Con el culo al aire

Últimamente, al ir y al volver del trabajo, echo un ratito más que de costumbre porque hay obras en varios tramos. No es que me importen las obras, yo voy con tiempo, me pongo las noticias en la radio y voy escuchando la Ser, o RNE5...

Hoy, a la vuelta, que ha sido tarde porque he sustituído a una compañera enferma, me han tenido un rato parada entre San Bartolomé de la Torre y Gibraleón. Delante de mí, un coche pequeño con un remolque donde ponía "Transportes de animales peligrosos" (Sí, transportes en plural) y de donde asomaba un bicho de aspecto fiero que me miraba mal. Detrás, una chica morena joven, con gafas de pasta roja, en un BMW blanco que llevaba unos kilómetros manteniendo conmigo la distancia de seguridad de forma impecable.

Al cabo de unos diez minutos por fin nos dan paso; los coches de la fila se ponen en marcha y puedo meter primera y avanzar. Más adelante, a la derecha, un camión de la obra ha parado en el arcén. Veo que el hombre abre la puerta y, como aún voy a penas a 20 km/h aparto prudentemente mi bólido rojo para no llevarme al señor puesto de mascarón de proa. Pero lo que veo, al abrirse la portezuela, me deja patidifusa, anonadada, en estado de shock.

Un culo grande, peludo, con granos rojos y con una raja que asoma un palmo por encima del pantalón sale por la puerta del camión.

Hipnotizada no puedo apartar la vista del todo hasta que lo sobrepaso.

Y es que se dice que los culos son son como las excusas, que todo el mundo tiene uno (quizá sea al revés lo que se dice) pero el caso es que en el último mes he visto más culos de obrero español de lo que una mente sana puede soportar.

Por favor, que se pongan pantalón de peto, pantalón subidito a lo cachuli o, ya puestos, que se traten el acné de los cuartos traseros como Dios manda.

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