Tan real como la vida misma

Uno de mis juegos preferidos es el Monopoly.
Mi novio me regaló hace ya algunos años un monopoly electrónico, para un solo jugador, que me encanta.

El otro día me estaba echando una partidita, y al final terminé jugando de una forma muy marbellí: Con todo lleno de casas y hoteles, pero en la cárcel.

Lo reconozco, me pudo la ambición.

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