martes, 5 de octubre de 2010

Un día cualquiera

Suelo llegar al colegio en torno a las nueve menos veinte de la mañana. Ficho y me meto en clase. Ordeno, pego carteles por las paredes, organizo los materiales para ese día o hago fotocopias.

A las nueve salgo al patio a buscar a mis niños en la fila. Las madres me paran para contarme si uno ha estado malo, si han terminado la ficha que mandé a casa... Ya me dan la primera tarea del día, una niña que llora todos los días y que tengo que meter a veces a rastras, a veces en brazos, hasta la clase. He explicado a la mami hiperprotectora que:

 a) No debería llevar a la niña en brazos hasta la fila.
 b) Con seis años es hora de quitarle el chupete que le quita corriendo cuando me ve aparecer
y c) la niña suele dejar de llorar tal como entramos en clase.

Pero ella nada.

Entramos en clase con gran barullo. Veintiséis niños hablan los unos con los otros y se produce invariablemente el primer, o los primeros roces del día. Que si fulanito me ha empujado, menganito me ha dado aquí...

Son casi y diez cuando consigo sentarlos y callarlos. Doy los buenos días en francés, y en español, vemos el tiempo que hace y escojo a tres voluntarios que me ayuden a repartir los libros.

Como estamos en primer curso todo se hace en el libro. Así que cojo uno, me lo pongo delante del pecho abierto para que todos lo vean y comienzo haciendo repaso de lo que ya hemos visto. Las partes del cuerpo, las profesiones... ahí ya estoy de pie entre las mesas. Para mantener su atención tengo que moverme rápido entre las mesas, modular bien la voz, darle misterio, hacer que participen y vayan diciendo cosas PERO sin dejar que hablen a su antojo.

Son las nueve y veinte más o menos y abro el libro por la página que quiero que trabajen. Se la muestro, digo el número de página y lo pongo en la pizarra. Enseño bien el libro para que sepan bien la página que es. Paseo entre las mesas (rápido) ayudando a buscar la página.
En buscar la página del libro se me han ido entre tres y cuatro minutos y algunos, los más rápidos, se han empezado a aburrir, así que tengo que llamar de nuevo al orden. Cinco minutos.

Nueve y veinticinco y comienzo a explicar la tarea del día.

Con el libro sobre el pecho señalo el ejercicio.

- Aquí, aquí, mirad en este ejercicio, ¿que hay?
- Un niño con un perritoooooooooo
- Sí, muy bien, un niño con un perrito, pero hay dos dibujos, uno en el que el perrito va delante del niño y otro en el que el perrito va detrás, ¿a que sí?
- Síiiiiiiiiii
- Maestra, quiero pis.
- Espera, J. Pues hay que buscar el dibujo donde el perrito vaya detrás del niño y lo coloreamos. Coloreo el dibujo donde el perrito va detrás del niño. Venga, coloreamos.
- ¿Este, maestra?
- Este de aquí, ¿no?
- Síii, coloreamos el dibujo del perrito que va detrás del niño, nooooooooooooooo, ese no, A, por dios, presta atencíón, éste, éste, el perrito que va detrás.
- Quiero pis, maestra.
- Ve.
- Yo también quiero.
- Pues yo quiero agua.
- Cuando vuelvan los demás que no podemos ir todos al baño a la vez.

Doy vueltas por la clase supervisando que todos colorean el perrito de los huevos que corresponde.

Intento estar una hora con las actividades dirigidas por mí, las hacemos todos a la vez y lo que preveo que tienen que hacer cada uno a su ritmo, como las letras, lo dejo para hacerlo de forma individual. Pero eso tiene dos problemas. El primero es que tengo que explicarlo también de forma individual porque en lo que uno echa diez minutos el otro media hora. Y al que ya se lo explicado se le suele olvidar, así que calculo que explico lo mismo con las mismas palabras, sin exagerar, unas cuarenta veces hasta la hora del recreo.

Intento ir de mesa en mesa para que no se levanten, así que me voy agachando en cada mesita, que me llega poco más que por encima de las rodillas, para corregir y explicar, ayudar a hacer un trazo o decirle a J que patata se escribe poniendo la p con la a, luego la t con la a y luego de nuevo la t con la a.

La teoría de Prevención de Riesgos laborales me dice que me tengo que agachar flexionando las rodillas y manteniendo la espalda recta. Pero de eso me suelo acordar cuando tengo la espalda molida. Cuando lo que no me aguantan son las piernas vuelvo a tirar de espalda.

De media un niño necesita de mi atención unas dos veces por cada ejercicio. Hacemos unos 10 ejercicios al día. Tengo 26 alumnos. Las matemáticas dicen que me agacho unas 520 veces hasta la hora del recreo. Y doy fe de que es cierto. La alternativa es que los niños se levanten y eso no es una buena idea.

El niño que se levanta habla con todo el que se cruza a la ida y a la vuelta, y se entra en una espiral de ruido a partir de la cual se descontrola la clase, I y J se quejarán de dolor de cabeza, D se levantará y tardaré en darme cuenta de que no está sentado, A gritará, J se estrujará la churrita (sí, mi J se ha descubierto la churrita), N es posible que llore, y A, invariablemente se hará un raspón con algo y tendrá que ir a echarse agüita al baño.

Entre agache y agache preparo carpetas, fichas, relleno papeles de burocracia, ordeno la biblioteca de aula y controlo al dedillo quién ha ido al baño, si ha ido a hacer caca o pis (controlo por si hay alguno enfermo) y cuánto tiempo tarda en volver.

A mitad de mañana suelo recibir una visita de algún compñero o compañera, o de la mamá del AMPA y eso me hace tener que pararme dos minutos y que se descontrolen mis bestias.

Si los veo súper mal canto con ellos (y bailo) varias canciones que ya nos sabemos. Eso los calma y ayuda a liberar energías.


Quien termina el libro me trae su libreta y les pongo palabras o frases para copiar a los más avanzados, palabras por hacer con una letra determinada, sumas, restas, contar hasta el diez... Una atención totalmente personalizada y acorde con el nivel de desarrollo de cada uno de ellos.

He de decir que casi siempre me está hablando algún niño. Al menos uno, normalmente más de dos a la vez.

JM es un run run constante. Canta haciendo las tareas y habla por los codos.
R me habla de forma constante, me quiere contar cosas y me aleva el nivel de estrés.
D, mi niño con más problemas del aula, del que sospecho rasgos autistas, se levanta compulsivamente, no se sabe ni la a ni la o ni nada y necesita atención individualizada constante. Cuando no puedo me siento culpable, pero he de decir que a fecha de hoy, 5 de octubre, todavía nadie me ha venido a clase a sacarme a los niños de apoyo.

Salimos al recreo.

Si me toca guardia es media hora con un:

- Fulanito, no pegues.
- Menganito baja de ahí.

Si no me toca guardia apago las luces de clase, me siento diez minutos y cierro los ojos. Luego, sigo organizando cosas. Si me he acordado de echarme algo de comer me lo tomo de pie. A veces tengo algún niño castigado por no haber hecho el huevo, así que mi momento de relax es solamente relativo.

Después del recreo entran sudando y gritones. Al menos dos se han caído y me enseñan sus raspones. Todos se acuerdan, de pronto, de que tienen que hacer pis, así que tengo que establecer turno y ojo con equivocarme con respecto a quién va antes, porque se enfadan.

Para después del recreo intento hacer algo más ligerito, tipo plástica, colorear... Aunque hay quien no ha terminado lo que programé como mínimo del día y lo tiene que hacer. Hay quien lo prolonga hasta las dos de la tarde.

Suelo aguantar de pie hasta la una y cuarto, hora en que me suelo rendir, no pudo más, me siento con aspecto de loca y reparto la plasti.

Así que mamá, no tengo anemia, no me hacen falta vitaminas, es que mi trabajo es así y es normal que llegue agotada a casa.  No te preocupes, que como ves es normal llegar a casa cansada, agotada, agobiada y harta de niños.

12 comentarios:

  1. Ay maestra como te entiendo. Yo no paro en todo el día: cuando estoy con los de mi tutoría paso por los pasillos, contesto las mismas preguntas 50 veces ( y eso qe son de tercero), mando callar, reviso la tarea, me quedo con el que necesita más ayuda... en fin qué contarte que no sepas.

    Y lo mejor viene después: vámonos a infantil a dar inglés a niños de entre 3 y 5 años. Me paso las horas corriendo tras ellos, sentándolos, cantando, bailando, otra vezx corriendo tras ellos, repartiendo libros, volvemos a cantar...

    Pero qué le vamos a hacer, somos maestras

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  2. Perdóooon, perdón, perdón... pero me quedé en el chupete de la niña con SEIS AÑOS???? Whaaaaaaat????

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  3. Y luego te vendrá algún padre diciendo que los maestros que bien viven, si lo escuchas le enseñas tu post.Saludos

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  4. Juro por Dios que me ha cansado sólo leerte. Diría que el viernes cuando llegaras a tu casa te metieras bajo las mantas y no salieras hasta el domingo por la noche... pero conociéndote tendrás millón y medio de cosas que hacer...

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  5. Dios mio ¿y la estatua para cuando? Tu necesitas un monumento, en serio eres mi heroina... yo no podría aguantar todos esos niños y als mil cosas que hacer. Normal que estés muerta cuando llegas a casa.

    Un besazo y mucho animo para el resto de semana.

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  6. QUé fuerte lo del chupete, dios mio hay madres que no saben lo que hacen!! Y lo del nene con rasgos autistas...¿ande está la de apoyo, por dior? No me extraña que acabes agotada y sin embargo es una clase "normal" de niños de 6 años, ossea, que todas las maestras de 1º de Primaria se merecen ese monumento!! (claro que también es cierto que no todas se implican, que he visto cada cosa...).
    En fins, ánimo y muchos besos!!

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  7. Pues si, es horroroso, yo no podría jamás en la vida, me volvería loca. Pero yo nunca he tenido VOCACION, nunca he estudiado para eso y nunca he preparado oposiciones para lo mismo, como os encargais las profesoras de recordarnos cien veces. Yo lidio con mis tres hijos de 10, 7 y 1 año, trabajo 12 horas diarias en la otra punta de mi ciudad, cojo dos autobuses de ida y dos de vuelta 4 veces al dia, trabajo en una empresa privada en la que se considera que el cliente SIEMPRE tiene la razon y tienes que tragar todo lo que te digan, no me pagan las horas extras, me controlan cuantas veces hago pis y no tengo 1 mes de vacaciones en verano, semana blanca, semana santa y navidades. Como tu dices, me falta vocacion y no he hecho las oposiciones.

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  8. Vocación?? Si, l@s que hacen lo mismo que esta maestra pero sin quejarse y hacer ver que esta haciendo el esfuerzo más grande del mundo.
    Monumento??? Si no sabe hacerse con una clase de niñ@s de 6 años. No sé donde está la preparación de estos "profesionales".
    Repartir plastilina para q se callen y esten quietos lo puede hacer cualquiera, sin tantos estudios ni oposiciones.
    Ahora yo, prefiero no tener tantas vacaciones y tener a cambio un trabajo más gratificante, del q no me tenga q estar quejando todo el dia.
    Es la elección de cada uno.

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  9. Santa paciencia te ha dao Dios, yo no podria, 26 niños hablando a la vez... me da una algo!.

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  10. Irene, yo creo que todavía es peor cuando se va de clase en clase.

    Blackbetty, como lo oyes, chupete a los seis años.

    Sonia, hay maestros que viven mejor que otros XD

    Yuna, sí que cansa, sí.

    Dharana, la estatua es lo que tengo ganas de hacer cuando llego a casa XD

    Gadirroja, físicamente es mucho más cansada la primaria que la secundaria.

    Hanna, hay que tener mucha paciencia y te tienen que gustar los niños, si no es imposible.

    Anónimo, qué vida más triste y vacía (y con mucho tiempo libre) debes llevar para pasar las mañanas metido o metida en blogs que no te gustan y luego tener tiempo de comentar y tal. A mí plin, vaya.

    Sandra, lo peor es cuando hablan todos a la vez, la verdad.

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  11. Por momentos me parecía que el blog lo había escrito yo! Cuánta razón!!!
    Los que no lo entiendan, que beban agua, y sepan que tooooooooodo ese cansancio se nos quita con la sonrisa de los niños y un "qué guapa, maestra!".

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  12. ¿Has pensado en colocar las mesas en "u" y "robarle" la silla al director/a que seguro tiene ruedas y te puedes mover estando sentada? Seguro que hay una silla con ruedas por el cole. Piénsatelo, hazme caso.
    Un saludo

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