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Mostrando las entradas etiquetadas como anécdotas de casa

Revelación

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En mi casa, desde que tengo uso de razón, nos ha gustado la música. No en el plan de tocar instrumentos y eso, sino en el sentido de ser consumidores de música más o menos comercial. Por eso teníamos un tocadiscos en el salón, de esos de mueble, con altavoces grandes y la señal en un lugar de mi boca y mis dientes cuando me ponía, siendo bebé, de puntillas, intentando ver girar los LP's. También había uno portátil, gigante comparado con los aparatos de ahora, como un maletín que se abría y tenía dentro un tocadiscos con el altavoz y todo. Está en un altillo de un armario junto con una ingente colección de vinilos. El que hay en casa de mis padres no es como el de la foto, pero para ilustrarse sirve. El tema es que con el tiempo terminé usando el pequeñito, el Picú, para poner mis LP's y mis singles de los años '80. Mis padres me contaban su pasado con los Picús en los guateques y la verdad es que esas fiestuquis sonaban genial porque, seamos sinceros, en la mayoría d...

En régimen de acogida

Hoy he ido, sorteando zanjas, martillos hidráulicos y obreros, a la Biblioteca Municipal a traerme libros suficientes para pasar al menos 15 días entretenida. Leo mucho y leo rápido y, al precio que están los libros no hay sueldo que resista gastarse 30 euros en un libro que me va a durar dos noches. Así que socia de la biblioteca pública, que es el mejor invento que tienen ciudades y pueblos. Cuando era pequeña, tendría unos ocho o diez años, y compraba los libros de la colección Barco de vapor , sobre todo buscaba un libro bien gordo y con letra pequeñita. Los finos o los de letra grande los sigo descartando por sistema. El niño del pijama de rayas , por ejemplo, no lo compré, sino que lo leí de la biblioteca de la residencia de estudiantes de la Laguna. Me duró menos de lo que dura un sábado y no me gustó mucho, aunque quizá ya tenía pistas de que iba a ser así cuando vi a una chica en un avión a moco tendido con el libro entre las manos. En mi casa somos todos grandes lectores, y l...

Citas con Paco

Una persona muy cercana a la familia ha aprovechado en que por fin, en la tercera edad, puede tomarse un respiro y salir con las amigas en maravillosas excursiones del IMSERSO donde burla el tedio y la falta de planes que otorga la viudez y se ha ido a Mallorca. Uno de sus hijos, muy pendiente de ella, la llama y se interesa por la marcha del viaje: - Bien, y ahora me estoy arreglando que tengo la cena de la cita con Paco. - ¡Mamá! ¡Ten cuidado! - Se escandaliza el hombre, pues no le ha conocido devaneos a su madre desde que hace más de 20 años quedase viuda.- ¿ Y tienes que ir? Mira que... - Claro que tengo que ir, ¡Si hemos pagado ya la cena que vale 49 euros! - Pues no se lo digas a mi hermano V, ¿eh? Que ya sabes cómo es, ¡Tú "ten cuidao"!, a ver si te va a pasar algo. - ¿ Y qué me va a pasar? Tenemos la cena con el espectáculo "Cita con Paco", no creo que pase nada...

Confesiones fashion

Pese a que hace más de 15 años que devoro revistas de moda, que me sé todos los mandamientos de los grandes diseñadores, y que soy una fiel acusadora de aquellos que cometen pecados estilísticos (tanto mortales como veniales) y que olvido que algo es pecado a la misma velocidad que me lo propone un buen diseñador (Fucsia y rojo son una buena combinación, atendiendo a YSL)... Tengo escondidos mis pecadillos fashion, esos fallos imperdonables que de vez en cuando vuelven a mi mente y me hacen entonar el Mea Culpa (aunque bajito). - No tengo camisa blanca: Sé que es un básico en el armario, lo sé. Pero después de haber trabajado de dependienta y que ese fuera mi uniforme veo una camisa blanca y me suena auniforme. En los chicos aún peor, porque me recuerda a un camarero. Y me sigue dando igual que una camisa blanca sea taaaaan coordinable. No puedo con ello, lo reconozco. - No tengo little black dress ni petit robe noir, ni vestidito negro : Bueno, tengo uno ideal de la muerte pero lo co...

¿Martes 13?

Cuando me ha sonado el despertador esta mañana he maldicho la hora en que anoche le aseguraba a mi madre, muy digna yo: - "No tengo sueño". Me he levantado de un salto y he ido corriendo al baño para poner la estufa (No hay quien se duche sin previo recalentamiento de la estancia) y me he vuelto a meter en la cama 15 minutos más. De nuevo calentita, y aún adormilada me he pensado la ropa que me iba a poner hoy. La tentación de estrenar los zapatos salón marrones que me compré ayer en las rebajas de Fosco es demasiado grande, y me invento un look marrón y morado, con pitillos por el tobillo incluidos que me permitan lucir bien mi nueva adquisición. Consigo reunir fuerzas y empiezo a preparar la ropa. Tardo más de diez minutos en encontrar dos calcetines de media iguales, aunque al final no es ninguno de los que tenía en mente (luciré mis nuevos salones con unos llamativos calcetines en print animal) y me prometo pasarme por Calcedonia en cuanto sea posible. El microhondas, con...

La babucha justiciera

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Yo soy de la generación de la babucha. En mi generación, esa donde los padres no se planteaban si era pedagógico o no lo del castigo físico, que tu madre te diera en el culo cuando te portabas mal estaba más que extendido. Y mi generación ha crecido sin traumas. Mi madre usaba su zapatilla; cómo picaba. Yo corría por el pasillo pero ella, que había perfeccionado su técnica a través de los años, me lanzaba la zapatilla y normalmente me daba de lleno. Y si intentaba evadirla metiéndome en alguna habitación, mi madre le daba un golpe de efecto a la babucha de forma que ella sola te perseguía y giraba hasta darte. Y sin efectos especiales como los de la película de la Jolie. Técnica, pura técnica. Parece que ya las madres españolas no usan la técnica de la zapatilla como medida correctiva. En Irak sí que la usan: siguen dando con la zapatilla a los niños malos. Adiós a Bush a zapatazo limpio Seguro que este niño malo le ha pegado a otros niños.

Territorio WIFI

Mi casa, desde ayer a las cinco y veinte de la tarde, es territorio wifi. Como mi padre, que es muy resalao, me ha regalado un Sony Vaio para que jubile al ACER, y mi madre penaba por no ser más una analfabeta y saber navegar por Internet pensamos que lo mejor era cambiar del cable al wifi y así estar todos la mar de contentos. Por eso pedimos por teléfono el pack autoinstalable de ONO; entonces fue cuando todo el mundo empezó a meterme el miedo en el cuerpo diciéndome que eso era la mar de difícil hasta que terminé pensando que instalar el pack me iba a suponer más esfuerzo que aprobar las matemáticas de ingeniería aeronáutica. Ayer por fin tuve el paquete en casa y saqué del mismo un módem-router con antenita y unas pequeñas isntrucciones. Tan pequeñas, y tan fáciles que pensé queiba a ser igual de complicado como me contaban. Más fácil parece, más difícil es, no falla. Veo que me van a pedir una clave que ni me sé ni tengo ganas de buscar, así que directamente llamo a atención al cl...

Haciendo magia

Me he vuelto maga, lo juro. Casi casi como los amigos de Harry Potter. Esta mañana, mientras me vestía, decidí a última hora ponerme, en vez de las All Star rojas, unas deportivas de ante en rosa palo que iban mucho más a tono con mi conjunto rosa y gris. Por tanto, saqué del cajón unos calcetines grises porque los rojos que ya me había puesto no pegaban ni con cola. Me cambié los calcetines, me puse los zapatos, me los até y bajé a desayunar. Cuando subí a maquillarme entré en mi habitación y voilà!, encima de la cama un calcetín gris reposaba al lado de uno rojo, los dos juntitos. Incrédula, levanté el pantalón hasta descubrir que también en mis pies estaban desparejados. Pues yo me puse los dos, en serio... Es que he hecho magia.

CSI Mimami

Escena 1 Mediodía. Escalera de casa. Lileth entra en escena y comienza a bajar la escalera vestida con su camisola de Hello Kitty. De pronto, algo en el suelo del pasillo la hace parar en el último escalón. - Mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! - ( Voz en off ) Quéeeeeeeeeeeeeeeeeee - ¡Coge el cucal! Lileth espera paciente sabiéndose a salvo encima de su escalón. Un bote de cucal aparece por el marco de la puerta, seguido de la cabeza de la mamá de Lileth. - No, está ahí, en el pasillo. La mamá de Lileth localiza el objetivo y lo comienza a rociar de cucal. Pasados tres segundos se detiene, contrariada. - No se mueve, está muerta... ¡Vaya costumbrita que ha cogido tu padre de matarlas y dejarlas por ahí!. Lileth medita. - ( Voz en off ) Esto parece Vietnam, lleno de cadáveres.

El primer día de mi coche

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Cuando llegué al concesionario mi coche estaba ya allí, tapado con una fundita roja. No fui sola, porque a veces tenemos en mi casa algo así como un sentimiento muy clan, así que vinieron mi padre, mi madre y el Señor X (Que ha sido el gran héroe del día). El señor del concesionario nos hace esperar mientras atiende a una pareja, él-ella, de unos veintipocos años que preguntan por un coche. Lo quieren financiar a 10 años y ni por esas les salen las cuentas. La chica se pone cada vez más seria, el chico suda y se come las uñas. Mi mamá y yo seguimos interesadas la jugada. El coche no se va a vender, lo tenemos claro. Por fin el señor del concesionario me sienta en MI coche y me empieza a explicar todos los botoncitos que tiene el bicho, que parece un avión. Una vez que parece que lo tengo claro el señor tan amable me lo saca del concesionario por unas rampas metálicas y me lo deja para que lo cale yo solita. Lo primero es lo primero, así que vamos a llenarle el depósito y, al salir, aqu...

Cazarrecompensas

Esta misma tarde, mientras cojo unas cosas para ducharme, veo al pasar por la puerta del cuarto de baño azul una cucaracha en el suelo del tamaño del halcón Milenario. Corro a por el Cucal y cuando vuelvo rocío a la cuqui, con saña y generosidad, desde una distancia prudente. Una vez de que me aseguro que el bicho no se mueve (de hecho no se ha movido desde que le eché el primer vistazo) decido ir a donde mis padres, Cucal desenvainado, y apuntarme el tanto. - Yo he hecho de matarile- anuncio, orgullosa- ahora, que de enterrador haga otro. - ¡Pero si la he matado yo! - Dice mi padre. No tiene gracia matar algo que ya estaba muerto.

Haciendo la compra

Hace un par de días fui al Mercadona con el Señor X a hacer la compra. En la zona de los refrescos vemos a pocos céntimos de euro el refresco de naranja del Mercadona, justo al lado de la Fanta de naranja. El color, la transparencia de los líquidos... todo idéntico, salvo el exterior del envase. Ahí, observando, es cuando el Señor X suelta la perla de la semana: - Me gustaría tener un espectógrafo de masas sólo para demostrar que estos dos son iguales. Yo le río la gracia. Y es que cuando uno es de ciencias, lo es para toda la vida.

Inquilinas en el baño

Esta noche, al llegar del Ikea, mi madre me recibe con una de las peores noticias con las que se puede recibir a alguien: - He visto una cucaracha. Me quedo con el pomo de la puerta en la mano, helada. Noto que el olor a Cucal me recibe como una bofetada. Cierro la puerta lentamente. - ¿Dónde? - En el cuarto de baño azul. Bueno, ahí la he visto entrar, yo no la he seguido. Pero es que el caso que creo que hay una plaga. - ¿Y eso? - Es que ayer ví otra. - Vaya. - Mañana echaré de esto- señalando el Cucal- por toda la casa. - Vale. Camino cabizbaja por la casa mientras cojo algo para cenar y me preparo para irme a la cama. Camino cabizbaja para ver lo que hay en el suelo, obviamente. Al rato me encuentro a mi madre sentada, con una expresión de asco en la cara. - Me he asomado al baño y se ha muerto ahí, ella, al lado del váter. -Argh- respondo, empática. - Yo no la quito, que me da asco. - Yo tampoco. - Si eso, que la quite papá, cuando la vea. - Siempre hace falta un hombre en casa.

Aquí la silla, aquí el esguince

Hace cosa de unos meses, justo antes de salir de casa para coger un avión, mi silla de estudiar (la de ruedas, la azul, la cómoda) decidió perder uno de los tornillos que sujetan el asiento a la estructura de la silla. La silla quedó que si te sentabas en plan recto no pasaba nada, pero si te inclinabas hacia el lado malo, el asiento se levantaba contigo y podías ir al suelo. Como iba saliendo hacia Sevilla, el tornillo quedó encima de la mesa del ordenador, el de sobremesa. Ale, pues por arte de magia al volver de ese periodo trabajando ya el tornillo no estaba. - Como lo dejas todo por medio y nunca recoges nada- me dice una señora fanática del orden que vive en mi casa. - Es que me iba a coger el avión, no era momento de empezar a atornillar, si me paro no llego- alego. - Qué pena me da- me dice sarcástica, la tal señora esta. El lunes le preguntaba de nuevo a mi madre que dónde andaba ese tornillo gordote que dejé encima de la mesa (lo ha tirado, sospecho). Ella dice que no sabe, q...

Dormir contigo... Eligiendo cama para mi nuevo piso

En contra de lo que cuenta la canción de Luis Miguel, dormir con la pareja a veces tiene poco de romántico. Una, que durante décadas ha disfrutado para ella sola de al menos 90 cm de libertad, lo pasa fatal cuando tiene que compartir ese espacio durante toda la noche. Es por eso por lo que siempre dije que la cama de "mi casa" la quiero de 180 cm; pero de ancho. Esas son las medidas de todas las sábanas que he ido comprando en el Zara Home: 180 cm de ancho y dos maravillosos metros de largo. Durante años, mi madre me advertía que con los pisos tan pequeños que se estaban construyendo la cama no me iba a caber. -Siempre puedes cortarlas- Me decía cuando me veía aparecer con un nuevo juego de cama. Ha sido para mí determinante al decidirme por esta casa que el dormitorio principal tenga el suficiente ancho (y me sobre) para ponerle la cama de mis sueños. Si no no la hubeira querido; y es que hay cosas en la vida a las que no debemos renuncir, y son esas de las que depende nuest...

Efecto "hipoteca pronovias"

El jueves pasado, a eso de la hora del recreo, el Señor X y yo nos compramos un piso. Pues si. ¿Qué es un piso? Pues un sitio para vivir, cocinar, donde guardar la ropa y los mil millones de libros que hemos acumulado en los últimos años. Pues no. Según "la familia" aquí va oliendo a boda. Que lo sepáis, que con la mensualidad de la hipoteca se van desviando unos eurilos para el traje blanco, así, como quien no quiere la cosa. Así que se me están dando unas situaciones de lo más incómodas donde se habla de un momento denominado como:"cuando te cases". Momento ejemplo número 1 Reparto: Señor X hace de sí mismo. Lileth hace de "estoy haciendo la maleta". Mamá de Lileth hace de comercial de Pronovias. Titi de Lileth hace de "yo pasaba por aquí". Titi:- Me he enterado de que ya te están regalando cosas. Lileth:- ¿Si? No... Yo no me he enterado por lo menos. Titi: sí, la tita dice que te regala la vitro.... Mamá de lileth: Noooo.... buenooo, pero eso ...

Voy de comunión (Crónica inicial)

Mi sobrino hizo la comunión ayer en la capilla de su colegio. Sí, mi sobrino, el ingeniero de gomas . Casi una hora antes del inicio previsto estábamos ya ocupando el asiento de la capilla del colegio, con un cartelito donde ponía que eso era para nosotros. Mi vestido-joya y yo habíamos tenido muchas dificultades en llegar, sobre todo por ese corte estrechito en la parte de la falda que me hizo llegar al colegio con pasitos de geisha. Veinte minutos más tarde de la hora prevista mi chiqui avanza el primero, al lado de una niña vestida de blanco, muy formalito y con cara de feliz, mirando al frente. Qué guapo es, cómo mejora la especie, me quedé pensando. La ceremonia fue larga y pesada, como todas, amenizada por un coro que, al menos, no desafinaba. Al nene de la comunión lo atisbé brevemente a ratos entre las cabezas del personal. Mi sobrina mayor, en plena explosión adolescente, y con un modelito del Berska, ponía cara de hastío como corresponde con su edad... Curiosamente hace cuatr...

Querida persiana:

Querida persiana: De entre todas las cosas de mi casa onubense, por las mañanas eres la que más echo de menos. Aquí, en Canarias, las persianas sois objetos raros, sustituídos por pesadas cortinas en el mejor de los casos y por estores semitransparentes en el peor de ellos. Mi habitación en la residencia tiene una persianilla de tiras, de esas de las de oficina que, aunque me esfuerce en ponerla con sus láminas ajustaditas, al amanecer apenas consigue tamizar la luz que entra de la calle. Los fines de semana, como hoy, son los días en que más te recuerdo, querida persiana, pues aquí, con mi persianilla de tirillas metálicas, amanece también a las siete de la mañana. Por eso disfruto de los fines de semana nublados que me ofrecen una pequeña tregua al exceso de sol. Que sepas, querida persiana que, aun estando lejos, pienso en tí a menudo.

Con la familia al teléfono

Cuando estoy en casa y no estoy sola, normalmente, nunca cojo el teléfono. Porque nunca es para mí. Quien se quiere poner en contacto conmigo ya sabe cómo localizarme: Por el messenger o por el móvil. Así es la cosa. Tanto que si paso unos cuantos días sin abrir el messenger (que suele estar abierto perpetuamente con mensajes de "no estoy", "he salido", "estoy estudiando"...) en mi móvil empiezo a recibir llamadas y mensajes preguntando por mi salud. Esta mañana, mi madre sale un momento a hacer un recado. No pasan ni diez minutos y el teléfono comienza a repiquetear. Es una de mis tías, preguntando por mi madre, evidentemente. Tenemos un rato de charla agradable hasta que me suelta la frase del día: - Y bueno, qué ¿Te estás divirtiendo por Canarias? Me quedo un tanto parada y completamente muda ante la pregunta. Pasan al menos diez segundos hasta que puedo contestar: - Es que verás, tampoco estoy allí de vacaciones, ¿sabes? Trabajo, madrugo y cambio de lu...

Comunismo de andar por casa

Mi novio, que va camino de convertirse en alguien muy sabio me dice que es muy fácil ser comunista con los bienes ajenos. Y me da que tiene mucha razón. En mi casa,a veces, hay un curioso concepto de la propiedad privada. El año pasado, cuando volví en navidad, me encontré con que me faltaban un bolso, gafas de sol, cinturones y otras varias cosas. Pregunté extrañadas por ellas y mi hermana se las había llevado a su casa, para su uso personal y disfrute, como quien va de tiendas pero evidentemente sin pagar. Tuve que reclamar para recuperar mis cosas porque, desde el punto de vista familiar, como no me las había llevado (a Canarias), pensaron que ya no los quería. Lógico; lógico cabreo el que me cogí, claro. Hace cosa de tres veranos, quizá más, mi madre se compró dos pares de sandalias, una imitando serpiente en turquesa y otra imitando ante en rojo. Las dos una auténtica monada. Pero había un problema: las turquesa resultaron demasiado altas y las rojas demasiado poco ponibles, así q...