miércoles, 6 de noviembre de 2013

Colgando etiquetas

Siempre pensé que la cualidad que más admiraba en el ser humano era la sinceridad. Y lo digo en pasado. Porque me he dado cuenta de que si bien valoro muchísimo poder confiar en que lo que sale de boca de otra persona es verdad verdadera, mi escala real de valores va por otro lado.

Después, reflexionando, pensé que lo que más valoraba de alguien es la actitud frente al trabajo, la responsabilidad, el esfuerzo... Y sí pero no.

Definitivamente lo que valoro de los demás, lo que pienso que es más importante, es la bondad.

Veamos un ejemplo.

En el cole en el que trabajo desde el curso pasado el profesorado se caracteriza por la sensibilidad hacia el alumnado. Teniendo en cuenta que trabajamos con menores, algunos con serios problemas sociales, mentales, de salud física o todo a la vez, la implicación del profesorado es fundamental para que la acción educativa con los nenes llegue a buen término.

Este curso tenemos personal nuevo. 

Entre las nuevas incorporaciones hay un alumno cuyo grado de discapacidad mental, para que nos entendamos, ronda el 70%. Y, para que nos entendamos, hablamos de un nene de cursos superiores (edad de dos cifras) incapaz de seguir la fila desde el patio hasta la clase. Milagro es que asocie el timbre con la acción de ponerse en fila.

Además, por lo que podemos observar, la situación familiar del nene tampoco es la deseable, por suavizaros los comentarios acerca de la alimentación e higiene del chaval.

Pues bien, este chico ha tenido la tremenda suerte de coincidir con la única nueva incorporación del profesorado que parece tener una piedra por corazón.


Hace unos días nos fuimos de excursión. Con lo que mola.

Pero claro, este angelito, que cuando sale de hacer pis te lo encuentras desconcertado en el pasillo porque no sabe volver a clase, se sintió tan desvalido y desubicado en ese sitio extraño que, desconsoladamente, se puso a llorar.

Al ver la cara de fastidio de quién se tenía que estar haciendo cargo del tema, y conmovida de ver al crío con los mocos colgando, me acerqué pañuelo en mano con palabras y gestos de ánimo y consuelo.

La persona que considero debería haber estado haciendo lo que hacía yo me quitó del lado del chaval con un:

-Déjale que llore. Es un plasta, un pesado, un niño chico.

Estupefacta, me coloqué al lado de mis otros compañeros, con los que intercambié miradas de desánimo.

Mi compi, que tiene la capacidad de resolver cosas de tapadillo que a mi me falta, mandó a unas nenas cariñosas a animar al muchachito.

Mientras observaba esto pensé en lo fácil que resulta a veces etiquetar a la gente. Tú eres buena persona. Tú no.


Mi función primordial como maestra es enseñar. Mates, cono, lengua... Sin embargo, icuando aprobé las oposiciones y estaba en mi año de funcionario en prácticas, el inspector de educación que me supervisaba me dijo: 

- La forma de dar clase puede ser más o menos creativa, o tradicional, o efectiva... Pero no debes olvidar nunca que estás tratando con niños. Trátalos siempre como te gustaría que trataran a tus hijos.





8 comentarios:

  1. Ayyy, llegamos al meollo del asunto. Aquí está el tema primordial, que trabajamos con personas, y no solo con personas, sino con personas que se están formando, y muchas de ellas con enormes problemas. Me importa un ... que uno de mis alumnos no termine aprendiendo lengua, pero que esté a gusto en clase, que sea todo lo feliz que se pueda, que los demás no se metan con él, que los profesores no se metan con él, que también hay casos, y hay niños que solo necesitan que les limpies los mocos, que les des una palmadita, que les pases la manita por el costado, porque no tienen a nadie que lo haga. Esa labor es más importante que todas las demás. Al menos eso creo.

    Besos.

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  2. Lileth, no has podido dejarlo más claro. Mi actual director siempre nos dice que "trabajamos con lo mejor de cada casa". En algunos casos es tan triste como lo cuentas, así que al menos, mientras están con nosotros, debemos hacerles sentir lo más a gusto posible. Muchas gracias por compartir tu historia.

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  3. Qué fuerte, macho.

    Yo con estas cosas es que no puedo. Hay niños que quieren llamar la atención, y hay que tener un poco de mano izquierda, no pasar de ellos. Pero este no es siquiera un caso de esos. Es un niño con necesidades especiales... En fin... :(

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  4. Desde luego, yo también estoy flipando. Se ve en todos sitios cuecen habas... :(

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  5. Hola Lileth. Cuando te leo siempre pienso en lo afortunados que son tus alumnos... y en que todos los niños deberían tener tan buenos profesores, porque sin duda hacéis algo más que un trabajo.

    Siéntete muy orgullosa!

    Ana

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  6. Pues yo lo siento pero no voy a ser tan comedida como el resto de comentaristas. Tu compañer@ es un hijo de p... Y un desgraciad@. Trabajáis con seres humanos, más aún, seres indefensos en muchos casos (como este) que os idolatran y para los que no sólo sois un ejemplo a seguir sino una tabla de salvación. Yo solo espero que algún día la gente tan desalmada como esa persona y tenga la desgracia de necesitar esa ayuda y se encuentre con alguien igual. Es fácil actuar así cuando tienes "el poder" . Yo siempre pienso que pasaría si esa gente se encontrará muy enferma y se encontrará a un médico que le dijera que es un plasta y no le hiciera ni el más mínimo caso.

    Tu estas hecha de otro material, esta claro así que como veo que estas cosas te afectan me voy a permitir recomendarte una película muy bonita y que hace pensar: EL DOCTOR, de Willian Hurt, ideal para que la vean también tus alumnos y, como no? es@ compañer@ tan desagradable.

    L.F.

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  7. Guau, ojalá hubiese más gente como tú. Te mando nuestros besitos creativos desde http://creamomentos.blogs.crecerfeliz.es/

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  8. Ya me has tocado la fibra sensible con este post...
    Yo, que soy PT por vocación, que siempre lo he tenido muy claro, no he parado de "pelear" contra todos aquellos que no entienden estas cosas.
    Yo he tenido que escuchar eso de: "Para qué te esfuerzas, si son tontos..." y cosas aún peores...
    Pero ¿Sabes qué? Que, aunque hay personas sin corazón (o entendimiento) que por desgracia tenemos que convivir con ellas, hay muchas más personas como tú, que ven las necesidades reales de los niños, que se preocupan por ellos, que les dan cariño y comprensión a la vez que le trabajas lengua y mates y sobretodo que tienen ganas de trabajar.
    Menos mal que ese niño te tiene cerca...

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