Telefonooo, mi casaaaa...

Escribo desde mi casa, desde mi cama.
Mi edredón de monstruos de colores del Ikea me esperaba cuando llegué. Mi ordendador de sobremesa sigue pidiendo a gritos un formateo (menos mal que tengo el portátil). Mi sobrina mayor sigue en su etapa adolescente (sospecho que nos quedan años de aguantarla así), la peque con varicela (no podré verla porque yo no la pasé en su día...), mi Espe cariñosita como siempre, y el niño sigue en su línea, pero está más alto.
Desde que he llegado he hecho mil cosas: comer coquinas, comer mucho por ahí (verás que vuelvo más gorda), ir de tiendas, ir a la peluquería, ir al dentista, ir al médico (la bronquitis continúa)... Y estoy cansadísima. Y estresadísima. Jueves y viernes iré a Sevilla, a estar con el muchacho, que buenos lotes de carretera se está metiendo entre pecho y espalda para verme.
La frase más escuchada por la calle estos días: -Qué de tiempo sin verte, niña-. Pues normal, ¿cómo me vas a ver?.
Sigo notando muchísimo frío, aunque ya es algo más soportable, ya no me entran ganas de llorar al salir a la calle como cuando vine en Navidad.
Lo que más me llama la atención es la cantidad de gente que quiere quedar o tomarse algo conmigo aprovechando que estoy en Huelva, pero que cuando estaba ni se molestaba en querer quedar. Los hay que insistían antes y vuelven a insistir ahora, claro está, no todos van a ser nuevos amigos.
Hay ahora en Tv un spot que te habla de que todos los días te dan tiempo, que elijas qué hacer y tal. De un coche de lujo. Cuando estuve trabajando en la tienda, cuando decidí dejarlo y terminar de una vez la carrera, una de las razones que más peso tuvieron era la falta de tiempo que tenía.
Me levantaba a las 8:30. Desayuno, me arreglo y para la tienda andando. Llego en torno a las 9:45 a la tienda. Me cambio, y trabajo (bastante monótono) hasta las 14 horas aproximadamente. Corriendo a casa. Almuerzo, ducha, 10 minutos en el messenger y a arreglarse de nuevo. Tiro corriendo para la tienda y salgo de la misma entre las 21:20 horas (los mejores días) y las 23, las 24 o más, si hay una cena de trabajo, si hay que poner rebajas o promociones, si hay alguna charla (en total estas horas eran al menos una vez por semana de media). Repitan la rutina de lunes a sábado, librando una mañana a la semana (Que no se elige, y que no sea el sábado). Agosto se cierra el sábado por la tarde, y no hay más que hablar. Y ahora todo esto, por 600 euros.
Cuando pensaba dejarlo escuchaba en el mp3 (¿o era aún un discman?) una canción de Sôber que decía:
"Decir sí a ser libre
como el aire que respiro
a los momentos, de vida que no pude vivir"
Lo primero que hice al dejar de trabajar fue quitarme el reloj. Y me volví muy celosa con el tiempo. Fíjate, que no tuvo que venir ningún poeta ni ningún publicista a decirme eso del Carpe Diem, Tempus fugit ni nada de eso.
Al final en esta vida, sólo te llevas contigo las vivencias y los recuerdos.

Comentarios

  1. Es cierto que lo que te llevas son las vivencias. Hay que aprovechar cada hora, cada minuto para intentar cumplir lo que deseas. Al final te terminarás preguntando "Y porqué no hice...?"Pues nada de preguntárselo, a echarle morro al asunto.;-P

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  2. Pues yo pienso ser enterrado con todas mis posesiones y concubinas, al estilo faraónico.

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  3. Hola!pues lo del carpe diem y todo eso está muy bien..pero es lo primero k debes olvidar cuando pretendes opositar...no¿?¿?no, supongo k no, pero en fin, a veces no hay tiempo para todo y debes anteponer unas cosas a otras...tu lo sabrás bien, verdad Lileth??

    Por cierto, leo mucho tu blog y me encanta. Hoy he leído tu primer post y me he sentido muy identificada...yo tampoco se que poner..aún no he escrito nada...Saludos.

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  4. Uisshhh, noooo.
    El Carpe Diem es lo primero que hay que tener en cuenta cuando se oposita. Pienso que hay que mantener la normalidad ante todo.
    Yo dediqué dos años de mi vida en exclusiva a las oposiciones que suspendí. Sin embargo seguí viendo algunas pelis, leyendo libros y viendo a amigos y a pareja (aunque los últimos meses estaba insoportable por los nervios).

    Si no llego a haber hecho esas cosas a lo largo de esos dos años juro que me hubiera pegado un tiro al suspender, porque me hubiera sentido completamente vacía.

    Si alguien me pidiera un consejo acerca de cómo sobrevivir a las oposiciones sería ese: no olvidarse de vivir mientras te las preparas. Y tener un plan B, por si las moscas.

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