Mimos de pareja

A la pareja hay que tratarla todo lo bien que se merece.

Por eso, a mi novio, le nos he comprado una PSP.

La idea surge en el Urende. Yo había ido con la intención de comprar los cascos para el Ipod, que uno de ellos estaba cascado (y un Ipod que no te de bien los graves, o con auriculares no Ipod es como comprarte un Ferrari y en vez de llantas ponerle tapacubos).

Mi novio mira alelado la zona de consolas.

- ¿Quieres una PSP?
- Claaaro.- Responde, soñador
- ¿De verdad que quieres una PSP?
- Claaro!- Responde, esperanzado cuando se da cuenta de que voy en serio.

Mala cosa, la única que queda es una de color fucsia. Un cero a los diseñadores de la PSP por el color.

Son las 9 y cuarto de la noche, cuando corremos al Hipercor, donde no queda ni una, de ningún color.

Corremos al Carrefour donde, en un momento dado, salgo corriendo detrás de un chico trabajador de Carrefour, sonando como una clapper con mis taconazos rojos. Mi novio me mira con cara de desconcierto.

- Ehhhh!!!! ¿¿DÓNDE VAS? ¡QUE ESA PLAY (léase pley) ES MÍAAAAAA!

Una, que ese día lleva las lentillas de estreno (las desechables de un día las reciclo lo menos dos) ha visto que el chavalote coje la única play de la estantería y se la lleva. Yo no estoy dispuesta a cederla tan fácilmente.

El chaval me oye, lógico, y me dice que la lleva a una caja, no sé qué de una cuenta mal, que hay un descuadre... que no sabe si se la lleva un cliente o no.

Mi novio, que ya ha comprendido por qué corro detrás de otro hombre sigue al chaval hasta la caja y vuelve, a los diez minutos, sonriente y triunfal con la play metida en ese armazón transparente.

Examinamos la caja y vemos que es un pack especial con funda, tarjeta de memoria de 2 Gb... Un pasote, 45 € más cara que la play normal. Me nos da igual.

Los juegos, sin embargo, están más baratos en el Urende. No pasa nada, son menos 20, da tiempo.

Y un jamón. Las cajas a tope , así que mi novio hace cola en una y yo en otra. En la caja de al lado dos chavales me miran embobados. Soy una chica, parezco feliz y me voy a comprar una play. Supongo que no se ve a menudo. Mi cola avanza más rápido y, cuando me van a marcar la cajita, zas, error el código de barras. Llaman a la muchacha de los patines.

Cuando aparece la patinadora es una versión de la pitufina de los bosques, risueña, con mechas y una pinta de boba que no puede con ella. Me echo a llorar en mi imaginación. La pitufina patinadora se lleva mi play para mirar el código de barras. La cajera, muy práctica y con la sensibilidad de un ladrillo se pone a cobrarle a los qye iban detrás de mí, con un carro lleno hasta arriba de comida.

- ¿Qué hora es, chiqui?

Mi chiqui está con las ojeras marcadas, seguro que piensa que de qué sirve llevarnos la play sin ningún jueguito.

- Menos diez- murmura.

Fue uno de esos momentos en que la importancia de la misión es más importante que la permanencia del grupo o la pareja como tal. Dije las palabras mágicas,

- Vete. Corre.

Ni me responde.

Yo espero pacientemente a la pitufina, que entrega mi play y un papelajo con corazones pintados a boli y un código de barras a la cajera.

Cuando marcan mi play no puedo creer en mi suerte:

- PSP simple, 169 €- marca la caja.

Yo callada.

Pago, y me voy corriendo como si la hubiera mangado.

Paquete especial a precio de básico... Gracias, gracias,

Gracias a todas las pitufinas del mundo que por ser tan tontas no saben hacer bien su trabajo y nos hacen felices a los demás.

Y gracias a mi novio por comprender que, en la pareja, todo se comparte, por comprarme Los sims 2 para la PSP y por dejar que me traiga unas cuantas veces por semana nuestra play a mi casa.

Comentarios

  1. Hola! Cómo me suena esta historia. Yo también me/nos hemos comparado la PSP como regalo de superacíón/consolación por las oposiciones. La diferencia es que a mí me ha salido al precio normal, vamos, una pasta. Y aun me falta la tarjeta de memoria...ainss... quien me mandaría a mí...

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  2. Ay lileth, pero que malilla eres! Pobre pitufina ignorante de la vida que te ha hecho feliz. Jajajjaja. Qué viva a todas las pobres pitufinas del mundo.

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  3. Vosotros, que podeis!! Yo, con mi piso... parezco una monja de clausura.

    Saludos, Paco.

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