De excursión con los niños: Senderismo en Tenerife



Ayer nos fuimos de excursión, las dos clases de tercero de primaria, a la zona de la caldera, en la zona de arriba de La Orotava. Hacía algo de viento pero la temperatura era agradable para caminar: fresca pero soportable.


Una guagua nos recogió en el colegio y nos subió hasta un centro de visitantes (podría llamarse así) que es donde empezaba un sendero que fue el que seguimos caminando. Esta ruta sigue un sendero amplio y bien señalizado, que no entraña peligro ni gran dificultad a la hora de seguirlo, puesto que no tiene grandes pendientes. El paisaje maravilloso: Mucho pino canario, algo de laurisilva, alguna jara, castañeros... A nuestra izquierda el mar, y el Teide guardándonos las espaldas.


Durante la caminata pasamos por una antigua casa de aguas, donde se recogían torrentes de la montaña y desde la cual se distribuía el agua para el uso en la zona de La Orotava. Este agua se usaba para el consumo humano, el riego, la ganadería... Este sistema de canalizaciones se estuvo usando hasta la década de los años treinta del siglo veinte.


Tuvimos la inmensa suerte de contar con las explicaciones de un señor mayor del lugar (nada menos que 85 años de sabiduría), que nos amenizaba la visita con anécdotas de juventud y nos explicaba la importancia de las instalaciones en el siglo pasado.


Una vez visto esto nos paramos a desayunar, porque andar da mucha mucha hambre. Seguimos un sendero y encontramos el Castaño de las siete Pernadas, un castaño centenario con un tronco impresionantemente grande, donde se subieron los niños a jugar. El suelo debajo del castaño estaba lleno de erizos y castañas, que los niños recogían y se comían.

Al caminar vimos unas formaciones rocosas en forma de órganos, bastante interesantes.
Caminando por senderos y carreteras sin apenas tránsito fuimos bajando hasta el colegio. Salvando pendientes impresionantes que las maestras (sobre todo yo) afrontaban con recelo y que los niños bajaban corriendo, aprovechando la velocidad que da la pendiente. Afortunadamente, ningún niño aterrizó de boca.
Las frases que repetí más durante esta salida con los chicos fueron:
- Camiiiina, A.
- Veeeeenga, que vas la última, L.
- Baja de ahí, J, por Dios.
- ¿Quiéres bajar de ahí de una vez, J?
- J, como te vea subido ahí otra vez te prometo que mañana te dejo sin recreo.
- J, como no te bajes de ahí te dejo mañana sin recreo... ¡y copiando!
- D, deja el palito.
- D, suelta ese palo.
- D, te he dicho que sueltes el palo.
- D, ¿quiéres soltar ese palo?
- ¡Suelta el palo de una vez!
- ¡Suelta el palito, niño!
- ¿Quiéres dejar tranquilo el palito ya?
El resto de las frases son, en un 80% variantes de las anteriores.
No me explico la fijación que tienen los niños con los palitos.
Lo que sí me expliqué fue el cansancio de L cuando llegamos al cole, abrió esa mochila y empezó a sacar piedras de la mochila... - De recuerdo- Me dijo. Le calucé unos tres kilos en piedras, así que normal que fuera la última.

Comentarios

  1. Qué suerte! De pequeña viví en la Casa Forestal de Aguamansa y conozco lo que has descrito como los dedos de la mano. Salí de allí con 13 años y aunque he vuelto muchas veces, adonde no he ido es a ver el Castaño de las Siete pernadas, la Casa del Agua y alrededores de la finca. Soy maestra jubilada y hace unos años se me ocurrió organizar una excursión a ese lugar. No la pude llevar a cabo por problemas de salud pero espero algún día poder ir con la familia. Gracias por haberme hecho recordar tan bonitos momentos de mi infancia.

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