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El clavo que sobresale siempre es amartillado

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Se llamaba como una virgen mexicana porque su madre, angustiada durante el parto, se encomendó a esa figura que ni siquiera había tenido tradición familiar. Un vez acabado el parto, que parece que no fue sino un parto normal vivido por una primeriza, le puso a la niña el nombre de la virgen nunca antes nombrada dejando a toda la familia con la boca abierta. Cuando yo la conocí tenía quince años, un pelo castaño que le llegaba por la cintura, el mejor conjunto de la colección de Mango de aquel año, y una personalidad arrolladora. ¿Cómo olvidar esta colección de ropa?   Recuerdo que me compré la misma falda que ella en cuanto pude pero que al enseñarla en casa mi padre me mandó directa a la tienda con la falda y cinco mil pesetas más en forma de soborno "para que te compres algo con más tela". Mi amiga esta del insti, aunque no llegamos a ser íntimas, era guay. Lo guay que se puede ser a los quince, ya me entendéis, pero al menos destacaba por encima de esa ...

Grandes ventajas e inconvenientes de ser la última mujer del mundo en tener un hijo

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Cuando mis hermanos decidieron tener hijos fue todo bastante guay. Mi primera sobrina me pilló con 16 años, y me parecía lo más parecido a un juguete cuquísimo pero vivo. Cuando se me meaba encima también me parecía cuqui. A mi los críos me encantan. Cuando se me agarró llorando histérica la primera vez que la llevé a la guardería y la maestra, monitora o lo que fuera me la arrancó de los brazos empecé a intuir que lo de los niños tiene un reverso oscuro horrible. La última de mis amigas íntimas ha tenido un bebé, le ha puesto mi nombre y me tira pullitas cargadas de envidia de color verde haciendo referencia a mi verano loco de mujer sin hijos, esto es, playa sin horarios, cenas sin horarios, salidas sin horarios... Cuando quedar con las amigas de siempre o la familia implica llevar a un menor de edad (mi sobrina mayor ya estudia en la universidad...) ves, desde esa sapiencia salomónica que da ver las cosas desde fuera, que tú lo tienes todo más que controlado. Desventajas d...

El curioso mundo de las Youtubers (I): Las mujeres que odiaban el agua

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Yo delante de una cámara hablándole al vacío me sentiría ridícula. Partamos de ahí. Diferente es tener en cuenta eso de hablar sola, esas medio broncas que me echo a las ocho en el ascensor cuando compruebo que he combinado la ropa como el culo. Yo, hablando sola, me veo ridícula. Así que vaya por delante mi admiración a las chicas (como mis compañeras de ItHuelva ) que son capaces de soltarle el rollo a la cámara, pasarse horas editando y luego subirlo a internet para que después todos nos creamos con el derecho de dar una opinión más o menos bienintencionada. PERO. Hace ya como ocho años (pasa el tiempo que da miedo), estuve trabajando en un pueblo que se me antojaba aislado, pequeño y retrógrado. Luego trabajé en otros sitios y puedo comparar, así que ahora solamente lo considero aislado y retrógrado. Como decía, en ese pueblo, me comentaban mis alumnas de secundaria que jamás de los jamases habían visto un pelo tan bonito y cuidado como el mío(nunca destaqué por mi ...

Agujeros de un jersey azul, que protege de la lluvia

Me enseñaste a conducir. Sentada en un cojín, asomando apenas la nariz por encima del volante. Pero metiendo marchas. Levantando el pie antes de entrar en las curvas y acelerando al salir de ellas. Me apuntaste a una carrera ciclista, me pusiste el dorsal y me animaste a participar, aunque yo aún iba en triciclo. Me enseñaste que en la vida hay buenos. Y malos. Y ni buenos ni malos. Y que en las guerras no gana nunca nadie. Y me terminabas perdonando cuando me portaba mal. A que vivir en paz con uno mismo era lo mejor del mundo, independientemente de lo que pensase el resto. Me enseñaste a adorar los sábados, los domingos. El jabón. Los disfraces de carnaval. Me animaste a tomar decisiones, incluso antes que hablar. A respetarme como persona. A que si algo me gusta pues me gusta y punto, y que le den a los demás. A disfrutar de Sinatra. A que me pueden gustar cosas que a los demás no. Me enseñaste que llevar sombrero es guay. Me enseñaste que un esfuerzo detrás de otr...

Marica

No recuerdo el momento en el que supe que me gustaban los chicos. Qué gran revelación. Desde entonces lo he tenido clarísimo. Me gustan los hombres aunque oye, no todos. Con el tiempo supe que eso se llamaba ser heterosexual y que, en mi sociedad, eso era lo mismo que nacer con una flor en el culo. Correcto, deseable, esperable. Una bicoca. Y, a veces, además de gustarme los chicos también hablo por los codos. Con esa verborrea que luego me hace pensar eso de "oye, me he pasado, soy una plasta". Pero mira, qué cosas. Que no se elige cómo se nace. Este año, mi clase de angelitos traviesos tiene un par de elementos de esos que metía en el maletero del coche para llevármelos a casa. Uno de ellos, mi pequeño P, habla por los codos. Y sí, tengo a compañeros que eso les molesta, pero yo voy a P, le digo que es un bicho, que deje descanso a la lengua, que le voy a pegar un bocao que lo dejo sin nariz y a ver cómo le explicamos eso a la madre, y que porfi, que intente estar ca...

Yo

Yo... Lloro con el final de Pocahontas. Mucho. Desconsoladamente. Tengo una memoria terriblemente buena para el dolor; no es que no perdone, es que lo que me hiciste sigue ahí. Me enamoré hace diecisiete años, y ahí sigo. Necesito estar sola, con demasiada frecuencia. Disfruto de estar sola. Amo a mis sobrinos. No todos carnales, todos under my skin. Siento que en la vida hago las cosas a destiempo. Suelo tener pesadillas. Casi todos los días. La última fue de fantasmas. Disfruto con una tormenta. Disfruto con la lluvia. Intentó respetar, cada día más, cada día mejor. Y llevo fatal que no me respeten. Me planteo qué hubiera sido de mi vida si hubiese seguido mi verdadera vocación. Difícilmente te voy a contar lo que me preocupa. Soy querida. Odió el flamenqueo, la Semana Santa, las romerías, ir al Rocío a hacer el parípé. Soy una Andaluza de libro. Florezco en primavera. Canto en la ducha. Odio los días de invierno soleados. Soy tenaz. Mucho. Demasiado. Me como la no...

Mierda de lunes, lunes de mierda

Lo peor que llevo este curso son las tutorías con los padres. Palabrita. Algo que siempre me ha emocionado este año me estresa, me agobia y me da una sensación de pérdida de tiempo que se me traduce en una mala ostia los lunes de antología. Y es que no puede ser que, por norma, eche tres cuartos de hora fuera de mi horario para atender tonterías. Sí, señores, tonterías. Que quien me conoce como profesional sabe que computo horas a la semana en atención a los padres, fuera de mi horario. Vaya, que si un niño ha tosido más de la cuenta me paro a la salida y el padre va a casa sabiendo que el niño ha pasado mal la semana. Que si he detectado el martes que el niño lleva fatal la resta y hay que reforzar en casa lo digo a las dos, sobre la marcha, en vez de citar a tutoría para el lunes siguiente (cuando el nene, a lo peor, ya se me ha descolgado irremediablemente del tema resta). Pero lo que vivo los lunes es surrealista. A principios de curso detecto que mis alumnos eso de...