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Hoy es once de septiembre

En mi clase de este año hay veintinueve niños de entre siete años y medio y ocho. Veintinueve. Gracias, Wert, me cago en tu madre. Tener a una clase con tanto niño tiene muchas ventajas: - Paseo tanto atendiendo a niños que voy a bajar un par de kilos sin darme cuenta. - Mi alumna especial, esa que necesitaría mucha atención, se va a adaptar pronto al mundo real, donde somos ignorados, en el mejor de los casos, tanto por la autoridad como por los dirigentes. Gracias, Wert, me cago en tu madre. - Voy a aumentar mis defensas mucho. Los peques son besucones. Y la maestra también. - A un ritmo de tropecientas anécdotas al día, el material para el blog va a ser abundante y de calidad. Hoy he puesto en la pizarra la fecha. Jueves, 11 de septiembre de 2014 - Hoy es un día "histórico" importante, once de septiembre... ¿A alguien le suena la fecha? Miro a veintinueve caritas, algunas mofletudas, que se encogen de hombros, me sacan el labio inferior o pasan de mi mie...

Haciendo amigos: Primer día de cole

Tengo la lengua larga como la suela de un zapato, como un matasuegras findeañero, como un lunes de septiembre. A ver quién me mandaría a mi dejar de lado mi naturaleza antisocial y hacerme la agradable con una nueva compañera. Espero que se le olvide el incidente. O que me perdone. Este año somos muchos maestros en mi cole. Más que el año pasado, que ya es decir. Un compañero, que estaba conmigo en la Universidad, me presenta a una de las nuevas chicas. Mona, agradable, simpática... Me cuenta que ha dejado a su nene con la suegra. - Ah, ¿Qué tiempo tiene? - Casi tres años. ¿Tienes hijos? - Mmm no, no... Aún no me he puesto a ello. - Bueno, mujer, tienes tiempo. - Bueno, no tanto, con la edad no me puedo columpiar, ya sabes... - Sí, perfectamente, yo me quiero poner a por otro ya, que el tiempo se me pasa... - ¿Ves? Claro, si ya me entiendes... Como somos más o menos de la misma quinta... - Claro, tenemos más o menos la misma edad. ¿Qué edad tienes tú? Yo 29, hago 30 en uno...

De lo que me vine a enterar

Érase una vez un niño que quería ser camarero. Quería atender a la gente en las mesas, cuando se toma uno algo al caer la tarde en verano. Poner una Fanta, una caña, y a lo mejor unas bravas. Llevar un pantalón negro y una camisa blanca. Eso es lo que pedía el niño a la vida. Los padres del niño querían que estudiase. Para tener un futuro, decían. Así que estaban muy contentos cada vez que la maestra le daba sus notas, esas de todo notable, y algún sobresaliente. Esas notas que prometían un camarero, ingeniero, maestro o astronauta. Con las calores de junio me entero que el aprendiz de camarero se va a pasar el verano en pueblitobueno, y su madre me dice que sí... Mirando por la ventana me dicen que van a cerrar la casa. El futuro camarero me ha hablado del cachito de tierra de sus padres, herencia de un tío abuelo humilde, con una chabolita y un huertito donde nacen unas berenjenas que quitan el sentido. Los fríos de este julio atípico me arropan de noche mientras cotille...

¿Qué inútil hace las entrevistas de personal?

Érase una vez una tienda famosa en Huelva por la mala atención al cliente de sus dueños. Suerte que los productos se vendían solos. Esa cadena de comercios decidió montar una sucursal, no una franquicia, que se fue a pique por varias razones, entre ellas el caos que llegó a suponer entrar en esa tienda desordenada (Demasiado grande, poco personal, personal muy vago) y siempre caótica. El producto, sin embargo, se vendía solo. Hace unos días fui con una amiga a conocer la nueva tienda de esta cadena en Huelva. Pequeña, angosta, con poco producto expuesto (y mira que si lo ves se vende solo). Esperando en la caja para pagar, la clienta que va delante nuestra pregunta: - ¿Qué día comienzan las rebajas? A lo que una empleada mal arreglada, de mediana edad y con expresión de chupar limones responde: - Eso si hay, ¿no? Con la de gente capacitada que hay en las listas del paro. Con la de gente que hay.

Mirando atrás

Ahora que voy llegando al final y echo la vista atrás me doy cuenta de que he tenido uno de los cursos académicos más intensos de mi vida. Tanto como alumna como en mi papel de docente. Hoy es mi primer día de trabajo sin chicos y al ver la clase tan vacía he recordado las risas que me he echado con ellos, los momentos de duro trabajo (que aseguro que han sido muchos) y esas veces en las que he tenido que sacar el látigo para domarlos. Pero mi misión esta conseguida. La totalidad de mis chicos se va al instituto, inicia una etapa nueva y deja atrás una parte importante de la infancia. Ellos han llorado muchísimo, pero a mi me gusta pensar que es bueno seguir el curso natural de la vida. Es lo deseable. Ha sido un curso especial. Yo, que nunca quise hablar de la crisis al comienzo, veo cómo me limita mi vida personal y profesional. La mía y la de mis alumnos. Y eso se ha ido agudizando con el paso de los meses. Se ha agudizado el hambre, el ingenio, la miseria que no se ve a simple ...

El concepto de vejez

Mis alumnos, de once años, tienen un concepto peculiar de la vejez. Vieja es aquella persona que parece vieja. Punto. Pese a que ya estoy teniendo esos momentos mentales de despiste tremendo que me llamaban tanto la atención en mis profesoras, mis alumnos aún no me consideran vieja. Lo suficiente para tenerme algo de respeto y punto. Me reconforta pensar en eso cada vez que mi madre me recuerda, al mandarle un artístico selfie vía guasap, que se me está arrugando el cuello. Ni con los filtros de la Isasaweis se le escapa a la tía, menudo ojo. Este curso, antes de que la pizarra digital de miles de euros se me fuera al peo, estuve trabajando con los chavales a Goya. Sin censuras; incluso la serie negra. Como el cotilleo mola mucho a la sección de alumnado que se traga todas las tardes el Sálvame, comenté el supuesto affaire de Goya y la Duquesa de Alba, hasta que me veo a una que me está poniendo una tremenda cara de susto. - Dime- le digo a la chiquilla espantada. -  ¿La D...

Cualquier día me parten la cara

Tengo una amiga a la que veo muy poco. Pero es amiga de esa que te llama y lloráis juntas contando las penas. Ese es el nivel. Comparto con mi amiga la desgracia de contar con una lengua viperina que, en ocasiones, va por otro lado aparte de lo que el sentido común dicta. Tal es así que una de sus frases es: - Lileth, cualquier día voy a soltar una que me van a partir la cara. Pues hoy, entegando las notas en el cole la he tenido todo el rato en mente porque, además de que mi amiga también estaba hoy repartiendo notas a un colegio a muchos kilómetros de distancia, he pensado que un día de estos alguien va a tomarse a mal lo que le suelte y me va a partir la cara. En mi cole se intentan hacer las cosas bien. Y mandamos nota a papi y mami para que sepan todo lo concerniente a lo que les interesa del cole. Por ejemplo, hace una semana justa se repartió un papelito donde se decía que hoy, de tal a tal hora, vamos a repartir suspensos como panes (las notas). Además de eso, tenie...