Debí verlo venir

El aire seco del avión me hizo polvo las vías respiratorias (¿Tan difícil resulta humidificar el aire en un avión?) y me sentía rara desde que aterricé.

Ya el sábado notaba que estaba especialmente sensible a los olores. Dos ataques de alergia gordos me rematan las defensas, que luchan contra la humedad ahogándome y ocultándome la cara detrás de un kleenex.

Ayer por la mañana (bueno, pasaban de las doce) me fui al centro a hacer gestiones en el banco. Una ráfaga de viento me atrapó pasando por al lado de la comisaría de la nacional y me dije: verás que me resfrío...

Bingo.

Ayer por la tarde volví ya a casa con dolor de garganta (el dolor que más odio en el mundo) y el cuerpo cortado. Por la noche ya me entró fiebre.

Así que aquí ando, metida en la cama, con el portátil encima, leyendo blogs para pasar el rato. Anoche me di una marathon de Anatomía de Grey y esta mañana me he dedicado a leer (terminé el que estaba leyendo y comencé La Bodega) y a lamentarme de mi mala suerte. Y es que, cuando estoy enferma, necesito compartirlo.

A ver cuánto me dura.

Comentarios

  1. Hola chica, que pena que estés enfermita (eso lo dice Ric. Aquí hay nieve , frio y ahora llueve.
    Ponte buena pronto. Un besote

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