas, los demás dibujando o leyendo, y que cincuenta minutos se pasan en un tris.

Hasta que la cacahuete de mierda se asoma a mi clase y me suelta a ver a Doña Pellizquitos:

- Aaaaaah, NO, YO con ESO no me quedo.

Fue tal el odio y asco que le vi en la cara, y fueron tantas las ganas de cruzarle allí mismo a la cacahuetedemierda la cara (está feo agredir a una señora embarazada), que cogí a Doña Pellizquitos de la mano y me la llevé escaleras arriba.

A la cacahuetedemierda nunca volví a hablarle.

Cuando no la he visto a principios de curso y me han dicho que se ha ido a otro colegio me he alegrado mucho.

De verdad. Así que he mirado al infinito y he sonreído.

martes, 8 de septiembre de 2015

Dress code de boda para Dummies (O cómo saber qué te pones para ir a una boda si eres un inútil del estilismo)

Yo el otro día fui de boda. Que la boda fuera entre dos chicos y me tocara sentarme en la mesa homófoba es otra historia que algún día tengo que contar. Pero iba vestida divinamente. Tanto que un grupo de invitados me montó un club de fans porque "te he visto en la tele, en un progama de cante o de modas" y cuando lo negué pensaron que la estrella quería pasar desapercibida. Modas, en plural. Y prometo que mi sofisticación era de muchas temporadas atrás de Zara, Uterque, y Membur. Nada nuevo bajo el sol.


En la boda hice muchas fotos y si bien posé con mi tocado prestado en algunas de ellas, la mayor parte tuvo como objetivo plasmar los estilismos ajenos y mandárselos a mis amigas en un grupo de guasap. Ellas hacían la croqueta, mientras que yo no salía de mi estupor.


De toda la sabiduría que acumulé ese día nace este post (los lectores avispados pueden hacer la interpretación entre líneas e intuir mi sufrimiento).

- Si eres un hombre, y se te ven los dedos de los pies, NO es para una boda.

- Si sirve para hacer deporte, NO es para una boda.

- Si tiene tela que se usa para fabricar ropa de hacer deporte, NO es para una boda.

- Si la tela podría servir para un disfraz de carnaval, NO es para una boda. Si el traje entero sirve para una fiesta de carnaval, quémalo.

- Si enseñas más porcentaje de cuerpo que el que tapas, NO es para ir a una boda.

- Si es apropiado para ir a una discoteca, NO es para ir a una boda.

- Si es probable que te confundan con la novia, NO te lo pongas para una boda. Lo bien que te sientan los colores claros no es excusa.

- Si no es de tu talla, NO es para una boda.

- Si tu estilismo parece sacado de un remake malo de El Padrino, NO es para bodas (Truco: Si la corbata es más clara que la camisa va a ser que no es para bodas, ni siquiera para salir a la calle).

- Si parece que estás rodando una de Almodóvar NO es para bodas.

Y, sobre todo, señoras mías

- Si marca las bragas NO es para una boda.


Gracias.
-

jueves, 27 de agosto de 2015

El clavo que sobresale siempre es amartillado

Se llamaba como una virgen mexicana porque su madre, angustiada durante el parto, se encomendó a esa figura que ni siquiera había tenido tradición familiar. Un vez acabado el parto, que parece que no fue sino un parto normal vivido por una primeriza, le puso a la niña el nombre de la virgen nunca antes nombrada dejando a toda la familia con la boca abierta.

Cuando yo la conocí tenía quince años, un pelo castaño que le llegaba por la cintura, el mejor conjunto de la colección de Mango de aquel año, y una personalidad arrolladora.

¿Cómo olvidar esta colección de ropa?
 
Recuerdo que me compré la misma falda que ella en cuanto pude pero que al enseñarla en casa mi padre me mandó directa a la tienda con la falda y cinco mil pesetas más en forma de soborno "para que te compres algo con más tela".

Mi amiga esta del insti, aunque no llegamos a ser íntimas, era guay. Lo guay que se puede ser a los quince, ya me entendéis, pero al menos destacaba por encima de esa masa de borreguitas que eran las niñas de segundo de BUP de mi insti. Mismo pelo, misma cara de boba, mismo pantalón vaquero.

Ella no vestía igual, no pensaba igual, y no actuaba igual. Era refrescante. Y no sacaba muy buenas notas. Así que sus padres la amenazaban constantemente con eso del internado.

Hasta se enamoró. Y fíjate que hasta en eso fue especial, porque no se enamoró del más guapo, ni del más listo, ni del más guay. Se enamoró y punto.

Así que un día a la enamorada se le echó la noche encima hablando en un banco en la calle.

- Te lo juro, tía, que solamente estuvimos ahí, hablando- Me decía, entre lágrimas, justo después de decirme que pensó que era tardísimo cuando el sol comenzó a salir de nuevo.

Ella no volvió de las vacaciones de semana santa, porque lo del internado fue verdad.

Así que no la volví a ver.

Bueno, quince años después, vi a una chica con su cara, y su pelo pero cortado, y empujando un carrito de bebé de esos clásicos. Esa chica iba vestida como todas las demás pijas, con esa horrible ropa beig, con esas estúpidas bailarinas que se ponen las pijas del mundo para justificar que corren detrás de unos hijos de los que en realidad pasan olímpicamente.

De vez en cuando me acuerdo de ella. De la chica que conocí con quince años y a la que no reconocí en su gemela de la media melena.

Y entonces pienso en mi, y en si alguien reconocería ahora a la que conoció, cuando la que tenía quince años era yo.

lunes, 24 de agosto de 2015

Grandes ventajas e inconvenientes de ser la última mujer del mundo en tener un hijo

Cuando mis hermanos decidieron tener hijos fue todo bastante guay. Mi primera sobrina me pilló con 16 años, y me parecía lo más parecido a un juguete cuquísimo pero vivo.

Cuando se me meaba encima también me parecía cuqui. A mi los críos me encantan.

Cuando se me agarró llorando histérica la primera vez que la llevé a la guardería y la maestra, monitora o lo que fuera me la arrancó de los brazos empecé a intuir que lo de los niños tiene un reverso oscuro horrible.

La última de mis amigas íntimas ha tenido un bebé, le ha puesto mi nombre y me tira pullitas cargadas de envidia de color verde haciendo referencia a mi verano loco de mujer sin hijos, esto es, playa sin horarios, cenas sin horarios, salidas sin horarios...

Cuando quedar con las amigas de siempre o la familia implica llevar a un menor de edad (mi sobrina mayor ya estudia en la universidad...) ves, desde esa sapiencia salomónica que da ver las cosas desde fuera, que tú lo tienes todo más que controlado.

Desventajas de ser la última de todo tu entorno en tener hijos

- Quedar con amigas se limita al horario infantil. Normalmente no me supone problema. A veces no me apetece adaptarme. Y a veces hay gente que no entiende que tú vayas por libre porque no tienes sus complicaciones.

- Ya te sabes todas esas cosas que pueden salir mal: Una cesárea con complicaciones, un parto vaginal horroroso (de verdad, ni necesito ni quiero tener todos los detalles), un hijo que no nace todo lo sano que esperas.

- Te cuentan todos los detalles. TODOS. Si su retoño ha cagado o no, el color, olor y aspecto de las deposiciones, y el tremendo tamaño de las almorranas que tienes en el último trimestre del embarazo. Voy a vomitar, gracias.

- Aterran los estragos físicos: Las cicatrices, las estrías, las mastitis, las grietas en el pezón... Y te lo enseñan, mira mira. O aún peor, te enseñan el vientre plano que se les ha quedado a los quince días de parir cuando tú aún luces el flotador que te dejaron los polvorones. Ojalátemueras.

- Aterran los estragos de personalidad. No, en serio. Mi amiga ya no se llama fulanita en el guasap, ahora se define como "madre de tal" ¿Dónde ha ido a parar mi amiga la que tenía esa personalidad tan guay? La anulación personal de alguna gente me deja pasmada.

- Si ya era chungo ver a esa pareja de amigos llamarse "cari" y "cuchi", verlos llamarse entre ellos "mamá" y "papá" deprime tanto que te entran ganas de llorar. En serio.

Aquí Lileth, alimentando a bebé prestado



Ventajas increíbles de ser la última en el mundo mundial en tener hijos

- La mejor, y por eso lo pongo en primer lugar, decirle a la cara a la que te mira con pena porque ella lleva tres y tú llevas cero eso de "ME HE LEVANTADO A LAS DOCE". Impagable. De los mejores momentos de mi vida ever.

- Me siento libre para disponer de mi tiempo. Y eso, señores, veo que es mucha libertad. A ver, que no se me entienda mal, tener hijos debe ser guay, pero por ahora disfruto mucho de esto. Y de dormir hasta las doce o la una también.

- Domino la cara de "ok" cuando alguien me habla durante un par de horas del proceso de comparación y selección del carrito del bebé. Y del método de esterilización de biberones (¿Pretendían tener un hijo-burbuja?), de las marcas de pañales... Y como aunque mucha cuenta no he echado pero algo siempre queda ya me lo sé todo todo y todo por si alguna vez me pongo manos a la obra.

- Cuento con algunas ventajas estupendas (achucho a bebés frecuentemente) sin contar con sus desventajas.

- Ya me sé todos los sitios chulos para vestir premamá.

- Si dejan un bebé a mi cargo lo disfruto mil (gracias, gracias, tú sabes quién eres), y no me importa que me poten, me den mala noche o me poposeen la bañera. No es mío, es una novedad y me parece adorable.

- Mis amigas me aconsejan acerca de todo eso que deberé saber llegado el momento.

- Ya sé que no iré a las clases de preparación al parto. Todo lo que tenga que saber, se lo preguntaré a mi equipo personal de expertos: mi madre y mi suegra.



Eso sí, gentes con hijos, vuestro estilo de vida no es el único feliz, ni el único válido. Así que no me miréis con pena.

Besis.

miércoles, 19 de agosto de 2015

El curioso mundo de las Youtubers (I): Las mujeres que odiaban el agua

Yo delante de una cámara hablándole al vacío me sentiría ridícula. Partamos de ahí. Diferente es tener en cuenta eso de hablar sola, esas medio broncas que me echo a las ocho en el ascensor cuando compruebo que he combinado la ropa como el culo.

Yo, hablando sola, me veo ridícula. Así que vaya por delante mi admiración a las chicas (como mis compañeras de ItHuelva) que son capaces de soltarle el rollo a la cámara, pasarse horas editando y luego subirlo a internet para que después todos nos creamos con el derecho de dar una opinión más o menos bienintencionada.

PERO.

Hace ya como ocho años (pasa el tiempo que da miedo), estuve trabajando en un pueblo que se me antojaba aislado, pequeño y retrógrado. Luego trabajé en otros sitios y puedo comparar, así que ahora solamente lo considero aislado y retrógrado. Como decía, en ese pueblo, me comentaban mis alumnas de secundaria que jamás de los jamases habían visto un pelo tan bonito y cuidado como el mío(nunca destaqué por mi melenaza), así que me pidieron el secreto.

- Pero algo tienes que hacer para tener así el pelo.
- Nada en especial, de verdad, lo lavo con el champú y luego me echo la mascarilla.
- ¿¿¡¡Mascarilla!!??
- Eeemm, sí. Mascarilla. De la barata. (Creo que la que encontré en la única tienda de aquel pueblo era de Fructis).
- Pero... ¿Cada cuánto?.
- Pues... Cada vez que me lavo el pelo, casi todos los días.
- ¿Qué casi todos los días te lavas el pelo?- Ojos súperabiertos- ¿Y te echas mascarilla todas las veces?- Ojos saliendo de sus órbitas.
- Sí.

Y sí. Salvo en esas épocas extrañas en las que mi pelo se vuelve raruno, necesita mascarilla diaria. O a mi me gusta. Oye, tan suave.

Hablábamos de Youtubers. Esa era mi intención.

Es que hasta hace poco parece que todos los vídeos acerca de productos de belleza iban de lo mismo, de esos champús en seco (marca Batiste) que mágicamente te evitan meterte debajo del purificador chorro de agua de la ducha.


http://www.bellezapura.com/2012/11/09/batiste-el-champu-seco-no-1-en-uk-conquista-mexico/


Así que las youtubers nos decían cosas como esta, enarbolando un bote de champú en seco:

- ¿Qué hacer cuando se te engrasan las raíces?

- ¡Lavarte!- Respondía yo, como cuando mi abuela le contestaba a la de las noticias de Canal Sur.


-¿Qué hago cuando el flequillo se me pone muy sucio?

- ¿Lavarte?- Respondía yo, esperanzada.


- ¿Qué hago para conseguir espaciar los lavados de pelo y lavarlo cada cinco o seis días?

- ¡Pero lávate!- gritaba yo, recostada en mi cama.


Así que me he pasado un tiempecito horrorizada por toda esa gente que hace norma de vida pasar por la ducha lo menos posible. Decidme que no soy la única

Y no, no me vengáis con eso de yo me ducho, pero no me mojo el pelo... El pelo coge olor. Y mucho. Y sí, si las raíces se engrasan el agua y el champú vienen genial. Probadlo, porque parece que para algunas es todo un descubrimiento.

Será una manía que tengo, que lavo las cosas cada vez que las noto sucias. Ni antes, ni después.