Desde que la Constitución nos hizo (casi) iguales, tu tiempo vale lo mismo que el mío

Cuando trabajaba en El Corte Inglés me llevaban los demonios cuando, a las diez y diez, con las luces apagadas y arqueando caja alguien venía a pedirme que le cobrase algo y/o que se lo envolviera para regalo.

Generalmente eran señoras de mediana edad que se enfadaban cuando explicabas, con esas formas sumisas que te enseña ECI, que te era imposible ponerte a cobrar en ese momento (ojo, diferente es que estés atendiendo de antes al cliente y cierres la venta pasadas las diez), menos todavía algo de otro departamento, y menos con el arqueo de caja iniciado. Doce horas abre esa tienda, para decidirte a las diez y diez...

Si era solamente "envuélveme esto para regalo" normalmente ofrecía papel, un sobre regalo o lo que tuviera. Mi ofrecimiento era recibido sin excepción con un bufido por parte de la cliente. Y es que nuestro horario de trabajo terminaba a las diez de la noche, pero la exigencia del cliente iba mucho más allá.

Ahora, trabajando como maestra me encuentro que la exigencia de mis "clientes", a veces, va mucho más allá de lo que los Reales Decretos, la lógica, y las orientaciones de Inspección Educativa nos exigen.

Y es que los padres son padres las veinticuatro horas del día, pero los maestros, señores, tenemos un horario laboral. Aunque os moleste. Nuestro horario laboral, además, es bastante flexible (no lo decidimos nosotros) y solemos flexibilizar a la hora de dar las notas, normalmente por la tarde,para que papis y mamis se puedan pasar.

La semana de la entrega de notas fue un tanto ajetreada, mucho que preparar, y para empezar a ponerme fácil el tema, el lunes recibo una nota de una mamá:

- Ten preparadas las notas de mi fulanita, que esta tarde me paso.

Estoooo, no. Ni por favor, ¿eh? Así que mando una nota-respuesta.

- Esta tarde PONEMOS las notas, por lo que me resulta imposible dártelas. La entrega es el jueves de tal a tal hora.

Intento respirar hondo y llego al jueves como puedo. Aparezco en el aula diez minutos antes de la hora acordada y me encuentro una fila de padres y madres enfurecidos, porque llevan media hora esperando.

- No me provoquéis que en la nota que os pasamos ponía que empezábamos tal hora, que todavía me meto en la clase y no empiezo a pasar consulta hasta que de la hora en punto- Comento, con un dejillo de cachondeo, pero dejando claro que a mi tonterías las mínimas.

Voy entregando las notas a buen ritmo, una por una. Con algunos papis me tengo que extender más, con otros menos, pero ojo, tengo 27 boletines de notas que repartir en tres horas, nunca he salido del colegio a la hora prevista y eso lo sabía cuando me levanté por la mañana.

En un momento dado, una mamá que entra me dice:

- Pues el papá de fulanita se ha ido, dice que tardabas mucho, que no tiene ganas de perder toda la tarde y que ya se pasará en otro momento.

Tomo nota y dejo las notas que correspondían a ese papi aparte.


Terminé de repartir las notas treinta y cinco minutos antes de la hora prevista. Todo un logro, pero me faltan dos personas por recoger las notas. Una de ellas, trabajadora del campo en plena campaña, me manda a una hija mayor a la que atiendo con la mayor seriedad. La otra ni aparece.

Espero de brazos cruzados (no hay nada que odie más que estar sin trabajar en el trabajo) y cuando pasan cinco minutos de mi hora ficho y me voy a casa.

Y empiezo a rumiar.

Y como al padre huído me lo conozco muy bien a estas alturas, cuando llego a clase el día siguiente meto las dos notas sin recoger en sendos sobres y los coloco en las mochilitas de las nenas:

- Toma, guapa, aquí llevas las notas. Dile a mami y a papi que si tienen algo que comemtarme me pidan una tutoría después de Semana Santa.

Cuando llegan las dos de la tarde, nada más sonar el timbre, se me abre la puerta de la clase y entra el papá huidizo, y me suelta él, muy campechano:

- Pues aquí vengo yo por las notas.

Tal cual, os lo juro.

No sé si soltarle dos frescas o lo que tenía pensado. Opto por lo que tenía pensado.

- Pues lo siento muchísimo, pero no te puedo atender ahora, tengo muchísima prisa.

- Yo voy a tardar solamente dos minutos- Me dice, impasible, mientras se aposta al lado de mi mesa.

- Pues lo siento de corazón, pero no tengo ni medio minuto, las notas las lleva la nena en la mochila.- Salgo huyendo de la clase y lo dejo allí.


De camino al coche me para la otra mamá que no apareció a por las notas.

- Aiiins, es que cuando vine ya no estabas.

- ¿A qué hora viniste?

- A y media... Pasadas.

- La hora era hasta en punto, estuve hasta y cinco y hacía más de media hora que no había nadie para las notas, así que me fui. Terminábamos a en punto.

- Pues menuda faena.



¿Menuda faena? ¿MENUDA FAENA? Faena es que se crean que vivo en el colegio, y como todo trabajador tengo un horario laboral de entrada y otro de salida. Teóricos, como en todos los trabajos, pero esa es otra historia.

Comentarios

  1. Ay cuanta verdad en tus palabras y que bien sienta sentirse comprendida jeje, un besitooo.

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  2. La gente es muy poco respetuosa, y normalmente los peores son los que no trabajan "de cara" al público.

    Me hubiese gustado ver las cara con la que se quedaron.

    Besos de una seguidora que no te comenta demasiado,

    Merce

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  3. Teneis razón, la gente es muy poco respetuosa en todos los trabajos...

    Al menos éstas cosas en algunas profesiones os ocurren puntualmente, pero ya sabes que en el comercio... buff, es lo peor, al abrir, al cerrar y durante.

    Menos mal que Dios nos dió paciencia, jaja!!

    ¡Besicos!

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  4. Bueno, pues me temo que yo soy de esas mamas, aunque no de forma voluntaria. La ultima vez concretamente me confundi de hora y cuando pensaba llegar media hora antes al final llegue media hora tarde (eso si, dentro del horario de entrega de notas), para colmo un coche dejo encerrado el mio y tuve que coger un autobus que se retraso 10 minutos, luego 20 minutos de camino mas otros 15 corriendo por la calle porque ningun autobus sube al colegio. Crei morirme subiendo la ultima cuesta. Al final llame diciendo que estaba llegando y preguntando si me podian esperar cinco minutos.

    Cuando llegue la profesora estaba esperando (repito que la hora de entrega aun no habia acabado) y yo queria morirme de la vergüenza explicando lo que me habia ocurrido. El problema era que en la nota convocandonos ponia que NO SE ENTRAGARIAN LAS NOTAS A NINGUNA PERSONA QUE NO FUERAN LOS PADRES NI NINGUN OTRO DIA.

    Bueno, esto lo digo tambien un poco para explicar la "postura" de algunos padres como yo que somos un despiste total.

    Saludos.

    L.F.

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  5. En las nubes, te veo muy calladita en el blog al respecto, ¡apóyame, mujer!

    Merce, tratar con gente requiere aguantar mucho y, como dices, la gente es muy poco considerada.

    Chica de las flores, seguro que te pasa daca cosa...

    Anónima LF, es que hay que ser un poquito previsora...

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  6. Totalmente de acuerdo contigo.

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  7. Mucho ánimo guapísima!! estar de cara al público da terror (lo sé por experiencia), y ser profe es lo mismo o peor...!!

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  8. Ufff... Este tema yo tengo un pequeño-gran problema que la maestra de mi hijo amablemente soluciona siempre.
    Al ser yo maestra, también tengo que entregar notas, hacer tutorías y todo lo relacionando con los alumnos y sus padres, peeeeeeroooo... También soy madre... Así que, suelo ser la última en recoger las notas. Y siempre llego, dentro del horario, diciendo: Por favor, dame las notas y ya está que es muy tarde y tú sigues aquí... La seño que me entiende siempre echa un ratito conmigo pero yo estoy muy apurada porque pienso en la hora que es y que estamos allí... Y de las tutorías mejor ni hablamos... Porque nunca puedo pedir una...

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  9. Bue...pues aún tenéis suerte,llevo seis cursos trabajando en un IES, donde los padres no vienen a las tutorias, ni a las reuniones de inicio de curso, ni muchísimo menos a la entrega de notas el último día de curso, que es por la tarde noche un viernes, cuando la mayoría del profesorado somos de fuera, el que más o el que menos tiene una hora mínimo de viaje para llegr a su casa, en fin si los padres son así, ya os imaginaís como son los alumnos no? Y ya hace por lo menos tres cursos que tenemos alumnos hasta con 18 años cursando 4º ESO, uffff...y ya. Besitosss

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