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Por el camino

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El año pasado me entretenía ir viendo la fauna mientras iba o venía del trabajo. Que si las perdices, la emoción de los venados, los cochinos... Incluso los operarios de las obras de las carreteras. Este curso, sin embargo, cambia mi itinerario, la climatología no tiene nada que ver con el año pasado... Mis mañanas hacia el cole se resumen en (escojan todas las opciones que quieran, porque se me pueden dar muchas en el mismo día): - Lluvia. - Lluvia torrencial, que no veo la carretera, leñes. - Cortina de barro del camión de delante. - Niebla. - Niebla que-te-cagas. - Sol cegador saliendo justo detrás y que me da por los retrovisores. - Más lluvia torrencial. - El camión de Correos delante. Y no lo puedo adelantar en este tramo. - Cuando llega el tramo donde puedo adelantar me viene gente de frente. Me trago el camión de Correos hasta la rotonda de Castillejos. - Más niebla. Y a veces, de regalo, este año veo... ´ ¡Ovejas! Y son de grandes....

Encuentros

Camino del cole, por una carrera local y pintoresca, donde es habitual encontrarme con orgullosas perdices en los arcenes, las nubes se me han cerrado y se me ha puesto a llover. En ese momento llevo puesto en el cd una selección del Coldplay y comienzan a sonar los primeros compases de Viva la vida. Sin previo aviso, tras entrar en una curva, el paisaje en movimiento llama mi atención: Una manada de unos diez o doce venados gigantescos está en medio de la carretera. Clavo frenos a la misma velocidad que mi boca reacciona abriéndose por el asombro. Cuando ven mi ovni rojo saltan gráciles las vallas y desaparecen entre los árboles. Avanzo lentamente hasta situarme donde han desaparecido, pero no consigo ver nada.

Camino de vuelta

Es impresionante la cantidad de fauna, y no me estoy refieriendo tan solo a los obreros de la carretera, que me encuentro todos los días cuando voy o vengo del trabajo. Supongo que es porque paso por carreteras nacionales (o autonómicas, más bien) poco transitadas donde los animalillos se sienten completamente libres de ir caminando. Así les va. Últimamente, por recomendaciones paternas y por la cantidad de tramos en obras que hay en mi ruta habitual, estoy cogiendo por autopista hasta Ayamonte, y tiro hacia el trabajo cogiendo por Villablanca. No me aporta gran diferencia si no voy directamente a Sanlúcar, pero cuando salgo o voy allí me conviene más esta ruta. Me han comentado que es normal que se te crucen jabalíes y ciervos en el último tramo (que además es bastante pintoresco por las pendientes y las curvas), pero por ahora solo he visto perdices. Muy dignas y muy estiradas, eso sí, mientras cruzan la carretera y yo freno porque alguien me contó del alguien que rompió el faro del ...

Señora, ¿Qué lleva ahí?

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Esta mañana los astros se han alineado para que me encontrase todos los coches de autoescuela del mundo. Además, esos coches de autoescuela llevaban conductores con mucho miedito y si los intentaba adelantar, los muy idiotas aceleraban. Así que he ido una buena parte del camino cantando alevosamente a Aute por lo bajini, a una velocidad media de 50 km/h. En un momento del camino, entre los pueblos de Gibraleón y San Bartolomé de la Torre, concretamente en las casas terreras que se encuentran a pocos kilómetros de este último, veo de lejos una señora mayor que se acerca con paso decidido hacia la carretera. - Verás que la pillo- Me digo. Por la postura íntuyo que lleva algo en las manos. La señora para al borde de la carretera y mira a un lado y a otro, no sé si buscando el momento de cruzar o esperando algo. Pasando a su altura, a la velocidad de mi alumno más vago haciendo tareas, giro la cabeza para cotillear qué es lo que protege con tanto mimo. Veo, entre sus manos un bote pequeño...