Cumpleaños

Ha sido inevitable. Mira que yo no quería, ¿eh? pero esto es muy democrático y, mientras cumplas el requisito de estar vivo, cumples años.

Y los 23 de agosto me toca a mí.

Mi madre ha recordado lo mona, guapa que era, y lo gorda que nací (ole, estas carnes las tengo desde siempre). Y también ha recordado el acierto que tuvo al elegir el "parto sin dolor", esto es, anestesia general, que es lo que juro y perjuro que yo voy a querer, porque no se quiere menos a los críos si no lo pasas mal dando a luz.

Y la verdad es que el día ha estado muy bien, con paseos, regalos, risas, cotilleos, comiendo pizza (bendita barbacoa crème)... ¡hasta con tarta y velitas!

Me lo he pasado pipa.

Me han felicitado amigos de internet, amigos de fuera y alguien desde un teléfono que no conozco. Vamos, que ni idea de quién es, pero oye, se agradece cosa mala.

Y a mí lo que más gracia me hace es cumplir año tras año, y ni una arruga, oye, que a algunas amigas lo mío le empieza a parecer pacto con el diablo. A mí lo que me parece alucinante es tener patas de gallo a los 25, alucinante y de necesidad perentoria de invertir en una buena crema.

El espejo también hoy me ha seguido tratando bien.

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