Y, de nuevo, cambiando el chip
Como siempre en estas fechas, al llegar las vacaciones, me toca cambiar el chip. Asumir, otra vez, que es probable que no vuelva a ver a mis alumnos de este año, tragarme la preocupación por pensar qué va a ser de ellos, si la persona que los coja el año que viene va a ser cariñosa y cuidadosa con ellos... Cada año lo llevo peor. Y esperar que en los destinos provisionales me den ago que esté cerca de casa. Ese es mi verano. Ya estoy en plena vorágine de playa y a estas alturas marco un gran hito, porque he conseguido ponerme morena (sigo blanquísima, pero en comparación estoy muy cambiada) y voy regularmente a tumbarme bajo el sol con mis amigas. Además, en apenas un mes me caso, así que estoy cambiando el chip de estado civil (no veo qué vaya a cambiar) y del estado físico, porque entre el blanqueamiento dental, el moreno, la bajada de peso + volumen, la melena larga que me gasto... Me estoy volviendo una versión mejorada de mí misma. Podría haberlo hecho antes sin boda ni nada...