Federico

Federico viene todos los días a clase, el primero en llegar y el último en irse. Casi se diría que vive allí, entre las tizas de colores y el olor a plastilina.


Federico es alto y espigado, tan delgado que podemos contar sus huesos. Con una sonrisa eterna en su cara es testigo impasible de las bromas de los niños de la clase y de la mirada recelosa que le dirijo yo, la maestra.


A Federico no le importa que le falte un brazo. De hecho no es muy participativo, aunque de vez en cuando un niño lo empuja, se pone en movimiento, y su mandíbula tiembla como si riera a carcajadas.


Federico tiene nombre propio y es uno más en el grupo.

Comentarios

  1. Pobre Federico, yo con lo sentimentaloide q soy, jo en serio q me ha dado lastimica.

    Saludos.

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  2. No sabes lo contenta que estoy de que estés feliz en tu nuevo destino. Como no nos contabas nada no sabía que pensar.
    Mañana si no llueve me voy de compras laguneras con el niño. Espero que pases un buen fin de semana.
    P.S: qué bonitas vistas desde tu aula!

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  3. jajajajajajaja!pobre federico..jajajajaja
    besos

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