En un metro cuadrado


Cuando estaba abierto "Nuevas galerías", durante un tiempo en Huelva era el único sitio donde se podía comprar Levi's. Y eso, cuando eres preadolescente es algo muy importante.

Recuerdo que cuando ibas allí más te valía coger los vaqueros y mirártelos en casa. No sé cómo estaban hechos aquellos probadores que te veías paticorta y con bastantes kilos de más, mientras que en casa mirabas los pantalones y eran los pantalones de tu vida.

Recuerdo que, cuando pusieron Blanco y Mango fue el gran acontecimiento. Ahora me van a poner un Sfera y siento la misma alegría de antaño, aunque ya casi nadie parece acordarse de cuando la gente joven no tenía una sóla tienda en la que vestirse.

De todas las tiendas lo que me incomoda más es el probador. Amplios y cómodos los del Zara del Aqualon. Insuficientes los del Zara del centro, absurdos los de la planta de arriba. Para gente sin complejos los del Berska del Aqualon (no hay forma de cerrar las cortinas), enanos para talla 34 los del centro.
No sé si será una estrategia de márketing, pero en Cortefiel tienen dispuesto el ambiente de los probadores (hombre y mujer) de forma que te mueres del frío si venden ropa de invierno y pasas una calor del 15 si compras ropa de verano. Así cualquiera.

Pero lo que más me hace pensar de los probadores es la conducta que repetimos dentro de ellos; A saber:

Está quien se lleva 3 tallas diferentes de cada prenda: la que sabes que es la tuya, una más para convencerte de que la tuya es la tuya y una menos de la tuya "por si".

¿Que se te salen las carnes de la ropa o se te nota la barriga? No importa, con la palma de la mano alisas, alisas, como si de una lipoescultura mágica se tratase. Cuando alisas tres veces y la pucha no se va no te llevas la prenda.

¿Y por qué nos miramos ladeando la cabeza?

Cuando te pruebas un vaquero la regla es que, si tienes menos de 30 años (edad espiritual) te llevas el primero que te cierra. Si tienes más de 30 años el que queda "elegante" es el elegido, vamos, que ni se te cae ni se te marca mucho.

Imprescindible al comprarte un vaquero es agacharte con él puesto, ¿cuántas de nosotras nos hemos comprado un pantalón que a la hora de sentarnos nos dejaban el susodicho dolorido? Servidora sí, hasta que aprendió el truco de agacharse en el probador.


Cuando te pruebas una chaqueta y no te cierra convéncete de que no te va a cerrar a la primera, pero tampoco a la quinta, así que no lo sigas intentando. Da igual que te quede genial de espalda y perfecta de hombros, si no te cierra es que no te cierra.

Puede que te hayas comprado una falda de la 38, pero si aún no se te quedaron grandes los pantalones de la 42 no es que hayas menguado mágicamente, es que el tallaje de la falda es gigantesco. Aunque todas negamos este hecho porque nos hace taco de ilusión quitarnos un par de tallas.

¿Y esa forma tan rara que tienen los pantalones? Te queda bien de pierna, el culo entra sin problemas pero te puedes meter el puño en la cintura, ¡queda gigantesco! Mi teoría es que las modelos de tallaje deben estar tan flacas que les sale la barriga como a los niños de Biafra y claro, luego nosotras parecemos descompensadas.

Lo mejor es cuando para vernos más monas nos ponemos a pedirle a la chavala que atiende que nos deje unos tacones. Si los tacones son monos, casi al 100% de seguridad que nos llevamos lo que nos estemos probando. Y digo casi porque no me compré aquel vestido turquesa para una boda. Y menos mal que al final fui repitiendo traje a la boda, porque primeramente nadie se acordaba del traje y además como que nadie pareció arreglarse para esa boda.

Cuando te metes en el probador con varias prendas (y la intención de comprar), te pruebas, por orden, lo que más te gusta, primero las tallas pequeñas (si llevas varias de lo mismo), luego las tallas más grandes de lo que te queda muy apretado, luego lo que no te gustaba tanto y luego te vuelves a probar lo que más te gustaba para estar segura de lo que te quieres llevar. Lo que tardes s directamente proporcional al número de prendas, a lo gorda que te hayas visto esa mañana y al número de amigas que te de la opinión dentro del probador.

Como vemos, usar bien el probador es toda una ciencia fruto de la práctica. Aún así, hay quien prefiere llevárselo todo a casa y probárselo "tranquila". Ya son ganas de estar descambiando cosas.

Comentarios

  1. Las mujeres os complicáis demasiado la vida. Te explico el mismo proceso para el común de los hombres:

    -Quiero ese pantalón. Talla 32. Me lo probaré en casa. ¿Cuánto es?

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  2. Las mujeres somos seres complejos, impredecibles y traicioneros.
    Supongo que no es que nos compliquemos la vida, es que no sabemos vivirla de otra forma.

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  3. Yo no creo que nos compliquemos la vida, simplemente somos más cuidadosas con la imagen que queremos dar, ir de compras supone para una chica/mujer una terápia mejor que ir al psicólogo o quedar para tomar café con las amigas. Y además, somos más coquetas aparte de la diferencia entre la oferta de ropa femenina y masculina.
    Los chicos veis un pantalón vaquero. Nosotras vemos: qeu nos qeude bien con zapato plano y tacón, que me combine con los jerseys, qeu me qeude bien para ir de fiesta, que cuando me agache no enseñe las braguitas, alto de caja, bajo de caja, fácil de lavar, qeu no haya que planchar.... etc. ¿Lo ves?

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