martes, 25 de octubre de 2016

Bienvenidos a mi guagua

Os voy a contar una historia.

Hace tres años y casi dos meses, dos maestras repartían, en algún colegio rural del que no habréis oído hablar, un grupo de niños en tres clases.

A la clase A, se destinaron los niños con futuro prometedor, con padres con dinero y cierta posición. Ah, y un par de inmigrantes listos, por disimular.

En la clase B se reunieron niños con menos recursos, pero aun así brillantes, aseados y prometedores. Ah, y un par de inmigrantes listos, por disimular.

Quedaba la clase C, la de los despojos, los sobreros, los que no encajaban. La clase de la maestra que se dio de baja pronto. La de la maestra sustituta que se dio de baja, y vinieron varias más. Como habían sobrado muchos inmigrantes de la "operación disimulo", se formó un grupo que ni la ONU, ¡diversidad al poder!, ¿Qué más da? Ah, y un par de españoles buenos, por disimular.

Hace tres años y casi dos meses estaba yo empezando sexto acompañando en tutoría a uno de los mejores grupos de alumnos que he tenido. Chicos y chicas listos, comprometidos, guapos a rabiar.

Pero hoy, tres años y casi dos meses después, cada mañana entro de maestra en la clase C. Que lo mismo es la A; que lo mismo es la B.


Los primeros días me decían:

- Tu clase es... Bueno. Ya lo verás-.

Y me dejaban en el aire el resto, mientras muerta de miedo, me imaginaba por alumnos a un grupo de orangutanes que iba a subirse por los muebles de esa clase en forma de guagua.

Mi clase es estrecha y alargada. Si hago una foto con el culo pegado a la pizarra salen en el encuadre todas las paredes. Así que cuando enseñé la foto señalando en Facebook lo escueto de mi espacio una amiga canaria dio en el clavo.

- Parece una guagua-.

Así la he bautizado. Mi clase es una guagua. Una guagua que va contra la discriminación, donde nos rebelamos contra lo que nos viene dado de nacimiento, donde cantamos y bailamos si llueve en el recreo moviendo al viento nuestros colores tan diferentes, donde tienen cabida cuatro religiones diferentes, cinco idiomas maternos (y los que vengan en la "campaña") y muchos "de mayor quiero ser".


Una nueva etapa ha comenzado.

Bienvenidos a mi guagua



sábado, 30 de abril de 2016

Mis alumnos me lo pegan todo

Mis alumnos me lo pegan todo. Y desgraciadamente no es una licencia literaria, ni tampoco una exageración propia de haber nacido andaluza. Es que mis alumnos me lo pegan todo y tanto es así que cuando algún virus entra en clase yo ya empiezo a, por si acaso, dejar trabajo adelantado sobre mi mesa por si tengo que ausentarme algún día. Lejos de acostumbrarme, mis defensas no se enteran de qué va el tema y cada vez lo llevo peor.

La semana pasada (la pasada a esta que termina), mi pequeña V, con su pelito de miel, me dice justo antes de salir al recreo:

- Me duele mucho la barriga, maestra.

- Pero, ¿dolor de hambre o dolor de estar malita?- Inquiero.

- De estar malita.

- Bueno, intenta no correr mucho y no comas. Si te vas encontrando peor me lo dices y llamamos a casa, que hoy vigilo recreo.

- Vale.


Veinte minutos más tarde la niña me dice que se encuentra fatal y desde mi móvil llamo a su madre. Le digo a la niña que vaya recogiendo sus cosas. Y tal como la pierdo de vista me viene otro alumno a decirme que V ha vomitado en la clase, así que corro descompuesta y preparándome para lo peor escaleras arriba.

Mi pequeña V llora asustada y desconsolada. Una plasta rosa me dice el aspecto que tienen un perrito con ketchup y un zumito de naranja, cuando se han masticado y tragado, pero no se han digerido. Afortunadamente no hay olor, aunque yo abro todas las ventanas, por si acaso.

Me bajo a la niña y espero con ella hasta que vienen a buscarla, justo cuando suena el timbre.

Ese fin de semana, pierdo un kilo cien gramos si apenas esfuerzo.


La faringitis vírica de este fin de semana me la pegó el miércoles M, una de mis bellezas, cuando en mitad de examen se puso a toser y a llorar, yo la cogí en brazos porque pensé que era otro de sus ataques de ansiedad y no, es que me estaba pegando uno de los dolores de garganta más chungos de los últimos tiempos.

Ayer viernes eché la mañana en clase como pude, con esos caramelos con anestesia que te duermen toda la boca, echando mano de forma compulsiva del microondas de la sala de profesores para que me cayese líquido caliente por la garganta. Eso sí, de hablar ni el intento.

A la salida, después de que el timbre me sonase a melodía celestial, noto a N muy preocupada. Como sé que en casa pasan un poco de ella, la cojo de la mano, me la acerco y le susurro como puedo que si está mala, que si está bien.

-Preocupada- Me dice, mirando al suelo.

-Cuéntame qué te pasa, cielo.- La traigo hacia mi dándole un besito en la cabeza, buscando no pegarle el resfriado que me ha llevado a urgencias a las siete de la mañana.

Levanta su cara delgada hacia mi y me suelta, mientras le acaricio su largo pelito:

- Que tengo piojos. Y mi madre no me deja decirlo - Interrumpo mis caricias mientras noto un horror paralizante- Y este fin de semana tengo una boda y voy a la peluquería y todo.

- Ya. ¿Y por qué no te deja decirlo mami?

- Porque dice que la gente no se va a querer acercar a mi, y eso que le he dicho que tú eres diferente.

La pequeña N, con su mata de pelo, se me acerca y me abraza fuerte. Yo intento que no se sienta rechazada mientras valoro seriamente comprar algo en la farmacia de camino a casa.

Sin embargo el dolor paralizante de garganta me borra la memoria hasta hace un rato, cuando me he puesto a recordar el episodio. Y no, no me pica nada pero, como los alumnos me lo pegan todo...

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Mis pantalones gamberros

Después de este annus horribilis, este diciembre estoy volviendo a entrar en pantalones muy pequeñitos. De los que tienen lycra y cuando los ves en la tienda, mides la cintura, y compruebas que mide poco más de un palmo te haces un meme de esos contra la anorexia para rularlo por twitter y lo triunfas. Pero no, es la lycra. Pero íbamos a hablar de que vuelvo a tener el culete pequeño.

Por eso de mi tamaño menguante estoy renovando vaqueros. Porque algunos se me caen y me quedan ridículos de grandes y otros van por el mismo camino como pierda medio kilo más. Así que entré en el Lefties, porque he visto por Instagram que tienen diseños chulos. Como digo, entré en la tienda y me puse a mirar los vaqueros. En seguida dos modelos de ripped jeans me llamaron, unos en gris y unos en negro.

Los negros me han enamorado, oye. Con esos rotos grandes en la rodilla (con los 20 grados de máxima que estamos teniendo en pleno diciembre me han parecido una excelente opción), con esos botones de la entrepierna a la vista... Con ese bajo a tijeretazos... Son chulos. Son bonitos. Son muy yo, muy pijos y muy gamberros. Amo mis pantalones gamberros.

Hoy los he estrenado. Con la chupa de cuero. Diría que es una biker, pero es una chupa. Negra, de cuero de verdad, de esas que ya están vividas y no son rígidas y... Es estupenda.

Foto enviada a las ocho y veinte a mis amigas por guasap.


Al llegar al paso de peatones que está a 30 metros de la puerta de mi casa el conductor, al que mando al peo cada mañana cuando pasa de mi cara, pega frenazo y me deja pasar. Chungo. El mundo ha cambiado, lo siento en el agua, lo siento en el aire.

Al llegar al garaje, mientras se abre la puerta el barrendero me mira y me da un "buenos días, so guapa". Le miro de reojo. Con ese barrendero coincido varias veces a la semana y no me ha mirado nunca a la cara.

Vuelta del trabajo, paso de peatones, frenazo del conductor. Insólito.

Esta tarde he vuelto a salir. He parado en un kiosko a comprarme chicles después de cotillear unas revistas. El kioskero, que no es donde suelo parar, me ha regalado unos caramelos por guapa, y por simpática (eso ha dicho).

Mientras iba pensando en si es casualidad o no, casi me como a un chico con un forro polar de cruz roja que se incorporaba por mi derecha. Musito un "perdón" y sigo adelante. Él se pone a mi lado apretando el paso y me dice que tenga cuidado, que llevo el bolso abierto, que hay mucho mangante al descuido y que a una mujer tan guapa como yo no debiera pasarle nada malo. Cuando le he dicho que no se preocupe que pego unas ostias como soles ha captado mi deseo de seguir la marcha por mi cuenta.

Vuelta a casa... Pasos de peatones con frenazo.

Mi marido me ve normal, con los pantalones apretados como el pellejo de los chorizos pero yo siempre los he llevado así, desde los 14 años (es una de las cosas con las que se suele meter mi hermana conmigo), a ver... Pero había subido a la 40 y parece que me había vuelto de nuevo invisible al mundo, a los hombres... ¿Es esto machismo? ¿Tenemos que tener una determinada talla para que nos traten con amabilidad? ¿Para que nos den los buenos días?

¿"Trata a los demás como si siempre tuvieran una 36"?

P.D. Mi culo de la 36 se debe a la mi reciente recuperación de la buena salud, hacer alimentación sana y llevar una vida relativamente activa.

P.D. bis. Mi alimentación sana incluye Nocilla y castañas asadas. Cinco comidas al día. Seis o siete comidas si cuento el picoteo del chocolate. No es coña. Tampoco voy al baño a vomitar.

lunes, 9 de noviembre de 2015

El dolor miserere y otros apuntes de sabiduría

Desde el domingo 25 de octubre hasta el día de hoy he aprendido mucho; de verdad. Por eso me parece que debo compartirlo y hacer llegar esa sabiduría, en una lista de descubrimientos ordenados de forma cronológica, lo más lejos que pueda. Comencemos.


Del domingo 25 de octubre al lunes 26 de octubre.


- El cuerpo es tan sabio que resulta lógico pensar que si normalmente se tiene hambre, y esa sensación desaparece durante una semana, algo va mal.

- Hay domingos que empieza muy bien, pero pueden terminar fatal. Por ejemplo, puedes empezar comprando alguna revista de moda y acabar, esa misma noche, retorciéndote de dolor.

- Puede resultar que nos sintamos tan enfermos que no atinemos a avisar por teléfono a nadie.

- El tiempo se dilata o se contrae en función de lo que te duela algo. Si tienes fiebre y caes inconsciente la noche puede resultarte a la vez eterna y corta.

- Es posible avisar a tu jefe de que no vas a trabajar espetándole "No sé qué tengo, pero estoy muy mala, me voy al hospital" en tono lastimero, mientras te abrazas a ti mismo.

- Cuando le dices a un médico "me duele TODO" y es verdad, lo despistas mucho. Pero a los médicos hay que decirles la verdad, porque es mejor no tener diagnóstico que uno erróneo.

- A veces se da el caso de que duele mucho que te cojan una vía.

- Una subida grande y repentina de fiebre puede hacerte delirar, incluso te sentirás muy creativo, haciendo chistes acerca de Rajoy (¿Y la europea?). A lo mejor te haces tanta gracia que te ríes y te retuerces de dolor a la vez, mientras tu madre y tu marido ponen una cara muy rara.

- A veces despistas tanto al médico que no puede darte un diagnóstico, y entonces te manda a casa, "a ver cómo evolucionas". Y al principio te fastidia, pero luego lo ves normal.

- Puede pasar que te encuentres tan mal que quieras quedarte en casa de tus padres, porque sabes que los maridos aguantan despiertos un número limitado de horas.


Martes 26 de octubre.

- Si te encuentras mal, y has quedado, siempre habrá algún optimista que te diga eso de "anímate y vente, que ya verás cómo te pones mejor".

- Eso te hará pensar en dos cosas. La primera que cuánta gente faltará al trabajo por algo que se cure tan fácilmente como animándose y largándose de merienda. La segunda, que a ver cómo le haces entender a la gente que te encuentras a morir.

- Si viene tu marido y le dices que te duele la tripa va a hacer una cosa muy curiosa consistente en apretarte un lado del abdomen y soltar la presión de golpe. No digas que te duele eso porque te pierdes.

- Mi amiga S es bruja: "Mañana a estas horas estás "operá", acuérdate de lo que te digo" Aunque termina su profecía con un "te voy llamando" y dando muchos ánimos.

- Que te cojan una vía puede doler muchísimo.

- He dicho antes que si dices que te duele te pierdes porque lo de apretar y soltar lo repetirán el médico de cabecera, la médico de urgencias, el señor que te hace la eco y que tiene raíces del tinte... Hasta que harta de ese sufrimiento, que consideras, gratuito grites: "¿Esto qué es? ¿La moda del día?".

- Puede que lo de soltar y apretar te haya dejado tan tocada que tiembles al ver llegar al cirujano.

- No todos los cirujanos jóvenes y guapos están en Anatomía de Grey, y por eso maldecirás la ducha del domingo donde dijiste "Bah, ya me depilo mañana". Si además no te hace lo que duele y te trata con mimo cuando te explora la tripa morirás de amor; incluso delante de tu madre y de tu marido (Ese ciru cómo mola se merece una ola)

- Puede pasar que la primera reacción que tengas cuando te dicen que te van a operar sea comprobar que llevas unas bragas monas. Toda una vida pensando en el miedo que te daría estar en esa situación en cambio te preocupas por llevar las bragas adecuadas.

- La señora que te viene a explicar que para operarte te pongas una batita abierta por delante puede que también se fije en lo monas que tienes las uñas. Das gracias de llevar cubiertos los pelos de las piernas y empiezas a hacer mentalmente una hucha para la depilación láser. Luego termina diciendo que solamente la bata, nada de ropa interior. Así que tu preocupación por las bragas pasa a un segundísimo plano.

- Lo que mi abuela llamaba "el dolor miserere" no es otra cosa que apendicitis.

- Existen anestesistas que son unos bromistas y que, cuando le sigues el juego, te cuentan algo que hagan que te partas de risa estando ya sobre la mesa de operaciones.

- Piensa en algo agradable- Me dijo el señor anestesista.
- Zapatos- dije, como respuesta.

#famosasúltimaspalabras


Cosas aprendidas post-cirugía

- Duele menos lo del apéndice que lo de meterte un tubo en la boca durante la operación.

- La anestesia puede dar alucinaciones.

- Es posible que, por la operación, el control del pis sea una nueva cosa a aprender.

- Que me cojan una vía es el nuevo terror de mi vida.

- El cachondeo de mi familia puede que no tenga límites.

- Una magdalena metida en Nesquick tras cuatro días sin comer sabe A GLORIA.

- Lo de tener grapas en el cuerpo es algo chungo de pensar, pero poco doloroso y molesto en la práctica. Incluso cuando te las quitan.

- La amistad no se demuestra con grandes aspavientos, ni frases en Facebook de "mi amiga es mi hermana". Se demuestra con una visita con cara preocupada, con callarte antes de la operación que sabes de alguien que murió de eso, con unos calcetines que te pongan de buen humor. Gracias.


Cosas que son un hecho

- Las duchas están infravaloradas. Duchaos. Duchaos mucho, duchaos bien.

- Los cupcakes nunca, nunca, nunca podrán igualarse a una magdalena, con su costra de azúcar por encima.

- Nunca olvidéis que cambiar de postura es un placer solamente igualado con poder dormir de ladito.

- No hay nada más perenne que el pegamento de los esparadrapos. Ni los diamantes.

lunes, 26 de octubre de 2015

El increíble caso del cerebro creciente

¿De verdad te crees eso de "Quod natura non dat, Salamanca non presta"?

Pues es mentira.

Al menos, cuando contamos con un cerebro sano. Os voy a contar un secreto que sabemos los maestros: A veces se confunde un niño con altas capacidades intelectuales, con un niño bien estimulado. Y voy más allá, sabemos que un niño bien estimulado probablemente tendrá altas capacidades. ¿Qué por qué no os lo decimos? Porque la mayoría de las veces que decimos que debe usted estimular mejor a su hijo estamos comprando papeletas para, como mínimo, meternos en bronca (¿ME VAS A VENIR A DECIR CÓMO TENGO QUE TRATAR A MI HIJO?). Pero os prometo que se puede mejorar mucho el rendimiento intelectual solamente siguiendo unas pautas en la forma de relacionaros con él.

Hay mil y una publicaciones (que os recomiendo) acerca de la estimulación temprana. Sí, hay pautas para que desde el primer minuto de la vida de vuestro hijo veléis por su desarrollo físico e intelectual, pero a veces los libros se olvidan de esas cosas que parecen obvias y que, cuando observo a mis alumnos, no lo son para nada.

¿Quieres estimular el intelecto de tu hijo? Venga, te doy las claves que no vienen en los libros.



Primero dejemos claro qué entendemos por eso de ser inteligente; no es retener muchos datos, ni manejar muy bien la tablet o el móvil. Una persona inteligente es aquella que es capaz de razonar y poner en juego los conocimientos que tiene para resolver problemas, situaciones...

En la escuela clasificamos a los niños por encima de la media (con respecto a su edad) cuando, básicamente:

- Tiene y usa un amplio vocabulario, y tiene referentes de la vida real.
- Resuelve actividades complejas (sobre el papel o sobre la práctica), donde se requiera de un razonamiento lógico.
- Se expresa correctamente tanto de forma oral como escrita.
- Se desenvuelve socialmente de forma adecuada, y manifiesta madurez e inteligencia emocional.

Imagina que tienes un cuerpo sano, pero quieres echar músculo. A lo concurso de culturismo. ¿Se te ocurre qué hacer? Seguro que estás pensando en mejorar la alimentación, en ir a un gimnasio y echar horas y horas ejercitándote. Vas bien. Seguro que ganas masa muscular, ¿verdad? Pues el cerebro es igual.

Tips para tener un hijo inteligente

- Lo primero de todo, hazte a la idea de que tu hijo debe pasar tiempo contigo. No a tu lado. No en el mismo espacio vital que tú. Contigo.

- Llévate a tu hijo a todos lados. Te prometo que un niño bien educado se puede llevar a todos lados. Así que imagina que es tu siamés y te lo enganchas. A la compra. A la ferretería. A dar un paseo. Al restaurante. A todos lados. El niño, el nuevo complemento de moda. ¿Captado?

- Te vas a llevar al niño para INTERACTUAR con él, no para dejarlo correr y decir en voz alta "qué harta me tiene este niño, no sé qué hacer con él". Tarde, ya tienes un hijo, así que ocúpate de él.

- Habla con tu hijo. Y no me refiero a que le des órdenes. Interésate realmente por lo que dice. Nada de imitar su forma de hablar, porque así no se avanza. A hablar se aprende por imitación, así que usa un vocabulario rico, amplio y anímale a que pregunte cada cosa que no sepa. Incluye refranes, frases hechas, comparaciones... ¡Humor!

- Cuando habléis usa ironías, sarcasmos, dobles sentidos... Y si no los pilla a la primera es normal, se los explicas; seguro que de pequeño tampoco captabas esos matices del lenguaje. Enriquece al máximo su lengua materna.

- En el súper vas a hacerle leer las etiquetas. Le vas a pedir que te cuente qué comidas le gustan y por qué. Le vas a contar tú lo mismo. Vas a hacerle leer los precios, sumar de cabeza, redondear precios y saber si con el dinero que le enseñas va a tener bastante. Las matemáticas son tu objetivo en cada visita al Mercadona. Y que no se te note.

- Le harás tomar decisiones. Razonadas, y que te las explique. ¿Qué paquete de azúcar sale más a cuenta, el de un kilo o el de dos? ¿Cuál de estas dos opciones trae más champiñones, la lata de 250gr o la lata de 350gr?.

- Cuanto menos televisión y videojuegos, mejor. Cuanto más juego con juguetes, juegos de mesa o en la calle con amigos, mejor. La vida real, la interacción humana siempre siempre va a ser mejor.

- Ofrece diferentes entornos sociales; que se relacione con personas de diferentes orígenes y edades, y enséñale respeto; enséñale a ajustar su forma de hablar en función de si estamos con un extraño, con familia, con amigos... A usar los diferentes registros formales o informales. Amplía todo lo que puedas el círculo de personas con las que se relaciona.

- Fomenta la libre expresión y la creatividad. Y para esto no necesitas un dineral o tiempo de extraescolares de música o pintura. Se puede hacer percusión con cucharas de madera, seguir un ritmo con las palmas, bailar vídeos musicales en YouTube. Pon a su alcance diferentes materiales para manualidades y anímale a experimentar con ellos. Lo peor que puede pasar es que se ensucie.

- No se lo des todo hecho. Plantéale problemas cotidianos (si hace falta te los inventas) y anímale a resolverlos. ¿Vas a servir la leche? Anímale a averiguar cuántos vasos se llenan con un brick... Me refiero a este tipo de cosas.

- Haz de la lectura el mejor pasatiempo. Lee en voz alta, sé su modelo, poned voces a los personajes.

- Apuntaos a los juegos de mesa en familia. Contando dinero en el Monopoly, creando alianzas y estrategias, negociando con los demás jugadores un cambio de propiedades. Esas habilidades para la vida no la enseñan los videojuegos.

- No descuides su desarrollo emocional. No le edulcores la vida. Evita decirle que no llore. Ayúdale a identificar las emociones, cómo se llaman y qué es lo que le hace sentirse así. Enséñale a sentir frustración, enséñale que no hay emociones prohibidas, las emociones son humanas (prohibidas pueden ser las acciones por las cuales manifestamos una emoción, por ejemplo una agresión ante la ira o la tristeza). No hay emociones incorrectas, sino reacciones incorrectas. Enseña resiliencia y asertividad.

- Proporciona buen ocio y sé su ejemplo. Lectura, televisión responsable, deporte, paseos en familia. Talleres, museos, turismo rural... Enséñale a amar y a respetar el entorno. Descubre con él las cosas que tampoco sepas de la naturaleza.

- Atiende a sus preguntas. No hay temas prohibidos. Es tu hijo.

- Enséñale, con tu ejemplo, a demostrar afecto.


No hay más trucos.

domingo, 11 de octubre de 2015

Las cabritas valientes no temen a la lluvia

Yo me equivoqué de profesión. De pleno. Porque siempre tuve muy claro que lo mío era el periodismo. Me acuerdo, de pequeña, que escribía periódicos en casa con una Olivetti color celeste que pesaba un quintal, dando a las noticias de los acontecimientos familiares ese toque que aún hoy tengo. Y cuando llegó el momento de elegir profesión pues no luché por lo que de verdad me gustaba y pienso que se me hubiese dado bien. Pero seguí la corriente.

Sí. Me hubiese gustado contar cómo se desborda un río metida hasta las rodillas en agua, micrófono en mano. Sí, me hubiese gustado ser la que haga la pregunta incómoda en una rueda de prensa. La que escribe la columna de opinión del dominical. Esa me hubiera gustado ser.

Y soy maestra.

En mi clase hay una cabrita loca. Yo la llamo así y cuando se lo digo viene con un:

- Ven p'acá, cabrita loca, que me tienes harta- Y le doy un beso, y le digo que se siente y se porte bien. Y me hace caso una media hora.

El sobrenombre se lo puse una mañana en el colegio, en el que empezó a llover; yo iba corriendo hacia mi clase porque había ido a un recado y tenía el fuerte sin vigilar, y de reojo vi un arcoíris. Un arcoíris doble. Así que saqué corriendo a los niños al patio, a una parte cubierta para que lo pudieran ver. De pronto me vi una cosa chica vestida de lila que se escapaba del grupo.

La niña corría bajo la lluvia, haciendo círculos cada vez más grandes, las manos abiertas y la lengua fuera, plena de felicidad, bebiendo agua de lluvia.

- ¡Pero...! ¡Ven p'acá, so loca! ¡Ven p'acáaaaaa!- Le decía yo, intentando atraparla mientras también me empapaba.

Desde entonces, y pese a su precioso nombre de señora de la alta sociedad andaluza del s. XIX, es mi cabrita loca.

Yo conocía a la cabrita de vista, de verla en el patio con su pelito castaño, con la misma coleta que me hacía mi madre a su edad, con un flequillo que se le metía en los ojos. Y me enamoraba. Así que cuando me dieron la noticia de que iba a ser mi alumna me impacienté por el encuentro del primer día.

Ella entró en clase y se escondió, en un rincón, junto a una columna.

- Hola, soy la maestra Lileth- le dije.- ¿No te quieres sentar?

Me respondió negando con la cabeza. Me agaché hasta ponerme a su altura.

- ¿Y eso? ¿Estás nerviosa?

- Un poco- musitó.

- No serás que tienes miedo- La reté.

Asintió, bajando los ojos.

- Y... ¿De qué tienes miedo?

Entonces levantó la vista y me hizo un gesto elocuente que venía a decir "¡Pues de ti, pedazo de tonta!".

Año y pico después de eso, recordamos el momento entre risas cada vez que me la siento en las rodillas para consolarla por algo.

La última vez que he tenido que hacerlo es porque mi cabrita loca piensa que es la tonta de la clase. Me he acordado leyendo el post de Perri M, y me ha hecho pensar.

Mi cabrita no es tonta, si bien tampoco destacaría la brillantez de su razonamiento mental por encima del de la mayoría de sus compañeros, de tonta nada. Una cosa es no ser brillante, y otra muy distinta ser tonta.

- Tonta tu maestra- le dije- ¿No has visto la cantidad de tonterías que hago a lo largo de la mañana?- Es la pura verdad, os lo juro. Pura verdad que se lo dije y pura verdad que hago el tonto por encima de mis posibilidades.

Yo a mi cabrita le aconsejo que estudie. Y que se esfuerce. Y, sobre todo, que sea sincera y valiente.


Si yo hubiese sido sincera y valiente...

Si tú, que me lees, hubieses sido valiente ¿Dónde estarías?

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mi alumno, el raro

Todos conocemos a alguien que es muy raro.

- Ains, oye, Fulanito, qué raro es.- Decimos.

Pues bien, quizá os suene raro pero ese adulto raro que conocéis, de niño, era también un raro. Quiero decir, uno no es un niño normal, feliz de mancharse los pantalones tirándose al suelo en la plaza y sufre una metamorfosis durante la adolescencia que los convierte en el adulto raro que tenéis en la familia, o como compañero de trabajo. El raro nace, no se hace.

Y yo, señores, tengo un niño raro en mi clase.

Reflexionaba yo, idealizando, acerca de esto durante el verano pasado (verano que me he tirado poniéndome morena en la playa, bañándome en el mar y lamiendo mis heridas como he podido, mal que le pese a algunos), e intentaba autoconvencerme de que no hay niños raros, y tal.

Pues el diez de septiembre, cinco minutos antes de las nueve de la mañana, mi alumno vino a dejarme claro que el sobrenombre que le tengo puesto no es nada despectivo, sino justo y acertado. Para mi alivio, todo sea dicho.

Porque a ver, hago un inciso, yo siempre he sido muy de plantar etiquetas: Tú, la fea, tú, el que se muerde las uñas, tú la inútil social... Pero eso de trabajar con niños parece que te abre la mente y te ablanda el corazoncito y hace que cada día te plantees de una forma diferente las cosas; y las etiquetas es algo que estoy intentando evitar a toda costa. Y si las pongo, las pongo de puertas para adentro porque luego, sin querer, hago de modelo de mis alumnos y no es plan de que me imiten los malos hábitos.

Inciso número 2, que oye, las maestras SOMOS PERSONAS. Con defectos. Insultamos cuando se nos saltan un ceda el paso, olemos mal al hacer popó y tenemos vida privada. Pero eso, vida privada, opiniones privadas.

Decía que, el diez de septiembre, cuando se abrieron las puertas del colegio, me vi de pronto rodeada de mis alumnos. Que me abrazaban, me daban besitos. Las niñas me decían que qué pelo más largo (en verano me crece el pelo como mala hierba) y allí que me vi venir al niño al que, durante el verano, había decidido quitarle la etiqueta. Y la jodimos.

- Hola fulanito,- le dije, manteniendo la distancia física como a él le gusta- qué guapo te veo, ¿qué tal el verano?

- Matamos a mi perro. Con una inyección.- Me contesta con voz monocorde.

- Ehhh, vale... Ponte en la fila, anda.

Pues eso, feliz comienzo de curso, Niño Raro.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Es de bien nacidos ser agradecidos

Hoy una compañera de trabajo me ha preguntado si tengo hijos.

Luego, la edad.

Luego me ha puesto cara de pena.

Yo he levantado una ceja.

Acto seguido me ha dicho con la mano en el pecho que no me agobie, porque alguien que conoce tuvo hijos a los cuarenta.

Hijos sanos, me aclaró.



Gracias por tu apoyo.

De verdad.


ZORRA.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Mamá gallina no te quiso (desde el principio)

Vamos a partir de que mi cole (este en el que es el cuarto año en que trabajo) es guay.

Guay de los que molan.

Guay de los que te dejan organizar todo tipo de cosas pedagógicas y lúdicas y en vez de problemas te dan facilidades. Y no hacen preguntas cuando te ven saliendo con 28 chavales a ver un eclipse de sol.

Y guay de los que te sueltan una clase complicada a voz de "hemos pensado en ti, sabemos que eres la ideal para esto" y te hacen un encarguito.

Así que cuando me soltaron la clase de Doña Pellizquitos puse todo de mi parte.

Doña Pellizquitos tiene ocho años, una piel que enamora y fascinación por las princesas Disney. Su favorita es La bella durmiente, por estética, pero las canciones de La bella y la bestia le gustan mucho, mucho, mucho. Tampoco le hace ascos a Frozen, pero la sacas del "Libre soy" y pasa un poco.

Doña Pellizquitos tiene la piel delicada (y es tremendamente presumida), así que cuando yo me echo crema de manos le tengo que echar a ella. Y si cae un masaje pues mejor. Y si la crema huele a rosas, pues mejor. Y si cae un besote, pues mejor.

Doña pellizquitos a veces me busca los límites y se las ingenia para hacer lo que le da la gana. Y entonces le tengo que explicar que no, que no es momento de ordenador ni de estar dándose una vuelta por la clase.

La señora tiene un carácter que no veas, así que a veces solamente se enfurruña, pero a veces se pega a sí misma y a veces me suelta un pellizco.

Ah, que no lo he dicho, que Doña Pellizquitos es autista. No sabe hablar. Y lo de comunicarse pues lo hace de una forma muy así.

Pero no os equivoquéis y no os creáis lo que dicen los expertos por ahí acerca del autismo.

Doña pellizquitos tiene sentimientos. Tiene gustos, tiene preferencias entre las personas. Doña pellizquitos a veces se enfada conmigo, pero como no me lo puede decir, me suelta un pellizquito (cuando no he sido rápida en agarrarle la mano) para que me de por enterada. Y tiene compañeros que le caen muy bien, y otros de los que pasa. Y hay cosas que le dan mucho miedo, como los animales, y otras que le dan mucha risa, como cuando se tira un pedo y le digo que es una guarra y que me va a matar del asco.

Cuando Doña pellizquitos está feliz, se ríe. Y da gloria oírla. A veces estamos haciendo un examen, ella está en su mesita con sus cosas de princesa Disney y mira al infinito y sonríe, suelta una carcajada y los compañeros la imitan. Entonces ella se da cuenta de que los demás estamos igual de contentos y su sonrisa se amplía todavía más. Y ya, con eso, tenemos hecho el día.

Doña Pellizquitos no es una más, porque nos da mejores momentos que cualquier otro alumno. Por eso sus compañeros la quieren, mucho más de lo que os imagináis. Incluso cuando se enfada mucho, y la tengo que agarrar, con las manos y las piernas, mientras le digo en voz baja que hay que calmarse, que no pasa nada, que puede ponerse tranquila... La queremos.


La señora Cacahuete nunca me gustó. Parece que yo tampoco a ella, desde que el primer día le dije en su cara, sin querer, que estaba hecha una vieja, pero igualmente la mandaron a cubrir una hora en mi clase mientras yo atendía a otro grupo al que le daba una asignatura.

Yo esperaba a la cacahuete (su piel nunca perdió el marrón feo y amarillento de los cacahuetes) en la puerta de mi clase para decirle que se lo había dejado todo planteado, que solamente tenía que sentarse y dejar que todo fluyera. Porque Pellizquitos estaba con sus princesas, los demás dibujando o leyendo, y que cincuenta minutos se pasan en un tris.

Hasta que la cacahuete de mierda se asoma a mi clase y me suelta a ver a Doña Pellizquitos:

- Aaaaaah, NO, YO con ESO no me quedo.

Fue tal el odio y asco que le vi en la cara, y fueron tantas las ganas de cruzarle allí mismo a la cacahuetedemierda la cara (está feo agredir a una señora embarazada), que cogí a Doña Pellizquitos de la mano y me la llevé escaleras arriba.

A la cacahuetedemierda nunca volví a hablarle.

Cuando no la he visto a principios de curso y me han dicho que se ha ido a otro colegio me he alegrado mucho.

De verdad. Así que he mirado al infinito y he sonreído.

martes, 8 de septiembre de 2015

Dress code de boda para Dummies (O cómo saber qué te pones para ir a una boda si eres un inútil del estilismo)

Yo el otro día fui de boda. Que la boda fuera entre dos chicos y me tocara sentarme en la mesa homófoba es otra historia que algún día tengo que contar. Pero iba vestida divinamente. Tanto que un grupo de invitados me montó un club de fans porque "te he visto en la tele, en un progama de cante o de modas" y cuando lo negué pensaron que la estrella quería pasar desapercibida. Modas, en plural. Y prometo que mi sofisticación era de muchas temporadas atrás de Zara, Uterque, y Membur. Nada nuevo bajo el sol.


En la boda hice muchas fotos y si bien posé con mi tocado prestado en algunas de ellas, la mayor parte tuvo como objetivo plasmar los estilismos ajenos y mandárselos a mis amigas en un grupo de guasap. Ellas hacían la croqueta, mientras que yo no salía de mi estupor.


De toda la sabiduría que acumulé ese día nace este post (los lectores avispados pueden hacer la interpretación entre líneas e intuir mi sufrimiento).

- Si eres un hombre, y se te ven los dedos de los pies, NO es para una boda.

- Si sirve para hacer deporte, NO es para una boda.

- Si tiene tela que se usa para fabricar ropa de hacer deporte, NO es para una boda.

- Si la tela podría servir para un disfraz de carnaval, NO es para una boda. Si el traje entero sirve para una fiesta de carnaval, quémalo.

- Si enseñas más porcentaje de cuerpo que el que tapas, NO es para ir a una boda.

- Si es apropiado para ir a una discoteca, NO es para ir a una boda.

- Si es probable que te confundan con la novia, NO te lo pongas para una boda. Lo bien que te sientan los colores claros no es excusa.

- Si no es de tu talla, NO es para una boda.

- Si tu estilismo parece sacado de un remake malo de El Padrino, NO es para bodas (Truco: Si la corbata es más clara que la camisa va a ser que no es para bodas, ni siquiera para salir a la calle).

- Si parece que estás rodando una de Almodóvar NO es para bodas.

Y, sobre todo, señoras mías

- Si marca las bragas NO es para una boda.


Gracias.
-

jueves, 27 de agosto de 2015

El clavo que sobresale siempre es amartillado

Se llamaba como una virgen mexicana porque su madre, angustiada durante el parto, se encomendó a esa figura que ni siquiera había tenido tradición familiar. Un vez acabado el parto, que parece que no fue sino un parto normal vivido por una primeriza, le puso a la niña el nombre de la virgen nunca antes nombrada dejando a toda la familia con la boca abierta.

Cuando yo la conocí tenía quince años, un pelo castaño que le llegaba por la cintura, el mejor conjunto de la colección de Mango de aquel año, y una personalidad arrolladora.

¿Cómo olvidar esta colección de ropa?
 
Recuerdo que me compré la misma falda que ella en cuanto pude pero que al enseñarla en casa mi padre me mandó directa a la tienda con la falda y cinco mil pesetas más en forma de soborno "para que te compres algo con más tela".

Mi amiga esta del insti, aunque no llegamos a ser íntimas, era guay. Lo guay que se puede ser a los quince, ya me entendéis, pero al menos destacaba por encima de esa masa de borreguitas que eran las niñas de segundo de BUP de mi insti. Mismo pelo, misma cara de boba, mismo pantalón vaquero.

Ella no vestía igual, no pensaba igual, y no actuaba igual. Era refrescante. Y no sacaba muy buenas notas. Así que sus padres la amenazaban constantemente con eso del internado.

Hasta se enamoró. Y fíjate que hasta en eso fue especial, porque no se enamoró del más guapo, ni del más listo, ni del más guay. Se enamoró y punto.

Así que un día a la enamorada se le echó la noche encima hablando en un banco en la calle.

- Te lo juro, tía, que solamente estuvimos ahí, hablando- Me decía, entre lágrimas, justo después de decirme que pensó que era tardísimo cuando el sol comenzó a salir de nuevo.

Ella no volvió de las vacaciones de semana santa, porque lo del internado fue verdad.

Así que no la volví a ver.

Bueno, quince años después, vi a una chica con su cara, y su pelo pero cortado, y empujando un carrito de bebé de esos clásicos. Esa chica iba vestida como todas las demás pijas, con esa horrible ropa beig, con esas estúpidas bailarinas que se ponen las pijas del mundo para justificar que corren detrás de unos hijos de los que en realidad pasan olímpicamente.

De vez en cuando me acuerdo de ella. De la chica que conocí con quince años y a la que no reconocí en su gemela de la media melena.

Y entonces pienso en mi, y en si alguien reconocería ahora a la que conoció, cuando la que tenía quince años era yo.

lunes, 24 de agosto de 2015

Grandes ventajas e inconvenientes de ser la última mujer del mundo en tener un hijo

Cuando mis hermanos decidieron tener hijos fue todo bastante guay. Mi primera sobrina me pilló con 16 años, y me parecía lo más parecido a un juguete cuquísimo pero vivo.

Cuando se me meaba encima también me parecía cuqui. A mi los críos me encantan.

Cuando se me agarró llorando histérica la primera vez que la llevé a la guardería y la maestra, monitora o lo que fuera me la arrancó de los brazos empecé a intuir que lo de los niños tiene un reverso oscuro horrible.

La última de mis amigas íntimas ha tenido un bebé, le ha puesto mi nombre y me tira pullitas cargadas de envidia de color verde haciendo referencia a mi verano loco de mujer sin hijos, esto es, playa sin horarios, cenas sin horarios, salidas sin horarios...

Cuando quedar con las amigas de siempre o la familia implica llevar a un menor de edad (mi sobrina mayor ya estudia en la universidad...) ves, desde esa sapiencia salomónica que da ver las cosas desde fuera, que tú lo tienes todo más que controlado.

Desventajas de ser la última de todo tu entorno en tener hijos

- Quedar con amigas se limita al horario infantil. Normalmente no me supone problema. A veces no me apetece adaptarme. Y a veces hay gente que no entiende que tú vayas por libre porque no tienes sus complicaciones.

- Ya te sabes todas esas cosas que pueden salir mal: Una cesárea con complicaciones, un parto vaginal horroroso (de verdad, ni necesito ni quiero tener todos los detalles), un hijo que no nace todo lo sano que esperas.

- Te cuentan todos los detalles. TODOS. Si su retoño ha cagado o no, el color, olor y aspecto de las deposiciones, y el tremendo tamaño de las almorranas que tienes en el último trimestre del embarazo. Voy a vomitar, gracias.

- Aterran los estragos físicos: Las cicatrices, las estrías, las mastitis, las grietas en el pezón... Y te lo enseñan, mira mira. O aún peor, te enseñan el vientre plano que se les ha quedado a los quince días de parir cuando tú aún luces el flotador que te dejaron los polvorones. Ojalátemueras.

- Aterran los estragos de personalidad. No, en serio. Mi amiga ya no se llama fulanita en el guasap, ahora se define como "madre de tal" ¿Dónde ha ido a parar mi amiga la que tenía esa personalidad tan guay? La anulación personal de alguna gente me deja pasmada.

- Si ya era chungo ver a esa pareja de amigos llamarse "cari" y "cuchi", verlos llamarse entre ellos "mamá" y "papá" deprime tanto que te entran ganas de llorar. En serio.

Aquí Lileth, alimentando a bebé prestado



Ventajas increíbles de ser la última en el mundo mundial en tener hijos

- La mejor, y por eso lo pongo en primer lugar, decirle a la cara a la que te mira con pena porque ella lleva tres y tú llevas cero eso de "ME HE LEVANTADO A LAS DOCE". Impagable. De los mejores momentos de mi vida ever.

- Me siento libre para disponer de mi tiempo. Y eso, señores, veo que es mucha libertad. A ver, que no se me entienda mal, tener hijos debe ser guay, pero por ahora disfruto mucho de esto. Y de dormir hasta las doce o la una también.

- Domino la cara de "ok" cuando alguien me habla durante un par de horas del proceso de comparación y selección del carrito del bebé. Y del método de esterilización de biberones (¿Pretendían tener un hijo-burbuja?), de las marcas de pañales... Y como aunque mucha cuenta no he echado pero algo siempre queda ya me lo sé todo todo y todo por si alguna vez me pongo manos a la obra.

- Cuento con algunas ventajas estupendas (achucho a bebés frecuentemente) sin contar con sus desventajas.

- Ya me sé todos los sitios chulos para vestir premamá.

- Si dejan un bebé a mi cargo lo disfruto mil (gracias, gracias, tú sabes quién eres), y no me importa que me poten, me den mala noche o me poposeen la bañera. No es mío, es una novedad y me parece adorable.

- Mis amigas me aconsejan acerca de todo eso que deberé saber llegado el momento.

- Ya sé que no iré a las clases de preparación al parto. Todo lo que tenga que saber, se lo preguntaré a mi equipo personal de expertos: mi madre y mi suegra.



Eso sí, gentes con hijos, vuestro estilo de vida no es el único feliz, ni el único válido. Así que no me miréis con pena.

Besis.

miércoles, 19 de agosto de 2015

El curioso mundo de las Youtubers (I): Las mujeres que odiaban el agua

Yo delante de una cámara hablándole al vacío me sentiría ridícula. Partamos de ahí. Diferente es tener en cuenta eso de hablar sola, esas medio broncas que me echo a las ocho en el ascensor cuando compruebo que he combinado la ropa como el culo.

Yo, hablando sola, me veo ridícula. Así que vaya por delante mi admiración a las chicas (como mis compañeras de ItHuelva) que son capaces de soltarle el rollo a la cámara, pasarse horas editando y luego subirlo a internet para que después todos nos creamos con el derecho de dar una opinión más o menos bienintencionada.

PERO.

Hace ya como ocho años (pasa el tiempo que da miedo), estuve trabajando en un pueblo que se me antojaba aislado, pequeño y retrógrado. Luego trabajé en otros sitios y puedo comparar, así que ahora solamente lo considero aislado y retrógrado. Como decía, en ese pueblo, me comentaban mis alumnas de secundaria que jamás de los jamases habían visto un pelo tan bonito y cuidado como el mío(nunca destaqué por mi melenaza), así que me pidieron el secreto.

- Pero algo tienes que hacer para tener así el pelo.
- Nada en especial, de verdad, lo lavo con el champú y luego me echo la mascarilla.
- ¿¿¡¡Mascarilla!!??
- Eeemm, sí. Mascarilla. De la barata. (Creo que la que encontré en la única tienda de aquel pueblo era de Fructis).
- Pero... ¿Cada cuánto?.
- Pues... Cada vez que me lavo el pelo, casi todos los días.
- ¿Qué casi todos los días te lavas el pelo?- Ojos súperabiertos- ¿Y te echas mascarilla todas las veces?- Ojos saliendo de sus órbitas.
- Sí.

Y sí. Salvo en esas épocas extrañas en las que mi pelo se vuelve raruno, necesita mascarilla diaria. O a mi me gusta. Oye, tan suave.

Hablábamos de Youtubers. Esa era mi intención.

Es que hasta hace poco parece que todos los vídeos acerca de productos de belleza iban de lo mismo, de esos champús en seco (marca Batiste) que mágicamente te evitan meterte debajo del purificador chorro de agua de la ducha.


http://www.bellezapura.com/2012/11/09/batiste-el-champu-seco-no-1-en-uk-conquista-mexico/


Así que las youtubers nos decían cosas como esta, enarbolando un bote de champú en seco:

- ¿Qué hacer cuando se te engrasan las raíces?

- ¡Lavarte!- Respondía yo, como cuando mi abuela le contestaba a la de las noticias de Canal Sur.


-¿Qué hago cuando el flequillo se me pone muy sucio?

- ¿Lavarte?- Respondía yo, esperanzada.


- ¿Qué hago para conseguir espaciar los lavados de pelo y lavarlo cada cinco o seis días?

- ¡Pero lávate!- gritaba yo, recostada en mi cama.


Así que me he pasado un tiempecito horrorizada por toda esa gente que hace norma de vida pasar por la ducha lo menos posible. Decidme que no soy la única

Y no, no me vengáis con eso de yo me ducho, pero no me mojo el pelo... El pelo coge olor. Y mucho. Y sí, si las raíces se engrasan el agua y el champú vienen genial. Probadlo, porque parece que para algunas es todo un descubrimiento.

Será una manía que tengo, que lavo las cosas cada vez que las noto sucias. Ni antes, ni después.



miércoles, 29 de julio de 2015

Agujeros de un jersey azul, que protege de la lluvia

Me enseñaste a conducir. Sentada en un cojín, asomando apenas la nariz por encima del volante. Pero metiendo marchas. Levantando el pie antes de entrar en las curvas y acelerando al salir de ellas.

Me apuntaste a una carrera ciclista, me pusiste el dorsal y me animaste a participar, aunque yo aún iba en triciclo.

Me enseñaste que en la vida hay buenos. Y malos. Y ni buenos ni malos. Y que en las guerras no gana nunca nadie. Y me terminabas perdonando cuando me portaba mal.

A que vivir en paz con uno mismo era lo mejor del mundo, independientemente de lo que pensase el resto.

Me enseñaste a adorar los sábados, los domingos. El jabón.

Los disfraces de carnaval.

Me animaste a tomar decisiones, incluso antes que hablar. A respetarme como persona. A que si algo me gusta pues me gusta y punto, y que le den a los demás.

A disfrutar de Sinatra. A que me pueden gustar cosas que a los demás no.

Me enseñaste que llevar sombrero es guay.

Me enseñaste que un esfuerzo detrás de otro consigue cosas. Y que quejarse un ratito está bien, si se queda en un ratito.

Que la gente tóxica existe y que si eso ocurre lo mejor es pasar del tema y no tragar veneno. Porque no sé lo que fuiste para otros, solamente me importaba el tú y el yo.

Me obligaste a montar en bici sin los ruedines, pese a que lloré a gritos del miedo.

Me montaste una cabaña en el campo, con ramas. Y otra en el salón, con mantas.

Me enseñaste que no hay que ser madre o padre para querer sin condiciones. A necesitar poco. A dar mucho.

Me decías que soñar era posible, y divertido. Vivir en un ático con piscina (sigo soñando con eso), cambiarme de vestido mil veces el día de la comunión o de la boda. Reir imaginando.

Y que yo sabía que las multitudes nos sobraban. A los dos. Porque ya no había nada más en los sábados y domingos de tú y yo.


Me comprabas cajas de colores, y me mirabas cuando la abría enseguida para oler la madera. Aún lo hago.

Y mi primer walkman. Sony. Porque Sony molaba.

Aprendí que si llueve y te coge sin paraguas siempre puedes comprar otro.

Me animaste a hacer mi vida. Y te gustó que volase. Y te gustaba saber que volaba.

Y empezaste a advertirme que ya eras viejo. Y aunque lo veía no me lo creí.

Te pasaste 37 años a mi lado y me decías que no eras eterno. Nunca me hablaste con dobleces. Pero no te creí.

Y ahora, a la fuerza y por sorpresa, me estás enseñando a vivir sin ti.

Y no me sale.  No aprendo y no,quiero aprender.

Y no quiero que me salga. No te imaginas lo que te estoy echando de menos.
Ni mijita que te imaginas.

Mes y medio sin ti. Porque me has dejado huèrfana de modo que nadie comprende.

Pero tu teléfono en mi agenda, sigue estando.  A ver si un día haces magia y consigues llamarme, desde el otro lado.




Haz magia. Y vuelve. Por favor. Te quiero.


miércoles, 4 de marzo de 2015

Marica

No recuerdo el momento en el que supe que me gustaban los chicos. Qué gran revelación. Desde entonces lo he tenido clarísimo. Me gustan los hombres aunque oye, no todos.

Con el tiempo supe que eso se llamaba ser heterosexual y que, en mi sociedad, eso era lo mismo que nacer con una flor en el culo. Correcto, deseable, esperable. Una bicoca.

Y, a veces, además de gustarme los chicos también hablo por los codos. Con esa verborrea que luego me hace pensar eso de "oye, me he pasado, soy una plasta". Pero mira, qué cosas. Que no se elige cómo se nace.


Este año, mi clase de angelitos traviesos tiene un par de elementos de esos que metía en el maletero del coche para llevármelos a casa. Uno de ellos, mi pequeño P, habla por los codos. Y sí, tengo a compañeros que eso les molesta, pero yo voy a P, le digo que es un bicho, que deje descanso a la lengua, que le voy a pegar un bocao que lo dejo sin nariz y a ver cómo le explicamos eso a la madre, y que porfi, que intente estar callado, que voy a explicar las divisiones. Y él se echa una cremallerita imaginaria en su boca y dura un ratito en plan bueno.


Mi P, además de ser una radio andante, es un buen amigo. Siempre tiene consuelo para el compañero que llora, la que pierde la goma, el que no trae el lápiz y el que mete la pata. Y cuando es la maestra la que le presta un boli, P me lo agradece con una sonrisa de viejo desdentado, y un abrazo gratis. Sin aspavientos.

El otro día, con un compañero maestro, o una compañera (¿Qué más da eso?) hablo acerca de P. Que no se calla, lo sé, que no para quieto, lo sé. Y mi colega me coge de sorpresa.

- P, ese niño... Es marica, ¿no?
- ¿Eh?- Respondo, noqueada.
- Que digo que el niño es marica, ¿o tú cómo lo ves que es?
- Ah, pues... Simpático. Yo lo veo simpático.



Por ahora, como maestra, voy a cuidar de que P siga dando cariño igual de bien que hasta ahora. En quién deposite sus afectos cuando sea adulto... Pues me da tres leches. Seguro que a vosotros también.