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Las cabritas valientes no temen a la lluvia

Yo me equivoqué de profesión. De pleno. Porque siempre tuve muy claro que lo mío era el periodismo. Me acuerdo, de pequeña, que escribía periódicos en casa con una Olivetti color celeste que pesaba un quintal, dando a las noticias de los acontecimientos familiares ese toque que aún hoy tengo. Y cuando llegó el momento de elegir profesión pues no luché por lo que de verdad me gustaba y pienso que se me hubiese dado bien. Pero seguí la corriente. Sí. Me hubiese gustado contar cómo se desborda un río metida hasta las rodillas en agua, micrófono en mano. Sí, me hubiese gustado ser la que haga la pregunta incómoda en una rueda de prensa. La que escribe la columna de opinión del dominical. Esa me hubiera gustado ser. Y soy maestra. En mi clase hay una cabrita loca. Yo la llamo así y cuando se lo digo viene con un: - Ven p'acá, cabrita loca, que me tienes harta- Y le doy un beso, y le digo que se siente y se porte bien. Y me hace caso una media hora. El sobrenombre se lo pu...

Mi alumno, el raro

Todos conocemos a alguien que es muy raro. - Ains, oye, Fulanito, qué raro es.- Decimos. Pues bien, quizá os suene raro pero ese adulto raro que conocéis, de niño, era también un raro. Quiero decir, uno no es un niño normal, feliz de mancharse los pantalones tirándose al suelo en la plaza y sufre una metamorfosis durante la adolescencia que los convierte en el adulto raro que tenéis en la familia, o como compañero de trabajo. El raro nace, no se hace. Y yo, señores, tengo un niño raro en mi clase. Reflexionaba yo, idealizando, acerca de esto durante el verano pasado (verano que me he tirado poniéndome morena en la playa, bañándome en el mar y lamiendo mis heridas como he podido, mal que le pese a algunos), e intentaba autoconvencerme de que no hay niños raros, y tal. Pues el diez de septiembre, cinco minutos antes de las nueve de la mañana, mi alumno vino a dejarme claro que el sobrenombre que le tengo puesto no es nada despectivo, sino justo y acertado. Para mi alivio, t...

Es de bien nacidos ser agradecidos

Hoy una compañera de trabajo me ha preguntado si tengo hijos. Luego, la edad. Luego me ha puesto cara de pena. Yo he levantado una ceja. Acto seguido me ha dicho con la mano en el pecho que no me agobie, porque alguien que conoce tuvo hijos a los cuarenta. Hijos sanos, me aclaró. Gracias por tu apoyo. De verdad. ZORRA.

Mamá gallina no te quiso (desde el principio)

Vamos a partir de que mi cole (este en el que es el cuarto año en que trabajo) es guay. Guay de los que molan. Guay de los que te dejan organizar todo tipo de cosas pedagógicas y lúdicas y en vez de problemas te dan facilidades. Y no hacen preguntas cuando te ven saliendo con 28 chavales a ver un eclipse de sol. Y guay de los que te sueltan una clase complicada a voz de "hemos pensado en ti, sabemos que eres la ideal para esto" y te hacen un encarguito. Así que cuando me soltaron la clase de Doña Pellizquitos puse todo de mi parte. Doña Pellizquitos tiene ocho años, una piel que enamora y fascinación por las princesas Disney. Su favorita es La bella durmiente, por estética, pero las canciones de La bella y la bestia le gustan mucho, mucho, mucho. Tampoco le hace ascos a Frozen, pero la sacas del "Libre soy" y pasa un poco. Doña Pellizquitos tiene la piel delicada (y es tremendamente presumida), así que cuando yo me echo crema de manos le tengo que echar ...

Dress code de boda para Dummies (O cómo saber qué te pones para ir a una boda si eres un inútil del estilismo)

Yo el otro día fui de boda. Que la boda fuera entre dos chicos y me tocara sentarme en la mesa homófoba es otra historia que algún día tengo que contar. Pero iba vestida divinamente. Tanto que un grupo de invitados me montó un club de fans porque "te he visto en la tele, en un progama de cante o de modas" y cuando lo negué pensaron que la estrella quería pasar desapercibida. Modas, en plural. Y prometo que mi sofisticación era de muchas temporadas atrás de Zara, Uterque, y Membur. Nada nuevo bajo el sol. En la boda hice muchas fotos y si bien posé con mi tocado prestado en algunas de ellas, la mayor parte tuvo como objetivo plasmar los estilismos ajenos y mandárselos a mis amigas en un grupo de guasap. Ellas hacían la croqueta, mientras que yo no salía de mi estupor. De toda la sabiduría que acumulé ese día nace este post (los lectores avispados pueden hacer la interpretación entre líneas e intuir mi sufrimiento). - Si eres un hombre, y se te ven los dedos de los ...

El clavo que sobresale siempre es amartillado

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Se llamaba como una virgen mexicana porque su madre, angustiada durante el parto, se encomendó a esa figura que ni siquiera había tenido tradición familiar. Un vez acabado el parto, que parece que no fue sino un parto normal vivido por una primeriza, le puso a la niña el nombre de la virgen nunca antes nombrada dejando a toda la familia con la boca abierta. Cuando yo la conocí tenía quince años, un pelo castaño que le llegaba por la cintura, el mejor conjunto de la colección de Mango de aquel año, y una personalidad arrolladora. ¿Cómo olvidar esta colección de ropa?   Recuerdo que me compré la misma falda que ella en cuanto pude pero que al enseñarla en casa mi padre me mandó directa a la tienda con la falda y cinco mil pesetas más en forma de soborno "para que te compres algo con más tela". Mi amiga esta del insti, aunque no llegamos a ser íntimas, era guay. Lo guay que se puede ser a los quince, ya me entendéis, pero al menos destacaba por encima de esa ...

Grandes ventajas e inconvenientes de ser la última mujer del mundo en tener un hijo

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Cuando mis hermanos decidieron tener hijos fue todo bastante guay. Mi primera sobrina me pilló con 16 años, y me parecía lo más parecido a un juguete cuquísimo pero vivo. Cuando se me meaba encima también me parecía cuqui. A mi los críos me encantan. Cuando se me agarró llorando histérica la primera vez que la llevé a la guardería y la maestra, monitora o lo que fuera me la arrancó de los brazos empecé a intuir que lo de los niños tiene un reverso oscuro horrible. La última de mis amigas íntimas ha tenido un bebé, le ha puesto mi nombre y me tira pullitas cargadas de envidia de color verde haciendo referencia a mi verano loco de mujer sin hijos, esto es, playa sin horarios, cenas sin horarios, salidas sin horarios... Cuando quedar con las amigas de siempre o la familia implica llevar a un menor de edad (mi sobrina mayor ya estudia en la universidad...) ves, desde esa sapiencia salomónica que da ver las cosas desde fuera, que tú lo tienes todo más que controlado. Desventajas d...