Conclusiones que saco al ir de comunión

Hoy sábado Huelva vuelve a estar llena de chiquillos vestidos de comunión. Yo, que ya estoy tranquila por ahora, ya temo a la BBC del año que viene.

Embutida en plena operación bikini, eligiendo anticelulíticos (lo mismo el problema es que de aquí para atrás sólo he usado uno cada vez... este año los mezclo, a ver qué tal van), he estado toda la semana reflexionando acerca de la comunión de la semana pasada. Y tanto he pensado que he sacado conclusiones:

- Es posible echar a perder el estilismo de un Vittorio & Luchino optando por un chal barato.

- Si te ganas el título de "familiar excéntrico" ya puedes preguntarle a Lileth si no se enrolló con nadie en Canarias, de una forma totalmente en serio.

- El Blancucci sólo era buena opción con unos complementos no amarillos.

- Los mosquitos pican también a través de la ropa, especialmente a través de la seda y de las medias.

- Cuando te sientas delante de una tía muy mayor, a la izquierda de una tía que habla por los codos (en plan monólogo) y El Señor X no para de hablar con tu primo, la cantidad de tinto que ingieres es directamente proporcional al aburrimiento que sientes.

- Es triste entrar en la fase de la exaltación de la amistad sola, sentada como he dicho antes. Dan ganas de coger el móvil y llamar a todo el mundo.

- Cuando has bebido demasiado vino tinto el baño siempre te va a parecer que está demasiado lejos.

- Los tacones a veces son cómodos, y de pronto dejan de serlo. Sin más, de pronto, mientras los llevabas puestos.

- Mi peinado no me aguanta nunca. La base de maquillaje tampoco me dura. ¿Alguien tiene el remedio? Y sí, he probado a llevar laca.

- Cuando pasas de los 60 y te criaste en un mundo donde el cinturón de seguridad era un accesorio más del coche, ponerte el cinturón se convierte en un acto de precaución para evitar multas. Nada más.

- Cuando le dices a la gente que no te acuerdas de ella se ofende invariablemente.

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