Agujeros de un jersey azul, que protege de la lluvia

Me enseñaste a conducir. Sentada en un cojín, asomando apenas la nariz por encima del volante. Pero metiendo marchas. Levantando el pie antes de entrar en las curvas y acelerando al salir de ellas.

Me apuntaste a una carrera ciclista, me pusiste el dorsal y me animaste a participar, aunque yo aún iba en triciclo.

Me enseñaste que en la vida hay buenos. Y malos. Y ni buenos ni malos. Y que en las guerras no gana nunca nadie. Y me terminabas perdonando cuando me portaba mal.

A que vivir en paz con uno mismo era lo mejor del mundo, independientemente de lo que pensase el resto.

Me enseñaste a adorar los sábados, los domingos. El jabón.

Los disfraces de carnaval.

Me animaste a tomar decisiones, incluso antes que hablar. A respetarme como persona. A que si algo me gusta pues me gusta y punto, y que le den a los demás.

A disfrutar de Sinatra. A que me pueden gustar cosas que a los demás no.

Me enseñaste que llevar sombrero es guay.

Me enseñaste que un esfuerzo detrás de otro consigue cosas. Y que quejarse un ratito está bien, si se queda en un ratito.

Que la gente tóxica existe y que si eso ocurre lo mejor es pasar del tema y no tragar veneno. Porque no sé lo que fuiste para otros, solamente me importaba el tú y el yo.

Me obligaste a montar en bici sin los ruedines, pese a que lloré a gritos del miedo.

Me montaste una cabaña en el campo, con ramas. Y otra en el salón, con mantas.

Me enseñaste que no hay que ser madre o padre para querer sin condiciones. A necesitar poco. A dar mucho.

Me decías que soñar era posible, y divertido. Vivir en un ático con piscina (sigo soñando con eso), cambiarme de vestido mil veces el día de la comunión o de la boda. Reir imaginando.

Y que yo sabía que las multitudes nos sobraban. A los dos. Porque ya no había nada más en los sábados y domingos de tú y yo.


Me comprabas cajas de colores, y me mirabas cuando la abría enseguida para oler la madera. Aún lo hago.

Y mi primer walkman. Sony. Porque Sony molaba.

Aprendí que si llueve y te coge sin paraguas siempre puedes comprar otro.

Me animaste a hacer mi vida. Y te gustó que volase. Y te gustaba saber que volaba.

Y empezaste a advertirme que ya eras viejo. Y aunque lo veía no me lo creí.

Te pasaste 37 años a mi lado y me decías que no eras eterno. Nunca me hablaste con dobleces. Pero no te creí.

Y ahora, a la fuerza y por sorpresa, me estás enseñando a vivir sin ti.

Y no me sale.  No aprendo y no,quiero aprender.

Y no quiero que me salga. No te imaginas lo que te estoy echando de menos.
Ni mijita que te imaginas.

Mes y medio sin ti. Porque me has dejado huèrfana de modo que nadie comprende.

Pero tu teléfono en mi agenda, sigue estando.  A ver si un día haces magia y consigues llamarme, desde el otro lado.




Haz magia. Y vuelve. Por favor. Te quiero.


Comentarios

  1. Lo siento guapa.Vaya post más bonito le has dedicado, seguro que está orgulloso de tí, esté donde esté.
    Un abrazo fuerte.

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  2. lo siento mucho, solo decirte que la entrada es preciosa

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  3. Lo siento mucho. Y sin conocerte personalmente, te tengo que decir que nosotros también le tenemos que estar agradecidos por algo: por hacer que seas como eres.
    Un beso.

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  4. Me alegro mucho por los 37 años de recuerdos que atesoras y lamento que no haya sido 37 más. Un beso

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  5. Mucho ánimo en un momento tan difícil,estos recuerdos son preciosos y a él le encantará saber que sigues con tu vida y con su recuerdo. Un beso, guapa.

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  6. lo siento muchisimo Lileth!! como se les echa de menos...
    por suerte pudiste disfrutarlo tantisimos anyos, hay quien no tiene esa grandisima suerte.
    quedate con todos esos recuerdos, esas preciosas lecciones de vida. seguro que algun dia, tu tambien significas lo mismo para otra persona. no hay major manera de homenajearles.
    un abrazo fuerte.
    LP

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  7. Lo siento mucho. Qué gran persona has retratado.

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  8. Un besazo...y llora lo que tengas que llorar y rie acordandote de lo bueno...Soy Ropi...

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  9. Lo siento mucho, un abrazo fuerte para ti y toda tu familia.

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