viernes, 21 de mayo de 2010

Crónicas almerienses. Parte II, ¡Qué pechá de andar!

El sábado, mi primer día en Almería propiamente dicho, me levanté temprano. Ducha, sesión de maqueo y bajar a desayunar en el hotel me ocuparon poco más de una hora.

Me encantan los bufets de desayuno y este, aunque pequeñito, no estaba mal.

Se me olvidó mandarle a Martinsa un privadito, porque siendo ella de por aquí podríamos haber quedado para tomar un cafelito de media mañana; no caí, y hubiera estado genial. Martinsa, me quedé en el AC Almería, muy céntrico y estupendo, excepto por las puertas de cristal al ácido en el baño.

Después de desayunar acompañé al Señor X a su currele, allá por el puerto y como eran solamente las nueve de la mañana, mapa en mano me dirijí hacia el paseo marítimo.

Me sorprendió la cantidad de gente con su chándal, paseo arriba y paseo abajo, o paseando al perro que, por cierto es otra de las cosas que me ha sorprendido de Almería. Muchos gatos por la calle, muchos perros con su dueño.

El paseo marítimo no estaba construído la última vez que estuve en la ciudad, hace más de veinte años y la verdad es que es una cosa chula de pasear.

Llegué más o menos hasta la mitad y me senté un ratito a descansar, hacer fotos y hacerme el planing del día, pues sabía que quizá no viese al Señor X hasta bien entrada la tarde. Pero eso no es problema, nunca los tengo para estar sola.

Sobre las diez volví sobre mis pasos y subí por La Rambla, mirando los edificios, los comercios... Y giré hacia la izquierda por la Rambla del Obispo Orbera. Como en el ascensor del Hotel me había visto el dedo de raíz que lucían mis pelos, al ver una peluquería abierta y con poca gente no me lo pensé y allá que me metí.

Peluquería Gala, para más señas.

Ahí empieza mi "The almeriensis experience".

Entro, me sientan y empiezan a mimarme. Me dan una revistita, me echan el tinte con mucho cuidadito y luego me lo retiran con esmero y agua templadita. Me aplico un baño de hidratación y cuando me lo retiran me dan un masaje de cuero cabelludo con el que estoy tentadísima de gemir.

Tenían esmaltes de uñas OPI, pero ninguno de los de la lujuriosa colección de Alice in Wonderland, así que no pico.

Cuando salgo peinada, hidratada y masajeada destilo optimismo junto con el sudor.

Me voy entonces al Paseo de Almería y calles colindantes, "la calle de las tiendas".

No me ha llamado ninguna la atención. Hay mucha cantidad y variedad. Mucha ropa, mucha zapatería; el paraíso, vaya. Un Sfera demasiado grande, tanto que al tener los percheros tan dispersos me pareció un poco desangelado.

Lo que sí me llama la atención es la atención al cliente. IMPRESIONANTE. Partiendo del hecho de que en todos lados hay gente más seca, gente más dicharachera, la atención al cliente de los sitios en los que he entrado en Almería me han dejado impactada. Ésa es mi "The almeriensis Experience" (TAE en lo sucesivo).

Seamos sinceros, la atención al cliente suele dar pena.

Ejemplos almerienses.

Entro en el Bershka, más por cotillear la tienda que por otra cosa y me fijo en una camisa amplia de flores con un estampado en el que predominan el fucsia y el turquesa. Pillo la M y me meto ilusamente en el probador.

No me cierra. Era previsible. Aviso a la chica de probadores a ver si me puede acercar la talla L.

Va, vuelve y me dice apenadísima que no queda, pero que esa misma blusa la hay en otros tonos que también favorecen mucho, y se ofrece a traérmela para que "me las vea puesta", todo sonrisas.

No puedo decirle que no, porque si bien descarté el marino antes de entrar en el probador, cuando la chica me ha dichoq ue otros tonos también podrían favorecerme he decidido darle una oportunidad.

Al final no había, pero me voy muy satisfecha por cómo me han tratado.

La atención molona y agradable se me repite en cada tienda. Incluso en esa zapatería en la que me compro unas sandalias después de marear a dos dependientas, haciéndolas desmontar medio escaparate y bajar varias veces al almacén.

Así da gusto ir de tiendas, vaya.

A media mañana la sorpresa graciosa. Me encuentro en plena calle con la hermandad del Rocío de Almería, con su "simpecao" y sus romeros. Unas cincuenta personas en total. Hombre, me hizo gracia porque vengo de un sitio en el que las Hermandades tardan horas en pasar y se llevan más de dos mil caballos, la gente se echa a la calle, en los trabajos se tiene, cuando menos un horario laxo o directamente se cierra y los romeros se meten en préstamos para lucir trajes muy a la moda y muy caros en la salida.

Así que los escasos romeros almerienses, algunos sin atuendo y los "atuendados" con trajes del año de la pititorra (¿sabíais que el traje de gitana cambia cada año según la moda?) me sacaron más de una sonrisa.

A medio día vuelvo al hotel a refrescarme y dejar la bolsa de zapatos y el collar que he comprado en Sfera.

Me llama El Señor X y le espero para comer juntos.

Nos fuimos a Casa Puga y nos pusimos hasta arriba, literalmente, de tapas. Hacía tiempo que no íbamos de tapas y la verdad es que apetecía muchísimo. Durante la comida le conté lo de TAE

Volví a acompañar al Señor X al currele y cogí un taxi para cotillear el Centro Comercial Mediterráneo.

Quiero uno así para Huelva, lo prometo.

Muchas tiendas, mucha variedad, ¡Un Claire's! que cotilleé pero del que no me tentó nada, un H&M inmenso y una tienda de cosmética de la que quiero hacer un post más en profundidad en el blog alternativo.

En todas y cada una de las tiendas en las que entro se me repite el TAE, y voy encantada de la vida con mis bolsas.

A las seis de la tarde no podía más con mis pies y me volví al Hotel.

Al poco de llegar me llama el Señor X que ha terminado antes de lo previsto y quiere ver la ciudad. Ole.

Callejeamos buscando una tienda de miniaturas, de esas de metal o plástico, de pintar  jugar. Es un friki. Y alucina experimentando en sus carnes la TAE varias veces. No es para menos.

Entró a preguntar en una perfumería If donde estaban charlando las cuatro dependientas y las cuatro dejaron de hablar para ver qué pedía el chaval, no dejando de sonreir cuando él preguntó por una dirección. Impresionante la TAE.

Terminamos la tarde con un paseo por La Rambla, viendo la feria del libro y cenando en La Tagliatella, un italiano en la Avda Federico Garcia Lorca (Que es como se llama La Rambla, o a ver si yo le llamo Rambla a lo que no es). Cenamos estupendamente y aplaudimos cuando nos dan con la cuenta un menú en miniatura.Tabién aquí se repite TAE.

Si Huelva, como dice nuestro señor alcalde, quiere orientar la ciudad al turismo, debería tirar menos edificios "históricos" y dar unas orientaciones para que la atención al cliente sea mejor que la que tenemos y así poder hablar de un TOE, The onubensis Experience.

4 comentarios:

  1. Uyyyyy pues me alegro de tu TAE jejejeje, así da gusto pegarse escapaditas jejej..un besito enormeeeeeeee.

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  2. Wapaa!!! Que ilu me ha hecho tu crónica sobre mi tierra!!! No se te ha escapado nada!! Ya has visto que es una ciudad pequeña, pero muy acogedora. Yo ya hace tiempo que no he ido y como echo de menos los paseitos por la Rambla. Umm el Casa Puga, que buena elección, jejejeje, es un sitio muy típico allí.

    Espero que lo pasaras muy bien. Besitos

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  3. no sé si es que en Almeria son muy amables o son simplemente normales... es que en Huelva parece que les estás pidiendo que te donen un riñon cuando te atienden (y lo dice una choquera, exiliada, pero choquera)

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  4. Me encanta que te haya encantado (valga la redundancia) mi ciudad.
    Vayamos por partes:
    En el AC (antiguamente Torreluz 4 estrellas) fue donde celebré mi boda y es un hotel bastante bueno, pero sobretodo céntrico.
    Lo del café lo tenemos pendiente para la próxima, vale?
    Los sitios para comer, qué os voy a contar... La Tagliatella es mi restaurante favorito. De hecho más de una vez hemos pedido la comida allí y hemos ido a recogerla para traerla a casa. Si venís otra vez os llevaré al mejor bar de tapas de Almería, el "Juan Francisco", es un poco complicado llegar, por eso no os lo recomendé, pero las tapas son gigantescas y de calidad.
    Me alegra "oír" que en Almería somos amables. De hecho, el otro día en una visita médica a Málaga, cuando comíamos, el camarero nos comentó que venía con su novia a Almería unos días y rápidamente le hicimos una ruta turística por la zona y nos dijo: "En Almería ¿sois todos igual de amables?" Le dijimos que no, que nosotros éramos la excepción ;)
    Por cierto, seguramente te cruzaste con mi madre y mi peque que fueron a ver cómo se iban los bueyes al Rocío... Y sí, aquí la moda flamenca no está muy actualizada pero es que no hay mucha tradición. De hecho sólo hay unas tres tiendas donde podemos comprar trajes y son carísimos!!! A ver si espabilamos...
    Bueno, pues hasta la próxima visita por mi tierra.

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