Las cabritas valientes no temen a la lluvia
Yo me equivoqué de profesión. De pleno. Porque siempre tuve muy claro que lo mío era el periodismo. Me acuerdo, de pequeña, que escribía periódicos en casa con una Olivetti color celeste que pesaba un quintal, dando a las noticias de los acontecimientos familiares ese toque que aún hoy tengo. Y cuando llegó el momento de elegir profesión pues no luché por lo que de verdad me gustaba y pienso que se me hubiese dado bien. Pero seguí la corriente. Sí. Me hubiese gustado contar cómo se desborda un río metida hasta las rodillas en agua, micrófono en mano. Sí, me hubiese gustado ser la que haga la pregunta incómoda en una rueda de prensa. La que escribe la columna de opinión del dominical. Esa me hubiera gustado ser. Y soy maestra. En mi clase hay una cabrita loca. Yo la llamo así y cuando se lo digo viene con un: - Ven p'acá, cabrita loca, que me tienes harta- Y le doy un beso, y le digo que se siente y se porte bien. Y me hace caso una media hora. El sobrenombre se lo pu...