2009, Odisea en Urgencias

Ayer pude salir una hora antes del cole, porque yo lo valgo y porque he sustituído mis buenas horas y me toca. Antes de salir del curro estuve como hora y media intentando llamar a casa porque no es plan de dar la sorpresa y presentarme una hora antes a comer sin avisar. Se me cansa el dedo de llamar pero no consigo contactar con mi madre que parece tener el movil apagado.

Llegando a Huelva, por la zona de Corrales, el móvil empieza a repiquetear en el bolso.

- Moving, all the people moving...- Canta Macaco desde el asiento del copiloto.

Por el bien de los coches de mi alrededor paso de cogerlo.

Apenas meto el coche en el garaje llamo al buzón de voz a ver qué me ha dejado dicho mi madre (a la que yo suponía en la peluquería).

- Mira, que estoy en el hospital con tu tía, que está muy mal y la hemos traído, para que tú lo sepas, que papá recoge a los niños del colegio y se los lleva a comer por ahí, a lo de las pizzas o algo, que te coge una pizza a tí y otra a L, que yo le he dicho de lo que la tiene que pedir, no sea que se equivoque que él no entiende de pizzas. Yo te lo digo por si llegas y no hay nadie, que sepas que eso, que ahora papá va para allá y te lleva eso, que no te he llamado antes por si estabas en clase y no te quería molestar, que es que aqui no tengo cobertura....

El mensaje sigue interminables minutos en los que me veo a mí misma como Bridget Jones, en esos momentos en los que la madre le agota la cinta del contestador e impide que Marc Darcy le deje mensajes.

Cuelgo y llamo a mi padre:

- ¡Papaaaa, no me traigas pizza!
- ¿Qué?
- Que no me traigas pizza, que yo me voy al hospital.
- Vale.

Llego al hospital y caigo en la cuenta que a ver quién es la guapa que aparca (De todos es sabido que en los hospitales nunca hay aparcamiento). Pues para guapa yo. Un sitio gigantesco en la misma puerta de urgencias. Ole, ole y ole.

Intento llamar a mi madre pero sigue sin cobertura, así que entro y echo una ojeada a la gente que está "en la sala de espera", y empieza el surrealismo.

La zona de urgencias del Juan Ramón Jiménez está en obras, pero en vez de haber habilitado para la atención al público otra zona han optado por la convivencia pacífica entre el polvo, los obreros, celadores, guardias de seguridad de vida contemplativa y pacientes con mucho dolor que se apiñan en un estrecho, estrechísimo pasillo.

Me dirijo a admisión y pregunto por mi tía.

- Disculpe, ¿podría decirme dónde está la señora tal?

La señora rubia y amable consulta su pantalla.

- No está aquí.

Parpadeo y repito de memoria el extenso mensaje de mi madre y cierto, no dice que estén en el "Juanra" (Nombre cariñoso que damos los onubenses al hospital "Juan Ramón Jiménez"). Me disculpo y cojo el móvil. Como mi madre sigue sin contestar llamo a mi padre y él me confirma que están en el Juanra. Vuelvo a dirigirme a la señora rubia simpática de admisión.

- Perdone, sé positivamente que está aquí. Fulanita de tal. Quizá es que la hayan pasado a planta.

La señora rubia amable vuelve a consultar la pantalla y me anuncia.

- Sí, está aquí, le han dado el alta... A las 14:14h.

Miro el móvil, que me marca las 14:16 h.

- Bien, pues la busco, que tiene que estar saliendo de consulta. Gracias.

Vuelvo a meterme en la zona de espera donde la gente me mira con curiosidad y cuando ve que no tengo pinta de nerviosa-llorosa, que no se me ven huesos saliendo entre la carne ni gimo de dolor, la gente pasa a ignorarme.

De mi tía y mi madre ni rastro.

Pregunto a un celador, que debe ser muy bajito, porque con los tacones le saco una cabeza. El señor me dice que le tengo que preguntar a una señorita con chaqueta roja que es la que organiza el cotarro.

La señorita tarda como quince minutos en aparecer, y la abordo.

- Perdone, estoy buscando a mi tía, que me han dicho que leacaban de dar el alta y se la tienen que estar tramitando porque todavía no ha salido.

La chica apunta el nombre de mi tía en un papel que lleva y no la vuelvo a ver más.
Mientras espero sigue entrando gente muy enferma por la puerta (normal, porque es urgencias) y, mientras yo me vuelvo de espaldas para no ver sangre, vísceras y miserias ajenas, la gente se asoma con los ojos bien abiertos. El morbo de la gente da vergüenza ajena.

Llamo al Señor X.

- Mira, que estoy en el hospital y no consigo encontrar a mi madre. Me encanta el hospital, me encanta el hospital- Repito, mientras me masajeo las sienes.

Media hora de reloj después de haber llegado consigo hablar con mi madre.

- ¡Que estamos en cuidados mínimos!
- Pero si me han dicho que le habían dado el alta...
- Sí, porque nos la llevamos a La Blanca Paloma (Dícese de un hospital privado de Huelva donde solamente contratan enfermeras porque lucen mejor con falda que los hombres).
- Ah...
- Vente para acá.

Veo los carteles de cuidados mínimos, que señalan a un pasillo como los de las películas de miedo. No me fío y pregunto a un guardia de seguridad.

- Perdone, ¿Para cuidados mínimos?

Me dirijo por el pasillo, tal y como me han señalado y, cuando quiero darme cuenta estoy en el interior del hospital, en la zona de los potos (se le llama así al patio interior del hospital, donde hay potos con plantas que cuelgan). Fijo que me he equivocado.

Pregunto a un señor que está por la zona acompañando a un enfermo y, justo cuando empieza a indicarme, el enfermo de la camilla hace ruidos agonizantes. Me alejo y pregunto a una pareja sin pinta de que ninguno se vaya a morir en un futuro inmediato; me dicen que ellos van para cuidados mínimos.

Me dispongo a seguirlos. Y los sigo durante un rato largo por el hospital.

En cuidados mínimos la gente con mascarilla de oxígeno charla de forma animada, se saluda y cuando a alguien le trasmiten el ingreso le desean buena suerte. Todo el mundo se ha enterado de lo que tiene cada uno.

Cuando trasladan a mi tía, ella misma se despide de la gente.

-------------------------------------------------

Por cierto, mi tía anda mejorando a buen ritmo.

Comentarios

  1. Los hospitales son así!!que desgracia!!encima que vas mal o buscando a alguien que lo está, tienes que hacer el trabajo de enfermeras, médicos, celadores,etc..Es un caos, pero cualquier hospital.Mi madre fue hace unos años a urgencias por dolor en una rodilla, en la que tenía líquido retenido y se tuvo que ir después de estar 4 horas en una silla sin que nadie la atendiera!!se marchó con un cabreo más grande que el dolor!je..ME alegro de que tu tía al final, mejorara...POr cierto!lo de la toalla si que es una orterada!!jjajaj..un beso

    ResponderEliminar
  2. Ir al hospital siempre es una odisea la verdad, me alegro de que tu tía vaya mejorando, eso es lo importante, un besazoooo enormeeeeee

    ResponderEliminar
  3. Y luego ves "Hospital Central" y lo flipas.

    ResponderEliminar
  4. ¡Ay, como son los del JuanRa...! :-) suerte que te encontraste con los "amables", pero también con los "idiotas" por lo que parece... En fin, mejor amables e idiotas que bordes e idiotas ¿no? (los hay, los hay).

    ResponderEliminar
  5. me ha llegado al alma lo de la manta de tu actu anterior, si esa es su manta...habría que ver el resto de la casa!! diosss!
    jajaja

    ResponderEliminar
  6. jajjaj has conseguido que una visita al hospital sea de lo más divertido que he leído últimamente!!!

    ResponderEliminar
  7. Hoolaaa!!!
    Escribes genial!!la historia me ha parecido super entretenidaaaaa!!!
    Y vaya si te marearon eh??k barbaridad....

    Entonces el serum de estee lauder va bien,verdad?no sabía que lo habían sacado hace tantísimos años.......

    Muuuuakkkk

    ResponderEliminar
  8. La verdad es que ir al hospital, además de ser desagradable, siempre es una aventura, porque suelen ser un caos sin remedio.

    Krol, lo mismo me estoy yo imaginando..¡El resto de la casa!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Mi niño no presta atención y se distrae en clase

Lunes preprimaveral, no vamos del todo mal

Dress Code para maestras (y maestros)