Crónicas almerienses. Parte II, ¡Qué pechá de andar!
El sábado, mi primer día en Almería propiamente dicho, me levanté temprano. Ducha, sesión de maqueo y bajar a desayunar en el hotel me ocuparon poco más de una hora. Me encantan los bufets de desayuno y este, aunque pequeñito, no estaba mal. Se me olvidó mandarle a Martinsa un privadito, porque siendo ella de por aquí podríamos haber quedado para tomar un cafelito de media mañana; no caí, y hubiera estado genial. Martinsa, me quedé en el AC Almería, muy céntrico y estupendo, excepto por las puertas de cristal al ácido en el baño. Después de desayunar acompañé al Señor X a su currele, allá por el puerto y como eran solamente las nueve de la mañana, mapa en mano me dirijí hacia el paseo marítimo. Me sorprendió la cantidad de gente con su chándal, paseo arriba y paseo abajo, o paseando al perro que, por cierto es otra de las cosas que me ha sorprendido de Almería. Muchos gatos por la calle, muchos perros con su dueño. El paseo marítimo no estaba construído la última vez que estu...