Querida persiana:

Querida persiana:

De entre todas las cosas de mi casa onubense, por las mañanas eres la que más echo de menos. Aquí, en Canarias, las persianas sois objetos raros, sustituídos por pesadas cortinas en el mejor de los casos y por estores semitransparentes en el peor de ellos.

Mi habitación en la residencia tiene una persianilla de tiras, de esas de las de oficina que, aunque me esfuerce en ponerla con sus láminas ajustaditas, al amanecer apenas consigue tamizar la luz que entra de la calle.

Los fines de semana, como hoy, son los días en que más te recuerdo, querida persiana, pues aquí, con mi persianilla de tirillas metálicas, amanece también a las siete de la mañana. Por eso disfruto de los fines de semana nublados que me ofrecen una pequeña tregua al exceso de sol.

Que sepas, querida persiana que, aun estando lejos, pienso en tí a menudo.

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