Mi chaquetón es mío, y sudo porque quiero

Este fin de semana ha vuelto a nevar en el Teide, así que por sus laderas (incluso se nota desde La Laguna) corre un airecillo fresco que te deja las mejillas enrojecidas cual Heidi de las montañas.

Esta mañana, cuando Mika me cantaba Relax en el Ipod, me entraban ganas de bailar en medio de la calle a ver si la sangre volvía a circularme por las extremidades. Por increíble que parezca, a media mañana, la sangre volvió a circularme con normalidad, mientras le daba la clase de francés a uno de los sextos.

Las tres primeras horas las paso con mi tutoría, un tercero de primaria. Toca lengua, así que los hago sacar el libro, leemos y hacemos de forma oral algunos ejercicios. Los problemas llegan cuando los insto a sacar la agenda y apuntar los deberes de lengua que les mando para casa. Observo a C, moviéndose con mucha dificultad dentro de su chaquetón acolchado de color rosa fucsia. C se revuelve en su silla, termina levantándose y tirando al suelo la mitad de lo que había encima de su mesa. C se vuelve, jadea, y recoge lo que había tirado al suelo, haciendo que lo que aún quedaba en su sitio caiga, tanto de su mesa como la de su compañero más cercano, que la mira como si fuera un molesto bicho fucsia.

La maestra interviene, deseosa de terminar de leer el tema antes de que le termine la sutitución:

- Pero C, corazón, quítate el chaquetoncito.
- Es que mi mamá me ha dicho que me lo deje puesto.
- ¿Todo el día?
- Sí.
La maestra parpadea, perpleja.

- ¿Seguro?
- Sí.
- ¿Y eso cómo va a ser?
- Sí, me ha dicho que me lo deje puesto hasta que entre el calor.
- ¿No será hasta que entres en calor?
- Eso.
- Venga, pues quítatelo.
- Si me lo quito tengo frío.
- Ve desabrochándotelo, al menos.

C hace como que se lo desabrocha y me ignora.

Suena el timbre y empiezo a sacar a chicos a la pizarra a ver si me da tiempo a corregir la montaña de ejercicios con los que los mandé a casa el otro día (Estamos dando la multiplicación).

C sale a la pizarra y comienza a hacer la letra muy pequeñita, redondita y preciosista. Toda una tarea si tenemos en cuenta que parece que se intente mover con un traje de sumo, de esos que se ven en Humor amarillo (pero de color rosa fucsia).

La maestra interviene de nuevo:

- C, ¿quiéres hacer el favor de quitarte ese chaquetón? No me creo que no hayas entrado en calor.

La niña me mira con sus ojillos negros en modo súplica on. Me levanto, le abro la cremallera y meto la mano a ver si la niña desprende calorcito o tiene hipotermia pese a todo. Genial, la niña está sudando.

- Pues ahora no te lo puedes quitar, C, que te resfrías.

La niña me mira, pensando claramente que no hay quién me entienda.

La maestra se sienta, pensando seriamente que se le ha activado el contradictorio gen que tienen las madres.

Comentarios

  1. jajajajajajaja!seguro que se quedó alucinada!
    besos
    qué tal en el nuevo destino?

    ResponderEliminar
  2. El nuevo destino tan bien que ojalá me dure mucho.

    Un lujazo en todos los sentidos.

    ResponderEliminar
  3. Pobreta la cría, pasaría el quinario con la chaqueta puesta.

    Buenos días!

    ResponderEliminar
  4. Señal inequívoca de que nos hacemos mayores...Dios, qué asco!!

    ResponderEliminar
  5. jajajajaja..es q luego como quieres q aprendan!!les haces un lio..jajaja..

    ResponderEliminar
  6. que guay...ya trabajando en lo tuyo y en lo que te gusta...que guay!.
    oye, esta niña, es obediente, eh?...
    pobrecita!!...que cara se le quedaría.
    besitos.

    ResponderEliminar
  7. Pobre niña...
    Qué obediente, no???

    Me alegra ver que no soy la única loca que arrancaría a bailar donde fuera cuando escucha el Relax de Mika!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Mi niño no presta atención y se distrae en clase

Lunes preprimaveral, no vamos del todo mal

Dress Code para maestras (y maestros)