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Mostrando las entradas etiquetadas como reflexiones

Mis pantalones gamberros

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Después de este annus horribilis, este diciembre estoy volviendo a entrar en pantalones muy pequeñitos. De los que tienen lycra y cuando los ves en la tienda, mides la cintura, y compruebas que mide poco más de un palmo te haces un meme de esos contra la anorexia para rularlo por twitter y lo triunfas. Pero no, es la lycra. Pero íbamos a hablar de que vuelvo a tener el culete pequeño. Por eso de mi tamaño menguante estoy renovando vaqueros. Porque algunos se me caen y me quedan ridículos de grandes y otros van por el mismo camino como pierda medio kilo más. Así que entré en el Lefties, porque he visto por Instagram que tienen diseños chulos. Como digo, entré en la tienda y me puse a mirar los vaqueros. En seguida dos modelos de ripped jeans me llamaron, unos en gris y unos en negro. Los negros me han enamorado, oye. Con esos rotos grandes en la rodilla (con los 20 grados de máxima que estamos teniendo en pleno diciembre me han parecido una excelente opción),...

Las cabritas valientes no temen a la lluvia

Yo me equivoqué de profesión. De pleno. Porque siempre tuve muy claro que lo mío era el periodismo. Me acuerdo, de pequeña, que escribía periódicos en casa con una Olivetti color celeste que pesaba un quintal, dando a las noticias de los acontecimientos familiares ese toque que aún hoy tengo. Y cuando llegó el momento de elegir profesión pues no luché por lo que de verdad me gustaba y pienso que se me hubiese dado bien. Pero seguí la corriente. Sí. Me hubiese gustado contar cómo se desborda un río metida hasta las rodillas en agua, micrófono en mano. Sí, me hubiese gustado ser la que haga la pregunta incómoda en una rueda de prensa. La que escribe la columna de opinión del dominical. Esa me hubiera gustado ser. Y soy maestra. En mi clase hay una cabrita loca. Yo la llamo así y cuando se lo digo viene con un: - Ven p'acá, cabrita loca, que me tienes harta- Y le doy un beso, y le digo que se siente y se porte bien. Y me hace caso una media hora. El sobrenombre se lo pu...

Yo no era curvy, yo estaba gorda

De un tiempo a esta parte está muy de moda usar ciertos eufemismos. Una persona no es vieja, es anciana; no envejeces, maduras. No estás gorda, eres una chica con curvas. ¿Perdoooooona?  Siempre he sido una chica con curvas. Mi constitución es muy femenina y, desde los trece años, luzco un cuerpo con una formas muy rotundas. Mi peso siempre estuvo en torno a los 52 o 53 kilos. Y tenía curvas. Y midiendo 163cm puedo asegurar que estaba de todo, menos gorda. ¿El concepto hasta aquí queda claro? Curvas no es lo mismo que tener sobrepeso. Mi peso osciló siempre entre los 47kg de cuando estuve demasiado delgada (involuntariamente) hasta los 57 de verme gordísima. Pero hace once años la historia cambió. De llevar una vida naturalmente activa de juventud, pasé a estar sentada muchas horas al día estudiando oposiciones. Muchas. Salía de una experiencia laboral horrible y aleccionadora, donde aprendí que la jornada partida no iba conmigo y que la posibilidad de trabajar ...

Los años perdidos

Para un maestro, al menos para los maestros con los que me he codeado y me codeo, un curso escolar es una oportunidad de aprendizaje profesional. Nuestro trabajo tiene unos ciclos muy marcados, con planificaciones al principio y evaluaciones de nuestro propio trabajo al final. Un trabajo que se presta mucho a reflexionar y, por tanto, a aprender. Y aprendemos de todo. Del directo con los alumnos, con personas que cambian, que te suponen un reto solamente por el hecho de ser diferentes y únicos. Las situaciones cotidianas, tan similares a las de todos los cursos y tan diferentes a la vez, que te hacen replantearte tu forma de hacer las cosas, hacer pequeñas adaptaciones para que todo funcione bien. De compañeros, de los que vas cogiendo esas cosas que ves, que funcionan, que te gustan... Hasta que las haces tuyas y las usas. Una metodología, una forma de usar la mano izquierda con los alumnos conflictivos, una ficha de registro de la habilidad lectora... De Los proyectos. Esos que pones...

Cosas que he aprendido

Cosas que no sabía con 22 años, y ahora sé - Se me da genial, y me encanta, vivir sola. - La estadística no es lo mío. Medianas, medias, modas... Fatal todo eso aunque me esfuerce. - La verdura, bien preparada y tal, está rica. - Adelgazar es muy difícil. Engordar es tremendamente fácil. - Sí que es necesario, y requetechuli, tener una colección de potis. Las barras de labios que tengas nunca son suficientes. - Soy una Master del Universo cocinando pasta. Y musaka.  - No me entusiasma viajar. Al menos no mucho después de haber vivido dos años pegada a una maleta. - Dormir en un aeropuerto es fácil. En un hospital, no. - Volar, en aviones, es aburrido e incomodísimo. - Ver a tus amigos tener hijos es emocionante. En todos los sentidos buenos que tiene esa palabra. - El deporte mola. - Me gusta estudiar por gusto, porque sí, por aprender. Cosas que sabía con 22 años y ahora sé que no son verdad - El tiempo pone a todo el mundo en su lugar. Mentira. - El esfuerzo tiene su recompensa. ...

Cosas que se ven desde la mesa del profesor

Como dije a principios de curso, a la mayoría de mis alumnos no parece haberles tocado la crisis. Bueno, un poquito. Algunos han pasado de colegio de pago al de ahora, público. Otros ya no estrenan ropa cada semana, sino cada dos. Y, los más, siguen con su vida, sin penurias pero sin grandes aspavientos tampoco, como si nada estuviese pasando. Llevo conociendo a mis veintiún niños desde principios de septiembre. Ya sé de qué humor vienen cuando les veo la carita en la fila. Ya sé el lunes, mientras los veo esperar en la puerta del colegio, me casa de quién han pasado el fin de semana, con mamá, o con papá. Ya me han calado y saben que les he cogido más que cariño y que reparto mimos si se me acercan. En las familias de trabajo no parece haber crisis, pero el cariño a veces no lo veo por ningún lado. Y mis alumnos tampoco. El cariño se vende caro en las familias de mis chicos. Algunos me comentan apenados el lunes que papá estuvo tan ocupado que el viernes no pasó a recogerlos,...

Y entramos en la recta final

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La última semana del cole pasó. Y gracias a que el último día de clase coincidió con la tarde de la verbena tuve una excursa para disimular ante los nenes que, quizá, sea la última vez que estábamos juntos en clase. Yo lloré de nuevo, de todas formas. Pero los niños no, que es lo que cuenta, porque lo último que me apetecía era repetir el drama del año pasado. La verbena y los bailes que llevaba adelante mejor que bien, requetebien. Estoy muy muy orgullosa de mis niños y de esas veinte horas que hemos ensayado (las he contado) con un calor infernal. Que sí, que no es lo más importante del mundo, pero teniendo en cuenta lo mal que lo hacían en los primeros ensayos, que la coreografía no era precisamente sencilla y de cómo lo dieron todo en la actuación ¡esto debería poder reflejarse en las notas! Mención especial a las familias de mis alumnos, en especial a madres y hermanas que ejercieron de estilistas y contribuyeron a que los niños y las niñas estuvieran realmente espectacula...

De guarros y guarras, segunda parte

Veo que el tema de la higiene personal es algo que crea controversia. La higiene, a secas, supongo. dentro de ser una persona "limpia", hay todo un margen de grises de mugre, de ni tanto ni tan calvo.  Tan fuera de lugar está la que limpia sobre limpio (no hay que dar lugar a que se ensucie, dice una de mis tías, obsesa de la limpieza) como la persona que obvia que cuando algo está sucio, habrá que limpiarlo. Donde trabajo actualmente tengo una compañera de lo más limpio. Y anda horrorizada por los pasillos a menudo. Me preguntó, durante un recreo lo siguiente: - Nena, yo sé que te puedo hablar con libertad... - Dime. - ¿Aquí la gente es tan guarra como parece? - No, mujer, más. En mi clase encontré una bolsa llena de papeles viejos, con moho, en el fondo de un armario. Cagadas de ratones, cartulinas con pis de ratones- Seguí un rato con una retahíla de cochinadas de las cuales hice foto en su día pensando que yo esto lo contaba y no se lo creía nadie.- Y el año pas...

Un, dos, tres... Mil

Las últimas, dos, tres semanas han sido, desde mi perspectiva, una sucesión de quehaceres laborales y personales, con días de fiesta de por medio que han contribuido aún más, si es que se podía, a trastocar mis ritmos y mis rutinas. Mi cuerpo nota que debe ser primavera y me está pidiendo que me active. He hecho Spinning, Body Pump y lo que he he podido cuando las bajas temperaturas me lo han permitido. Y todo ello gracias a que El Jabalí me regaló el material de Body Pump que encontró por internet, porque lo de encontrar una barra que no pese, es bien difícil. Para finales de esta semana esperamos, por fin, que haga calor (7 grados de mínima es frío, ¿eh?) y entonces esto será un no parar, porque a ver quién se acuesta temprano cuando hace calor... El tercer trimestre, en lo laboral, ha venido bien fuerte y tiene toda la pinta de que no vamos a bajar de ritmo hasta que termine el curso. Yupi. Y además, mi amiga en el cole ha estado de baja, le tengo cotilleos acumulados como para ...

Puntualicemos, señor Wert

Me levanto esta mañana leyendo en los medios de comunicación que una de las cosas que se barajan para recortar gastos en la educación es aumentar la ratio en las escuelas. Para el profano en la materia, la ratio es la cantidad de alumnos por clase que hay, actualmente entre 22 y 25 alumnos. Una, que estudió bajo la, para mi gusto excelente, Ley General de Educación de 1970, recuerda las clases de 40 y 42 alumnos de su época, donde había uno o dos empollones, uno o dos repetidores y el resto formábamos parte de una homogénea masa de mediocres. Algunos tendíamos a sacar notas entre el 7 y el 9, con algún 10 y otros estaban rondando eternamente el 6. Quiero decir con ello que llevar una clase adelante con muchos más alumnos que la ratio actual es trabajoso pero viable, pero se haría necesaria una profunda revisión y reforma del Sistema Educativo actual. Una de las cosas que propondría es volver a separar al alumnado con ciertas necesidades del resto. Para entenderlo voy a poner com...

Cara de tonta

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Qué a menudo se me queda cara de tonta... Cuando me preocupo más por un niño, por su bienestar físico y mental, que su padre y su madre. Cuando me preocupo más por el trabajo de alguien, o la ausencia del mismo, que ese alguien. Cuando veo que gente en paro lleva un nivelazo de vida, oye. Cuando parece que soy a la única que le parece de mala educación sacar el móvil en medio de una ponencia y ponerte a hablar. Cuando hago cursos por formarme, y no por perder una mañana de trabajo, y me siento a contracorriente. Cuando la gente me echa su mal aliento en las narices y me entran ganas de preguntar si hace la Dukan o es así de guarra, directamente. Decidme, por favor, que se os queda cara de tontos y con qué, porque de tanto poner cara me estoy quedando lerda.

En la semana que acaba

Esta semana, con sus siete días, me ha dado para mucho... Se me ha estropeado el ordenador, que sigue en el técnico. Afortunadamente tengo otras opciones para seguir conectada. Le he revelado a alguien que otro alguien es mala persona. Muy mala persona. Desearle mal a un hijo me parece lo peor. He trabajado a tope. Y mis alumnos, por extensión, también. He puesto en marcha un proyecto laboral que está teniendo buena acogida. He reorganiazado mi armario. Por colores. Por tipo de prenda. Fuera jerseys gruesos. Hola, primavera. Me han ofrecido una oportunidad de formación laboral muy interesante, que he aceptado. Me he reído mucho. He retomado lo de acostarme a una hora prudente. He vuelto a ver a alguien a quien tenía ganas de ver. Me conformaría con que la semana que comienza fuese como esta...

Los niños y la crisis. Pero sin ñoñeces.

Cuando voy por las mañanas hacia el trabajo suelo escuchar la radio. A veces la oigo, otras la escucho. Estos días, escuchando, empiezan a hablar (en tres días han hablado de ello en todas las cadenas que tengo en la memoria del coche) de las recetas de los niños para salir de la crisis . Un estudio superficial y ñoño, de esos que te revuelven las tripas por muy bien que te haya sentado el desayuno. Unos días atrás llamé a mi mesa a mi pequeña J, decidida a sonsacarle eso que la reconcome. La pequeña J es una niña guapa, lista, trabajadora, responsable, agradable... Y de un tiempo a esta parte saca malas notas, me confiesa no tener interés alguno en estudiar y se peleaba frecuentemente con sus compañeros. Cuando un niño o una niña da un cambio así hay un problema en el cole o, las más de las veces, en casa. Se acercó J a la mesa, seria, mirándome de reojo. Me la senté en las rodillas y le dije que de ahí no se iba hasta que me dijese qué era lo que estaba pasando. Dudó unos instan...

Yo nunca podría ser una egoblogger

Reconozco que adoro cotillear los blogs donde las chicas ponen una pose y nos enseñan la ropita que se han puesto ese día. Reconozco que de vez en cuando la combinación me gusta tanto que me guardo una foto en una carpeta que tengo para inspirarme y así sacarle más partido a mi armario. Y reconozco que, a veces, veo un look tan descabellado que me río. Pero tengo que reconocerle a la egoblogger media una serie de sacrificios que personalmente o no estoy dispuesta a hacer o me resultaría imposible llevar a cabo. Y no me refiero a conseguir ropa a menudo porque de todos es conocido que a partir de cierto número de seguidores las marcas de ropa se prestan a que la egoblogger promocione sus prendas. Me refiero a ese tipo de cosas que van contra el sentido común. Yo no podría ser egoblogger, porque si me hago una foto con las piernas torcidas a lo Lina Morgan parezco tonta, no estilosa. Porque si uso ciertas combinaciones de prendas y colores en el pueblo donde trabajo directamente me...

Cosas, y cosas

Cosas que me sientan estupendamente Los pantalones estrechos. Pero sin pasarse, como todo. Los escotes, aunque los uso muy poco, porque no me gusta que me miren ahí. Los colores vivos, como el rojo, el amarillo, el naranja... Y el negro. Las faldas de largo por debajo de la rodilla, con tacón, obviamente. El corte imperio. Vestidos cortados al bies. Las chupas de cuero. Las biker, vaya, si me tengo que poner en plan fashionista me pongo. Cosas que me sientan como diseñadas por el enemigo Los pantalones amplios. El escote palabra de honor. Las camisetas estrechas, con el cuello a la caja. Algunas americanas, y mira que me gustan, y me las pongo... Pero mi estrechez de hombros y las protuberancias delanteras... Los tonos pastel, los marrones... Las minis minis. Los jerseys muy gruesos y pegados al cuerpo (¿Hay alguien a quien favorezca eso?). Y he de decir que he llegado a estas conclusiones tras una vida de aciertos y desaciertos estilísticos. Y lo que me queda. ...

Menuda semanita

La semana en la que estamos la voy a terminar oficialmente el viernes, no el domingo, por la cuenta que me trae. Y por intensa. Porque vaya tela. En lo personal: Mucha gente alrededor enferma, alguna gente muy enferma, malas noticias y virgencita que me quede como estoy. Comí el miércoles con cuñado mayor y nos echamos unas risas, como punto bueno. Otro punto bueno el ratito de viernes tarde con una amiga. En lo profesional: Una semana cargadísima de trabajo. Pero a tope. Con lo mío, lo que me eché encima de las espaldas voluntariamente y lo que me tuve que cargar porque dos personas de mi trabajo han dejado de hacer correctamente su parte. Bien por ellos. Porque me han descalabrado la organización de mi trabajo y porque me han demostrado que hacerse la víctima es un arma estupenda a esgrimir, al menos para algunos. Así que este fin de semana de renovación porque la semana que viene promete ser igual de dura. Las reflexiones, esta vez, las dejo para el lunes. Por ahora ...

Con ese rollo te vas a convencer a otra, chavalote

Hace unos años un amigo y yo hablábamos de una serie que nos gustaba. De un personaje de esa serie. De un personaje femenino interpretado por una actriz gorda. Gordísima. Le comentaba que, en una temporada concreta de esa serie, la actriz se había puesto todavía más gorda. Y él me comentaba que tampoco tenía nada de malo, que él la veía monísima, que a él le gustaban gorditas, que nuestra amiga común X, gorda (dejémonos de eufemismos para este tipo de cosas), le parecía físicamente rayando en la perfección, precisamente por sus carnes. Eso, y una oda a la carne, me soltó. Este amigo, cuando le dije que a mi la gordura me parecía fea, especialmente fea, cuando la gente gorda se bamboleaba al andar, que no es estético ni mucho menos sano, que nadie, pudiendo elegir, quiere estar gordo... Este amigo, repito, se mostró ofendidísimo ante mi "superficialidad" y mi incapacidad para "valorar a las personas por su interior". Pues la novia que se echó, delgada. Delgad...

A mi me hace falta un yoyó

Hoy he estirado el lunes bastante más allá de lo que pensé que se podía estirar. Por la mañana he tirado del carro con los peques, intentando que el tedio de lunes no los dejase sin avanzar; ninguna heroicidad, como todos los días. Los niños han avanzado lo justo; ninguna novedad, lo de todos los días. He recibido, por teléfono, una mala noticia tras otra. Ya os vale. He subido y bajado escaleras, llamado a mamás de niños que se habían puesto enfermos para que viniesen a buscarlos y he visto, impotente, cómo un crío de seis años caía de bruces y se abría la cabeza a escasos cinco metros de mí. Conseguí llevarlo al botiquín entre palabras tranquilizadoras ignorando el hecho de que chorreaba sangre, y que a mi esas cosas suelen marearme. Para más disfrute, durante toda la mañana me han tosido encima y durante el recreo alguien con una dieta Dukan muy estricta me ha estado hablando. Y yo oliendo. Conseguí colocarme a contraviento, con mucho trabajo. Pero el mal ya estaba hecho...

Final de mes

La falta de dinero en las familias de mis alumnos y mis alumnas es muy preocupante. Mucho. Me preocupa que hoy, día 26 de enero, el fin de mes esté tan cerca que haya habido siete mamás olvidadizas que no hayan metido algo en la mochila para que sus hijos comiesen en el recreo. Pero más me preocupa que, de veintisiete alumnos, más de veinte manos se alzasen cuando pregunté que quién estaba malito. De esas más de veinte manos, solamente dos quedaron alzadas cuando pregunté quién había ido al médico o había recibido un jarabito o similar por parte de mami o papi. Porque a ir al médico de gratis, por ahora, podemos. Pero en la farmacia te cobran. Y lo que más me preocupa de todo es que desde la Asociación de Padres y Madres se haga una nueva campaña de recogida de alimentospara ceder al necesitado... Cuando se da el caso que el necesitado se sienta en el pupitre de al lado del que ocupan sus hijos.

De cómo se me desinflan los buenos propósitos.

Esto de proponerte cosas, cosas buenas, se entiende, es un arma de doble filo. Un filo impregnado de voluntad firme y el otro, frecuente, más blando que una nube de azúcar al microondas. Y eso es así. Le comentaba hace un rato a Ro, de ¡Ostras, Pedrín!, que la intención de ponerme unos buenos tacones por las mañanas se me va directamente a la porra cuando me acuerdo de todo lo que debo hacer en mi jornada laboral: - Pasar varias veces en la mañana por las veintisiete mesas corrigiendo fichas, libros y cuadernos ¡porque si no estoy pendiente de lo que hacen no les puedo enmendar lo que hacen mal o les cuesta aprender! - Patearme el recreo, incluso esas zonas con un barro tremendo, porque fulanito le ha pegado a menganito o alguno de ellos se ha caído. - Acordarme de que mi alumno juguetón hace un rato que fue al baño y tener que ir corriendo a buscarle. - Irme de una clase a otra, a veces subiendo y bajando escaleras, porque me toca dar la siguiente hora en otro sitio. - Pa...