Nostalgia

Miércoles, 14 de noviembre de 2007



Hoy me levanté, me duché y, al ponerme el iPod Manuel Carrasco me sonó al oído hablándome de La Plaza de las Monjas (Déjame que sea, de Manuel Carrasco).


Qué echo de menos mi tierra, mi olor a sal, el fresquito de noviembre y a mi gente.


Levantarse y ver amanecer mirando al océano desayunando es un lujazo al alcance de pocos. Esta ciudad despierta de a poco, casi sin ruido. De noche apenas duerme, da la impresión de que solamente ralentiza su ritmo. Los aviones que aterrizan o salen de Los Rodeos pasan justo por encima de mi casa, terquísima, volando. En torno a las 4 y media de la tarde, si es que el sopor de estas tardes de verano tardío no me ha vencido delante de la tele, me asomo al balcón y veo llegar el Iberia que viene de Sevilla. Qué bonito es Tenerife desde el aire.


Mi vida nómada tiene sabor agridulce.

Comentarios

  1. Sobre eso si que te entiendo perfectamente, salvo que yo no tengo ninguna masa de agua equiparable a menos de 300 km. Todos los lugares tienen su encanto, pero nada como tu hogar.

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