El zorro y el buho

Como si de una fábula de Samaniego se tratase, los protagonistas de mi noche de sábado fueron un buho y un zorro.

Después de cenar en el mexicano, nos fuimos a dar un paseo con el coche a Mazagón. En vez de entrar por la primera rotonda, fuimos por la carretera hasta la entrada del cámping. Bajamos la cuesta y, justo delante del hotel que están construyendo, veo algo extraño en la carretera.

Allí, en pleno pueblo, bajo la luz de las farolas, un buho estaba posado a la izquierda de la carretera. Paramos el coche en seco y nos quedamos fascinados mirando. Era gigantesco, el ave más grande que he visto de cerca en mi vida. La cabeza nos llegaba a la altura del retrovisor.
El buho volvió la cabeza, nos miró fijamente por un momento, y alzó el vuelo, pasando por delante nuestra, para perderse por los pinos de la derecha.

Bello, con movimientos casi felinos. Qué animal más maravilloso. Le calculamos cerca de dos metros de envergadura alar, quizá metro ochenta.

Volvíamos en dirección Huelva fascinados, comentando el encuentro, y recordando todos los animales que se nos han cruzado por delante del coche en estos años que llevamos juntos. Gatos, perros y conejos son lo más obvio, aunque la "noche de los conejos", en la que los contamos por decenas se llevó la palma. Sapos muy grandes, y una rana pequeña en un día de lluvia. Una oca en un lugar tan inexplicable que nos dio por reirnos. Vacas que se saltaron un cercado y caballos salvajes. Lo más exótico hasta anoche: una comadreja por la carretera de Cartaya.

A la altura de refinería algo se cruza por delante del coche, dejándonos mudos de asombro: un pequeño zorro, supusimos que buscando los abundantes conejos de la zona.

Dos fantásticos encuentros para darle emoción a la noche del sábado.

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