Atasco




El pasado miércoles pasé mi mañana en la autopista A-49. En un atasco y bajo el diluvio universal.


Y, mientras pensaba de forma recurrente y angustiada -"Verás que pierdo el avión"-, muerta de aburrimiento y agradecida en silencio de que mi padre hubiera dejado puesta Cadena 100 en vez de Radiolé, me puse a fijarme en la cantidad de cosas que hace la gente en un atasco.


Porque estar en un atasco es tela de aburrido. Y más en plena autopista y lloviendo. Por eso tomé nota mental de todo aquello que hacían mis vecinos:


- Hurgarse la nariz. Lo más intuitivo y menos creativo. Curiosamente era lo que menos hacía la gente a mi alrededor.
- Arreglarse las uñas. Comportamiento observado en un pijo a bordo de un BMW serie 5... y en varios transportistas rudos y machotes que conducían un camión. Retirar la cutícula, observar las uñas... Ni una sola mujer conductora fue observada realizando esta labor, pero una copiloto estaba ahí dándole a la lima de uñas y todo. Chica precavida vale por dos.
- Morderse las uñas: Menos habitual que el arreglo de las manos en general, pero complementario al mismo si incluyo a todo aquél que observé arrancándose padrastros a mordiscos (Qué dolor).
- Girar los anillos. Comportamiento observado en la conductora de un BMW de gama alta. El anillo girador no era el anillo único, sino de bisutería. Lo mismo es que de hacerse tanto las mechas, y de pagar las letras del coche no le da para joyería. Por cierto, mando un mensaje a la señora del BMW: las mechas estaban muy bien hechas, pero a mí no me la pegas, mona; tú naciste morena.
- Leer el periódico: Un señor con barbas, tela de entretenido, encajonado entre dos camiones frigoríficos.
- Hablar por el móvil: Nadie, lo juro. Mensajes muchos, pero llamadas no vi ninguna.
- Atusarse el pelo: Comportamiento visto en un jipi con rastas a bordo de un monovolumen tuneao. Verídico.
- Discutir con el de al lado: Hay que descargar las tensiones como sea. Hubo dos o tres así. Pobres parejas.
- Cantar: Uno, pero no sé cómo lo hacía porque no había valiente que bajase las ventanillas con esa lluvia.
Como podemos ver, nadie fue especialmente creativo, y es que las posibilidades de ocio dentro de un coche son tremendamente limitadas. Así que de pronto me empieza a parecer una estupenda inversión esos coches que anuncian con el DVD integrado. Iré ahorrando.
Por cierto, llegué al aeropuerto de puro milagro, pero esa es otra historia.

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