De la escala de grises al arcoiris

Esta mañana me ha amanecido en una parada de guaguas. Lo sumaré en la lista de cosas curiosas y extrañas que he hecho en la vida (Lo de la noche surrealista cuenta, Akli).
Y cuando pasas tres cuartos de hora en una parada de guaguas, pasando frío, mucho frío, te da por pensar. Al menos a mí.
¿Dónde estabas el lunes 30 de octubre del 2006, a eso de las 12 de la mañana? Yo en un supermercado. En el Champion. Con mi madre. Y mi madre me decía: coge unos plátanos, pero que sean de Canarias, que son los buenos. Así que a esas horas estaba yo en la zona de frutería mirando los cartelitos de los plátanos. Y pensando: no tiene guasa la mujé esta. O bueno, pensaba en andaluz así que pensaba algo así como "no tié guasa la muhé ehta".
Porque yo estaba en las listas, pero como que lo veía todo muy lejos, Mes y medio, dos meses... Y 48 horas más tarde estaba en un avión camino a La Palma.
Y esta mañana, durante un rato, estuve de nuevo en ese lunes que se me hace tan lejano, mientras clareaba el cielo y las nubes se ponían de un color rosa anaranjado de lo más poético.... y hortera.
Esta mañana pensaba la de vueltas que da la vida, lo que cambiamos las personas, las cosas que nos atrevemos a hacer, y las cosas que nos vemos obligados a hacer. A veces me pregunto por las mañanas qué pinto yo aquí. miro el techo y las paredes rosa de mi casa palmera, y me doy cuenta de que encajo en esta nueva vida tan bien como si estuviese en Huelva haciendo lo que he hecho siempre. Y me sorprendo a mí misma sabiéndome tan amoldada a mi nueva vida, y a mi soledad. Así que al final iba a tener mi novio la razón, cuando en esas conversaciones nuestras, donde yo le decía que lo que menos me gustaba en el mundo era sentirme sola, y él me respondía que no es lo mismo la soledad impuesta que la soledad elegida. Y mi soledad de ahora es elegida... más o menos. Vale, yo solita eché los papeles para la bolsa. Por triplicado. Supongo que lo sorprendente de todo este asunto es que aún soy capaz de sorprenderme a mí misma
Me habían dicho que la guagua salía a las horas en punto. Así que tras el madrugón, a las 7 menos 10 de la mañana estaba yo, como un pasmarote en la parada de guaguas. Así que hice lo único que podía hacer a esa hora de la mañana, aparte de pensar, claro: coger frío.
En la siguiente parada una señora grandota y oronda decide que sentarse a mi lado es una buena opción. Mierda. Pienso. Suelo odiar compartir los espacios reducidos con personas extrañas. Odio más aún que me toquen. Otra de mis manías, Natalia. Pero cuando la señora empieza a desprender calorcillo, y el brazo izquierdo me vuelve a la vida casi estoy a punto de echarme a llorar del gusto.
Dos paradas más adelante, la señora me abandona, y me deja de nuevo a mí, con mi soledad.
Qué vida más perra.

Comentarios

  1. No te preocupes, llegara un momento de la vida que echaras me menos la soledad autoimpuesta. La Soledad solo se echa de menos cuando no tienes posiblidad de autoimponertela

    Akliman reflexionando con los suegros en casa.....

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  2. La Noche Subrealista.... que recuerdos....

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