Dime con quién te sientas...

Tengo a dos muchachitas de 6 años que el otro día vinieron muy seriamente a proponerme un ventajoso trato:

- Maestra, venimos a decirte una cosa. Tú nos escuchas primero, nosotras te contamos y...

- No os vais a sentar juntas- Interrumpo, muy seria, pero con ganas de soltar la carcajada.

- ¿Por qué, maestra? Si la maestra de religión nos deja pero a condición de que estemos calladas. Y nosotras vamos a estar calladas- Su amiga del alma corrobora sus palabras asintiendo con pasión.

- No, si vais a estar calladas ¿para qué os vais a sentar juntas? Anda, cada una a su sitio que vamos a empezar la clase.

Las dos chicas se fueron, cabizbajas, a su asiento, en lugares opuestos de la clase.


¿Pero sabéis qué? Que estas dos la semana que viene se sientan juntas. Palabrita del niño Jesús. Y se sientan sin que me lo tengan que pedir, por decreto. Porque esta que os escribe se niega a dejarse la voz y las energías de nuevo en decirle a una de estas dos que se vayan a su sitio. Porque no se sentaron juntas, se pusieron juntas, pero de pie.

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