Marilyn Monroe también era miope

Cuando una va bajo un paraguas, cargada de bolsas, con unas gafas que hace tiempo debió volver a graduar, esquivando charcos y preguntándose cuál de las baldosas que tiene delante está floja y salpicará al pisarla le pilla totalmente desprevenida que alguien, al cruzarse con ella, le diga en tono familiar:

- ¡Adiós, guapa!

Las antenillas se ponen derechas pero con la lluvia y el despiste ya no atina a ver cuál de los paraguas le ha hablado. Iba mirando al suelo, con el paraguas un poco bajado para que no se cuelen la lluvia y el viento. Adiós, guapa... Era un hombre, pantalón beig, zapatos marrones... ¿Quién?

La chica del paraguas se parte la cabeza porque, aunque ha sido borroso y de refilón, ese hombre se ha cruzado con ella y la ha saludado. ¿Quién será? No sitúa la voz entre los más allegados.

- Voy a quedar como una estúpida, por no saludar- Piensa la chica bajo la lluvia.- Nunca saludo a nadie cuando no veo bien.

Al rato, cuando la chica está llegando a su casa, aún bajo la lluvia cae en la cuenta de una cosa.

- ¿Y si no era para mí? ¿Y si se iba despidiendo de alguien al móvil?

A veces las chicas, debajo de un paraguas, podemos sentirnos el ombligo del mundo.

Comentarios

  1. Durante años (la temida adolescencia) utilizé gafas para corregir un ojo vago. Cada año me reviso la vista y la tengo estupendamente...

    A mi también me pasan esas cosas, pero por despistada... por ello instintivamente digo adios cuando lo oigo... algunas veces ni siquiera me lo dicen a mi, pero bueno, mejor quedar bien que mal.

    Que tengas una feliz entrada de año.

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