Los peligros de un baño de diseño

El viernes por la noche habíamos quedado para salir con gente del trabajo del Señor X, que está bien eso de relacionarse con gente diferente.

La primera conclusión a la que llego es que cuantas más chicas conozco, más echo de menos amigas que he dejado desperdigadas por el mundo.

La segunda a la que llego es que la crisis nos ha cambiado mucho y casi se tiene que pedir perdón por tener trabajo. Es que cuando media humanidad está en paro, decir que sí, que tienes trabajo hace que la gente te ponga malas caras. La leche.

Curiosamente, y esto es una reflexión que tengo a menudo, la gente que no tiene trabajo sí que tiene dinero para ir de copas y pasar fines de semanas y puentes locos de turismo por España. Está genial. No vas a un restaurante decente pero vuelves pedo todos los sábados a seis o siete euros por Brugal con cola. Muy coherente no lo veo, no.

Quitando esto, y después de intentar integrar a una del grupo que se pasó media noche hablando por el móvil (llegué a la conclusión, tercera de la noche, de que hay chicas que acompañan a su pareja de copas con el único propósito de ponerle mala cara) con no sabemos quién y terminar pasando de ella, terminamos en un local pijillo de la ciudad, al cual no íbamos desde que llevamos a Akliman poco tiempo antes de su boda.

En la entrada, en un apartado, veo a una pareja todo lengua y manos. Ella, una morena con muy buena pinta. Él, un conocido empresario de Huelva cuarentón, barrigón y calvo, casado con una compañera de facultad del Señor X, tonta y trepa, que era rubia rubísima. Se lo comento al Señor X y decidimos que a la tonta rubia seguro que no le importa lo que haga su marido en los reservados, mientras a ella le siga dejando la tarjeta para ir de compras. Así era la muchacha, sí.

Harta de disimular bostezos termino levantándome para ir al baño. El baño parece una foto de un catálogo de baños; mucho lavabo suspendido que se ilumina por dentro, mucho sensor de movimiento para las luces... Pero cuando entras para hacer pis aquello es verdaderamente estrecho; con sensor de movimiento para las luces, claro.

Bájome los pantalones (Pitillos negros Bershka, blusa victoriana Bershka, chalequillo negro Mango y Botines Fosco) y cuando más concentrada ando se me apaga la luz y me quedo a oscuras, con el bolso colgando del cuello y una postura de lo más incómoda. Ole, vivan los sensores de movimiento. Me pongo a hacer gestos como loca con los brazos, hasta que termino aleteando como puedo en tan reducido espacio. No echo a volar, pero consigo que se encienda la luz.

A la salida caigo en la cuenta de que en el baño de diseño no hay dispensadores de jabón para las manos, ni aparatito de aire, ni un mal papel para secarme. Tiro de Kleenex.

Tal como salgo el Señor X entra en el baño y vuelve contándome la misma historia.

- Así no hay quien acierte. Luego dicen que los hombres siempre lo hacemos fuera.

Pues es verdad. Ser moderno vale, pero lo primero es ser práctico.

Comentarios

  1. Ja, ja... que weno eso de hacer movimientos para activar el sensor. Yo me habría quedado a oscuras, tranquilamente. Si me meo fuera, pues que pongan las luces más tiempo ¡ea!

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  2. Jajajaja! Sí, claro, va a ser por eso que no atinan, ¿y en casa, qué excusa tienen?

    Mi madre decía que los mejores hombres son los divorciados, porque ya están amaestrados y han aprendido a hacer puntería dentro de la taza!!

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  3. Interesante. Creo que el calvo barrigón es EX-marido de la rubia, si mal no recuerdo. Lo que hace el dinero....

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  4. Exmarido? Si hace nada salían en una foto del periódico muy juntos...

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  5. xD Es lo que tiene ese tipo de baños. Lo tendrán mal programado, no habrán calculado los tiempos o el grado de sensibilidad bien... xD

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