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Este año, vuelta a la juventud

Después de que el curso pasado me lo pasase curándome del espanto de los dos cursos anteriores y comenzando (¡por fin!) el proyecto largamente aplazado de aprender inglés, llegó la hora de retomar los estudios. En plan serio, me refiero. Y es que las reglas del juego han cambiado y ahora mi B1 de francés no es suficiente, así que me he decidido a retomar este idioma y me matriculé en cuarto de francés en la EOI. Y de segundo de inglés, ya que me gustó tanto el curso pasado. Allá por comienzos de julio, delante de una merienda de esas de El Corte Inglés, mi madre me pregunta por la posibilidad de terminar esa licenciatura que tengo a pocas asignaturas de terminar en la UNED... Y me pica el gusanillo ella, y me anima el marido... Y heme aquí con seis maravillosas asignaturas de Pedagogía en mi plan de estudios. Estudiando. Feliz por ello. Aparte de que evidentemente he tenido que sacrificar buena parte de mis momentos de ocio me encuentro que, cuando lo comento con mi entorno, ...

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Siempre pensé que la cualidad que más admiraba en el ser humano era la sinceridad. Y lo digo en pasado. Porque me he dado cuenta de que si bien valoro muchísimo poder confiar en que lo que sale de boca de otra persona es verdad verdadera, mi escala real de valores va por otro lado. Después, reflexionando, pensé que lo que más valoraba de alguien es la actitud frente al trabajo, la responsabilidad, el esfuerzo... Y sí pero no. Definitivamente lo que valoro de los demás, lo que pienso que es más importante, es la bondad. Veamos un ejemplo. En el cole en el que trabajo desde el curso pasado el profesorado se caracteriza por la sensibilidad hacia el alumnado. Teniendo en cuenta que trabajamos con menores, algunos con serios problemas sociales, mentales, de salud física o todo a la vez, la implicación del profesorado es fundamental para que la acción educativa con los nenes llegue a buen término. Este curso tenemos personal nuevo.  Entre las nuevas incorporaciones hay un alumno cuyo gra...

Esa cosa rara, a la que llaman tiempo

Tengo una amiga que ha puesto un bar. Con unos socios. Y le va bastante bien. Resulta que la despidieron de su anterior trabajo y, a través de unos contactos, se enteró de que buscaban gente para montar algo y se arriesgó. Se arriesgó ella y arriesgó todo su dinero. Una valiente. Quizá con lo que no contaba, supongo, fue con los horarios tan puñeteros que tiene la hostelería cuando eres parte del negocio, no un asalariado sin más. Así que me comentaba hace poco, aflijida, que su vida se reducía a comer, dormir y trabajar. - Toma, como la mía, si le añades estudiar.- Respondí yo. Entre la crisis que se alarga como un chicle pegajoso y que me he puesto a estudiar como si no hubiese mañana tengo los días dedicados a estar en casa y poner mi culo de la 36-38 (sí, he seguido adelgazando) a reposar sobre la silla de estudio. Estuve unos cuantos días preguntándome si es que yo le pido poco a la vida o es que otra gente le pide mucho. Ojo, no es que lo único que haga sea estudiar. Le...

Libre de pecado

Tengo la suerte de estar este curso trabajando en el mismo colegio del curso pasado. ¿Os imagináis un trabajo a cinco minutos de reloj de casa donde te sientes a gusto y valorado, donde se fomenta tu creatividad y donde tus aportaciones son un valor añadido a las iniciativas de tus compañeros? En esas ando. Este curso, a mis chicos del año pasado se me han unido tres nuevas almas. Un repetidor desmotivado y una pareja de hijos de la emigración por la crisis. Buenos fichajes de comportamiento y actitud excelentes.  Con este buen ambiente, ya hemos hecho la primera excursión de la temporada. Cerquita. Cultural. Que nos salga barata y aprovechemos los recursos que ofrecen gratis instituciones culturales, porque la crisis ya entró de lleno en mi clase y dos tristes euros son un desembolso muy importante. Así que allí nos plantamos, tres maestras y cincuenta niños. En la capital. En esa Huelva que tan mala prensa tiene por su polo químico, la ministra de economía de tan buenas...

Yo no era curvy, yo estaba gorda

De un tiempo a esta parte está muy de moda usar ciertos eufemismos. Una persona no es vieja, es anciana; no envejeces, maduras. No estás gorda, eres una chica con curvas. ¿Perdoooooona?  Siempre he sido una chica con curvas. Mi constitución es muy femenina y, desde los trece años, luzco un cuerpo con una formas muy rotundas. Mi peso siempre estuvo en torno a los 52 o 53 kilos. Y tenía curvas. Y midiendo 163cm puedo asegurar que estaba de todo, menos gorda. ¿El concepto hasta aquí queda claro? Curvas no es lo mismo que tener sobrepeso. Mi peso osciló siempre entre los 47kg de cuando estuve demasiado delgada (involuntariamente) hasta los 57 de verme gordísima. Pero hace once años la historia cambió. De llevar una vida naturalmente activa de juventud, pasé a estar sentada muchas horas al día estudiando oposiciones. Muchas. Salía de una experiencia laboral horrible y aleccionadora, donde aprendí que la jornada partida no iba conmigo y que la posibilidad de trabajar ...

Los años perdidos

Para un maestro, al menos para los maestros con los que me he codeado y me codeo, un curso escolar es una oportunidad de aprendizaje profesional. Nuestro trabajo tiene unos ciclos muy marcados, con planificaciones al principio y evaluaciones de nuestro propio trabajo al final. Un trabajo que se presta mucho a reflexionar y, por tanto, a aprender. Y aprendemos de todo. Del directo con los alumnos, con personas que cambian, que te suponen un reto solamente por el hecho de ser diferentes y únicos. Las situaciones cotidianas, tan similares a las de todos los cursos y tan diferentes a la vez, que te hacen replantearte tu forma de hacer las cosas, hacer pequeñas adaptaciones para que todo funcione bien. De compañeros, de los que vas cogiendo esas cosas que ves, que funcionan, que te gustan... Hasta que las haces tuyas y las usas. Una metodología, una forma de usar la mano izquierda con los alumnos conflictivos, una ficha de registro de la habilidad lectora... De Los proyectos. Esos que pones...

Óscar

Yo fui al instituto del barrio. Cerquita, nuevo, grande. Empecé primero de BUP en una clase donde no conocía a casi nadie, un año en que las mallas de colores eran lo más de lo más y quien tenía un radiocasete de doble pletina tenía un tesoro. Principios de los noventa, un horror de estilismos. De todas las clases que había de primero de BUP, Óscar cayó en la mía. Era alto y desgarbado, vestía  siempre de negro con camiseta de grupos musicales y tenía el pelo, negro negrísimo, de punta. Ah, y era jevi hasta la médula.  En el pasillo de mi clase había unos huecos donde nos metíamos varios alumnos. Una chica alta de larguísimo pelo rubio que tapaba su tremendo acné con capas y capas de maquillaje, una barbie de rizos teñidos que había repetido como mil veces y que usaba unos minishorts minúsculos y una chica muy gorda que era la más guapa con diferencia pero que no tenía ni idea de ello, y Óscar con sus camisetas de calaveras. Poníamos Guns and roses con un walkman y hablábamos ...