martes, 24 de junio de 2014

Mirando atrás

Ahora que voy llegando al final y echo la vista atrás me doy cuenta de que he tenido uno de los cursos académicos más intensos de mi vida. Tanto como alumna como en mi papel de docente. Hoy es mi primer día de trabajo sin chicos y al ver la clase tan vacía he recordado las risas que me he echado con ellos, los momentos de duro trabajo (que aseguro que han sido muchos) y esas veces en las que he tenido que sacar el látigo para domarlos.

Pero mi misión esta conseguida. La totalidad de mis chicos se va al instituto, inicia una etapa nueva y deja atrás una parte importante de la infancia. Ellos han llorado muchísimo, pero a mi me gusta pensar que es bueno seguir el curso natural de la vida. Es lo deseable.

Ha sido un curso especial. Yo, que nunca quise hablar de la crisis al comienzo, veo cómo me limita mi vida personal y profesional. La mía y la de mis alumnos. Y eso se ha ido agudizando con el paso de los meses. Se ha agudizado el hambre, el ingenio, la miseria que no se ve a simple vista.

He agudizado la creatividad (a veces he pensado que hasta la cutrez) para no tener que pedir casi ningún dinero a las familias. -Por favor- me rogaba una madre- no pidas ni para un libro, que no nos da para comer-. ¿La plástica? Con lo que hemos ido encontrando por casa, y dando gracias. La fiesta de graduación con disfraces improvisados buscando entre las prendas horrendas que todos guardamos por casa. Para esto no preparaban en la carrera, qué genios los que te dicen que se pueden hacer maravillosos experimentos de ciencias. ¿Y con qué?

Tampoco programes una excursión, porque a partir de un coste de cuatro o cinco euros se te empiezan a descolgar niños... Y tampoco es plan. ¿Dónde llevas a los niños a aprender algo que esté tremendamente cerca y además sea gratis?

He visto chavalillos que no han traído nada durante meses para comer a media mañana. He visto niños con mangas a cuatro dedos de la muñeca en pleno invierno... Y he visto madres hacer cola durante doce horas para coger un cheque regalo en la apertura del Primark. Casi todo el calzado que han estrenado mis alumnos desde diciembre ha sido de ahí.

El colegio ha tenido unos recursos irrisorios. Mi aula, de esas modernas con ordenador y pizarra digital, tiene todo estropeado desde mediados de enero. Que avisados están los técnicos, dicen. Los libros "gratuitos" del alumnado, seis años de uso a sus espaldas, más lo que tardasen en editar el libro... Que España es una de las mayores potencias de Europa, ponía. Que teníamos un alto nivel de desarrollo, ponía... Y nos dio la risa.

No hemos tenido ningún tipo de material fungible. Ni celo, ni cuadernos, ni gomas, ni bolis, ni tipex, ni... Ni. Lo que sí hemos tenido es un equipo directivo muy preocupado rogándonos que hiciésemos el menor gasto posible de todo.

Ah, y no trabajo en un barrio marginal, sino en una ciudad-dormitorio. Ahí es nada.

Y cuando termino de echar la vista atrás y echo la vista al frente... ¿Y ahora qué?

2 comentarios:

  1. Los pelos de punta y las lágrimas rodando por las mejillas. Por qué cuando un país no cuida lo más importante, a los niños y su educación (y salud), las cosas no pueden ir bien. No se dan cuenta los dirigentes de que es una inversión para el futuro. Esto solo se sustenta con gente como tu, que no pierde la ilusión pese a las dificultades.
    Gracias Lileth.
    Hija de maestros.

    ResponderEliminar
  2. Te las has ingeniado de la mejor manera posible :)

    Aunque por desgracia esto es así en la mayoría de trabajos en tiempos como estos, tanto en cuestión de personal como en material.

    Un beso

    ResponderEliminar